Diezmación. Grabado de William Hogarth en Castigos Militares Romanos de Beaver (1725)
Matar a uno de cada diez soldados: el castigo extremo de Roma para imponer disciplina en las legiones
Tras aplicar este castigo, Craso logró reforzar la disciplina de sus legiones. De esta manera, logró contar con «legiones totalmente fieles a él», advierte el escritor Jesús Callejo
La rebelión liderada por el gladiador Espartaco en 73-71 a. C. «sigue siendo la rebelión de esclavos con más éxito de la historia de Roma», según considera el académico Joshua J. Mark en World History Encyclopedia.
La revuelta nació tras la fuga de un grupo de gladiadores de la escuela de Capua, que preferían «correr el riesgo de la libertad en lugar de ser expuestos ante los espectadores», según recoge el historiador Apiano. A ellos se sumaron después miles de esclavos y fugitivos, hasta formar un ejército de unos 70.000 hombres. Al frente de ellos, Espartaco se enfrentó a las ocho legiones que lideraba Marco Licinio Craso, el hombre más rico de Roma.
«Para el año 71 a. C., Craso intentó sin éxito arrinconar a Espartaco en Brucio, donde su lugarteniente Mummio ignoró las órdenes de Craso y atacó abiertamente al ejército de esclavos de dos legiones; fue derrotado e incluso obligado a abandonar las armas», explica el historiador Mark Cartwright.
«Como respuesta a este revés, Craso empleó el antiguo castigo de la decimatio a una sección de 500 hombres de las fuerzas de Mummio, donde uno de cada diez legionarios fue asesinado por sus compañeros a la vista de todo el ejército», prosigue el historiador inglés.
Aquel revés sufrido por las tropas de Mummio fue una humillación para el general y político, que, a modo de castigo disciplinar, restauró la decimatio, un brutal castigo que consistía en la elección por sorteo de uno de cada diez hombres para ser ejecutado por sus propios compañeros, normalmente mediante golpes, garrotes o lapidación.
Este cruel acto servía como reprimenda pública con el propósito de infundir miedo en los soldados supervivientes: «En el mundo romano, el castigo se concebía como algo público, simbólico y destinado a disuadir a los demás», afirma el historiador Adrian Goldsworthy en el pódcast HistoryExtra.
Según explica el escritor Jesús Callejo en el pódcast Ser Historia, Craso «ve que la disciplina de sus legiones no es la adecuada y por ello restaura el castigo de la 'decimatio'». Con ello pretendía «infundir miedo a su ejército para que, cuando volvieran a pelear contra el gladiador, no hubiera ningún tipo de retroceso y se obtuviera la victoria», detalla el escritor.
Tras aplicar este castigo, Craso logró reforzar la disciplina de sus legiones. De esta manera, logró contar con «legiones totalmente fieles a él», según el escritor.
Pero Craso no fue el único que aplicó este castigo. Una de las primeras veces que se aplicó fue durante la tercera guerra samnita por parte del cónsul Apio Claudio, hacia 294 a. C. Asimismo, Suetonio, en La vida de Augusto, menciona que «si alguna cohorte rehuía la batalla, él [el emperador Augusto] la diezmaba y alimentaba a los supervivientes con cebada».
E incluso el historiador bizantino Juan Zonaras advertía del uso de la decimatio en el siglo XII: «Una vez que los soldados han cometido una falta grave, su jefe los reparte en grupos de diez, toma un soldado de cada grupo mediante sorteo, y este es condenado a muerte a manos de sus propios compañeros».
Este tipo de medidas disciplinarias contribuyeron, en parte, a labrar la reputación del Ejército romano como una de las fuerzas militares más rigurosamente organizadas y entrenadas de la historia.