Batalla entre dos legiones romanas, óleo de autor desconocido, siglo XVIII
De la legión al caballero: la revolución militar que hundió a Roma y cambió la historia
La decadencia de la infantería romana dio paso a la caballería como protagonista de la batalla
«La infantería siempre había estado defendida con la coraza y el yelmo», escribió Vegecio en el siglo IV, en Epitoma Rei Militaris (I, 20), la gran obra por excelencia sobre la disposición, táctica y ordenamiento del Ejército romano, en la que el autor critica la pérdida de las antiguas costumbres en el uso de las armas defensivas y ofensivas de la infantería romana. Se redactó en unos años complicados para Roma.
En el 378 se produce la batalla de Adrianópolis, en la que muere el emperador Valente y su ejército se dispersa en retirada. Este hecho es fundamental, ya que marcará el inicio de la caída del Imperio de Occidente, y al leer a Vegecio se descubre qué problemas y cambios a nivel militar marcaron el principio del fin.
Vegecio estuvo ligado directamente a la corte del emperador, aunque se desconoce a cuál exactamente. Algunos historiadores lo relacionan con Valentiniano I y otros con Valentiniano II, quien habría ordenado la realización del manuscrito, donde detalla las causas del deterioro militar de la infantería: «Pero cuando la negligencia y pereza hicieron menos frecuentes los ejercicios, estas armas, que nuestros soldados no llevaban más que raras veces, les parecieron muy pesadas».
Aquí Vegecio nos explica que la falta de disciplina y la reducción de los ejercicios, que antes se realizaban portando la coraza y los protectores, han debilitado al soldado romano. La infantería ya no está acostumbrada a llevar peso de forma cotidiana y eso hace débiles y vulnerables a los soldados ante cualquier ataque inesperado. No obstante, culpa a los mandos militares de permitir que una fuerza de infantería caracterizada por una excelente defensa haya quedado desprestigiada.
La caballería romana como protagonista
El modelo de las antiguas y legendarias legiones de César, que respondían como estructuras infranqueables debido a su durísimo entrenamiento y a no despojarse de su armadura ni siquiera en los desplazamientos, se había perdido en la segunda mitad del siglo IV.
El uso que hacían de yelmos y escudos durante los momentos de marcha, y las formaciones tácticas de tortuga en caso de ataque, hacían de la infantería romana un verdadero bloque, siendo prácticamente invencible ante los pueblos bárbaros. Todo esto, según Vegecio, había desaparecido.
Pero el mayor problema para el autor no solo estaba en las protecciones y armamento, sino en la mentalidad de los nuevos soldados romanos: «al exponerse el soldado en la batalla a las heridas, piense más en la fuga que en el combate», explica en su obra.
La falta de entrenamiento recto provoca las derrotas, y esto, a su vez, desmoraliza a las tropas, que ya no luchan por Roma, sino por un sueldo; así se producen deserciones o una pérdida de la mentalidad militar que definía al romano de antaño. Esto, unido a la llegada de nuevos invasores, será el preludio de un cambio en la táctica militar.
Ante la desprotección y la falta de adiestramiento de la infantería, la caballería ocupará la primera línea en la formación para evitar las derrotas y destruir a la infantería enemiga. Con ello cambiará la táctica de ataque y planteamiento de la batalla.
Este intercambio del protagonismo militar se verá más adelante y será elemento diferenciador de la Edad Media, pero comienza a dibujarse ahora, en los últimos años del siglo IV y comienzos del V.
Es un juego de equilibrios que se repite a lo largo de la historia: la decadencia de unos deja espacio para la mejora de otros. Mejora que no solo se verá reflejada militarmente, sino que producirá una innovación social con la creación de nuevos estatus que convertirán a la caballería en un nuevo pilar social, que con los años irá ganando poder.
Los soldados de caballería romanos darán paso a aquellos altos cortesanos capaces de costearse su propio caballo para combatir. Este sistema logrará llegar a la cúspide a mediados de la Edad Media con la creación de las órdenes de caballería.