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Zunzunegui durante la entrevistaVictoria Weil

Zunzunegui: «Antes de Hernán Cortés no hay México»

El historiador mexicano atribuye al nacionalismo del siglo XX el relato de la opresión española en un encuentro organizado por la Fundación Unidos por la Historia en el Auditorio de la Fundación Rafael del Pino

La figura de Hernán Cortés volvió a convertirse en protagonista en pleno debate sobre la memoria histórica entre España y México. Semanas después de la polémica surgida durante el viaje institucional de Isabel Díaz Ayuso a México —marcado por las referencias a la herencia española y por el renovado interés sobre el paradero y la memoria de los restos del conquistador extremeño—, el personaje regresó al centro de la discusión durante la presentación del nuevo libro del historiador y doctor en Humanidades Juan Miguel Zunzunegui.

Bajo el título Hernán Cortés. Encuentro y conquista, el autor mexicano reivindica la figura del que considera «el hombre más grande que ha dado España». En este coloquio junto a la presidenta de la Fundación Unidos por la Historia Beatriz Paredes, Zunzunegui recorrió desde los orígenes del conquistador extremeño hasta el mestizaje que, a su juicio, dio lugar al nacimiento de México, pasando por una crítica abierta al nacionalismo mexicano contemporáneo y una defensa de la herencia hispánica como origen de la identidad mexicana.

Paredes abrió el encuentro advirtiendo de que al «reinterpretar» figuras como la de Hernán Cortés, no solo «se discute el pasado». «Se disputa algo mucho más profundo: nuestra identidad, nuestra memoria y nuestra manera de comprender quiénes somos», afirmó.

Asimismo, antes de dar paso al autor de la biografía del conquistador español, sostuvo que «México empezó a construirse tras la llegada de los españoles» y lamentó que la relación entre ambos países siga atrapada en debates simbólicos y agravios históricos. «Da la sensación de que nada es suficiente», señaló en referencia a los intentos de acercamiento por parte de España hacia México.

Un hombre intelectual que generó la idea de mestizaje

Durante su intervención, el historiador mexicano planteó desde el principio una mirada distinta al relato oficial que existe en México sobre la figura de Hernán Cortés y sobre el nacimiento del país hispanoamericano.

«Hernán Cortés no era solamente un militar», afirmó. «Era un ilustrado, un universitario, un humanista». Lo presentó como un hombre formado en Salamanca, conocedor del derecho y de la tradición clásica, capaz de citar a Julio César, Alejandro Magno o Tácito en sus cartas a Carlos I.

Según Zunzunegui, esa formación intelectual explica buena parte de su éxito político en América. Cortés no solo llegó para conquistar, aseguró, sino para fundar un nuevo orden basado en alianzas y pactos con los pueblos indígenas.

Hernán Cortés, según Augusto Ferrer-DalmauAugusto Ferrer-Dalmau

El historiador situó el origen de esa visión durante la etapa caribeña del extremeño. Allí, explicó, Cortés comprendió que la supervivencia española dependía de convivir con las poblaciones nativas y abandonar el modelo de violencia permanente impulsado por otros colonizadores.

«Tenemos que aprender a vivir con esta gente. Y lo más importante: aprender a sembrar lo que ellos siembran y a comer lo que ellos comen», recordó Zunzunegui sobre la actitud del conquistador.

A partir de ahí introdujo uno de los conceptos centrales de toda la conferencia: el mestizaje. «Los españoles son producto de mil quinientos años de mezclas y cuando llegan a América hacen lo que saben hacer», aseguró. Para el escritor mexicano, esa mezcla cultural y biológica no fue un accidente histórico, sino el verdadero fundamento de la civilización hispanoamericana. «España no es la Madre Patria; es el Padre Patria. La madre es América y el hijo es México», resumió más adelante.

La narración avanzó hacia la expedición que partió desde Cuba rumbo a México. Zunzunegui recreó la mezcla de improvisación, ambición y audacia con la que Cortés organizó el viaje. «Compra todos los caballos de Cuba, compra once barcos y hasta compra barcos en el camino», relató entre risas del público. «Ya estaba convencido de que se iba a quedar», añadió.

Para Zunzunegui, Cortés fue capaz de realizar todo lo que consiguió por su espíritu aventurero, pero también por su espiritualidad: «Era un hombre tocado por Dios».

Doña Marina como la verdadera conquistadora

El historiador insistió varias veces en la debilidad material de la expedición española. «Hernán Cortés lleva trece arcabuces», recordó. «No hay manera de imponerse por la fuerza a millones de habitantes». Por eso defendió que el éxito de Cortés solo puede explicarse mediante la diplomacia y las alianzas indígenas. «No hay otra: tiene que entenderse con esa gente», dijo.

Uno de los pasajes más celebrados de la intervención fue la reivindicación de doña Marina. Zunzunegui rechazó la imagen tradicional de intérprete secundaria y la convirtió en auténtica protagonista de la conquista. En palabras del escritor mexicano «la conquistadora es doña Marina. Cortés no puede hacer nada sin Marina».

Malinche, haciendo de intérprete para Hernán Cortés

Según explicó, la joven no solo traducía idiomas, sino también mentalidades y códigos culturales. «Mientras ellos creen que están dialogando, es Marina quien le dice a cada uno lo que cada uno puede entender», sostuvo.

A partir de ahí lanzó una crítica frontal al relato nacionalista mexicano construido durante el siglo XX. «¿Traicionó a la patria? ¿Cuál patria?», preguntó sobre la Malinche. «Eso es un relato del siglo XX».

Para Zunzunegui, la idea de una nación mexicana anterior a la llegada de los españoles es una construcción posterior impulsada por los criollos y por el nacionalismo revolucionario. «Antes de Cortés no hay México», proclamó.

El encuentro entre dos mundos

El escritor insistió además en que la caída del Imperio mexica no fue una empresa exclusivamente española, sino una alianza masiva entre Cortés y numerosos pueblos indígenas sometidos por Tenochtitlan.

«¿Quién se alía con Cortés?», preguntó antes de enumerar totonacas, tlaxcaltecas, otomíes y otros pueblos enemigos de Moctezuma. «Todos los demás pueblos se alían con Cortés».

La conferencia alcanzó uno de sus momentos más intensos con la descripción del encuentro entre Cortés y Moctezuma el 8 de noviembre de 1519. «Es el verdadero encuentro de dos mundos», aseguró.

Para Zunzunegui, Cortés representaba «el mundo grecorromano reconstruido en España», mientras Moctezuma encarnaba «todo el mundo mesoamericano». Dos universos culturales distintos que acabaron por convivir.

El historiador reconstruyó la escena con tono casi cinematográfico: los guerreros mexicas cubiertos de plumas, las caracolas y tambores ceremoniales, los pétalos sobre el suelo y Moctezuma avanzando en andas «sin tocar nunca el suelo».

Cortés y Moctezuma

Frente a aquella exhibición de poder, Cortés respondió mostrando caballos, armaduras y cañones. «Hay que hacer ruido, hay que hacer que nos vean correr», resumió Zunzunegui sobre la estrategia del extremeño.

La llegada a Tenochtitlan ocupó también buena parte de su intervención. Describió la impresión que debieron sentir los españoles al contemplar los volcanes nevados, los lagos y la gran ciudad levantada sobre el agua.

«Tuvo que ser una visión alucinante», afirmó. «Están encantados y aterrorizados al mismo tiempo». Pero junto a la fascinación apareció también el horror. Zunzunegui se detuvo especialmente en los sacrificios humanos practicados por los mexicas, un asunto sobre el que habló de manera extensa y explícita.

«El sacrificio es una industria para los mexica», aseguró. Describió los rituales de extracción de corazones y defendió que la dimensión de aquellas prácticas fue minimizada durante décadas por razones ideológicas. «Siempre se dijo que era mentira para justificar la barbarie de los españoles», explicó.

Según su interpretación, ese sistema de dominación religiosa y militar fue precisamente lo que impulsó a muchos pueblos indígenas a aliarse con Cortés. «¿Podemos seguir hablando de una conquista terrible o de una liberación?», planteó. «Estos pueblos no son tontos. Si se alían con Cortés es porque deciden que eso es lo que más les conviene».

El historiador dedicó también varios minutos a la llamada Noche Triste y a la retirada española de Tenochtitlan en 1520. Recordó que Cortés «lo perdió absolutamente todo»: hombres, caballos, tesoro y buena parte de sus aliados.

Sin embargo, destacó que la alianza con Tlaxcala sobrevivió incluso después de aquella derrota. Citó entonces el recibimiento que, según las crónicas, los tlaxcaltecas dieron a Cortés tras la retirada: «'No creas, Malinche —es a Cortés a quien llaman Malinche, según explicó Zunzunegui—, que hemos venido a cobrarte la derrota. Hemos venido a llorar contigo tus pérdidas'».

Para el doctor en Humanidades, ese episodio demuestra que la empresa fue compartida desde el principio. «Toma Tenochtitlan con mil españoles y noventa y nueve mil guerreros indígenas», aseguró.

«La epopeya más grande de la historia de la humanidad»

La parte final de la conferencia derivó hacia una reflexión sobre la identidad mexicana contemporánea. El historiador sostuvo que el relato de la conquista entendido exclusivamente como opresión fue construido siglos después de los hechos.

«La idea de la conquista es un invento del siglo XX», afirmó. Según dijo, las élites políticas mexicanas impulsaron una narrativa victimista que negaba la herencia hispánica y presentaba a México como una civilización derrotada.

«Antes de Cortés no hay México», repitió. «México no nace de una conquista, sino de un encuentro muy complejo y violento».

Además, aseguró que «América completa es una civilización que empieza con él», dijo sobre Cortés. Y añadió: «Es el causante de que cientos de millones hablemos la misma lengua y tengamos una misma cosmovisión».

La conferencia concluyó con una reivindicación del mestizaje y de la herencia hispana como origen del mundo hispanoamericano. «Los españoles y los indios hicieron la epopeya más grande de la historia de la humanidad», sentenció.

Con esta declaración terminaba un acto convertido en un debate sobre identidad, memoria y relato nacional. Porque, como dejó claro Zunzunegui durante toda la tarde, discutir sobre Hernán Cortés sigue siendo, cinco siglos después, discutir sobre el origen mismo de México.