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Retrato del rey Carlos II de España

Retrato del rey Carlos II de EspañaDominio Público

«Débil, imbécil y hechizado»: desmontando las 'fake news' históricas sobre Carlos II

La imagen que tenemos hoy de Carlos II fue creada por la propaganda de Luis XIV y distorsionada tiempo después por pensadores ilustrados y revolucionarios como Voltaire e intelectuales españoles del siglo XIX

En su época se le conocía como el «Deseado», pero la propaganda francesa y el desconocimiento español lo convirtieron en «el Hechizado». La imagen que tenemos hoy de Carlos II fue creada por la propaganda de Luis XIV y distorsionada tiempo después por pensadores ilustrados y revolucionarios como Voltaire e intelectuales españoles del siglo XIX.

Sin embargo, historiadores como Alberto Bravo desmienten y matizan ese mito de rex inutilis para mostrar la realidad de un soberano que «conservó prácticamente intacta la monarquía en Europa, la aumentó en América y corrigió los graves problemas económicos de Castilla, entregando a su sucesor un Estado saneado», explica. Recopilamos algunas citas que dibujaron a Carlos II como un rey enfermo, inútil y poco inteligente, y las contrastamos con la realidad histórica que hay detrás.

De la sátira a la 'fake news' del siglo XVII

El Príncipe, al parecer,
por lo endeble y patiblando,
es hijo de contrabando,
pues no se puede tener.

Este fragmento es una sátira anónima de corte popular que atacaba la salud del infante Carlos. E incluso sugiere una debilidad en las piernas que le impide sostenerse. De su infancia existen diferentes documentos algo contradictorios: algunos embajadores europeos mencionan esa debilidad del niño, pero, al mismo tiempo, las notas del médico de la corte afirman que nació con la salud propia de un niño de su tiempo. Es importante tener en cuenta que la mortalidad infantil era enorme; por ejemplo, los hermanos de Carlos II murieron muy jóvenes.

Carlos II en el Salón de los Espejos del Real Alcázar de Madrid, por Juan Carreño de Miranda (c. 1675)

Carlos II en el Salón de los Espejos del Real Alcázar de Madrid, por Juan Carreño de Miranda (c. 1675)

«Uno lee la correspondencia de Felipe IV con la monja de Ágreda. Es una correspondencia privada, no tiene por qué mentirle. Dice que el niño está perfectamente sano. Dentro de que es un niño pequeño, le salen dientes, tiene los problemas que tienen los bebés», explica el historiador Alberto Bravo durante la entrevista. Sobre su supuesta incapacidad motriz, Bravo aclara que «el rey salía en público, iba a caballo cuando recibía a los embajadores». Pero la propaganda de Luis XIV ganó la batalla en el imaginario colectivo posterior y autores ilustrados recogieron el testigo.

José Cadalso sobre el «estúpido» Carlos II

«Carlos Segundo fue el príncipe más estúpido que jamás se ha conocido: llegaron a volverle fatuo. Le hicieron creer que estaba habitado su cuerpo de muchos espíritus infernales. Le exorcizaron y le hicieron hacer tan extrañas posturas y gestos que, junto con las ceremonias del exorcismo, le acabaron de inutilizar. El gran negocio de la sucesión del trono de España, en la duda del derecho que alegaban las casas de Borbón y Austria, fue la única cosa en que acertó. Sin duda lo hizo no por talento suyo propio, pues era muy limitado, sino por inmediato influjo del que, siendo Rey de los reyes, dispone de todas las coronas».

José Cadalso

José Cadalso

El que fuera uno de los autores españoles ilustrados más importantes del siglo XVIII no se corta al decir que Carlos II era «estúpido» y «limitado» en su obra sobre la defensa de la nación española. Esto no es verdad: el monarca tuvo una formación completa en artes y ciencias y reinó con criterio propio, como explica Alberto Bravo: «Los embajadores extranjeros señalan que en muchas ocasiones el rey entendía perfectamente los asuntos y sabía dar las respuestas adecuadas cuando quería».

Aunque Cadalso acierta al decir que le realizaron exorcismos, no ofrece contexto alguno y lo enmarca en un fanatismo sobrenatural que olvida la mentalidad reinante en el siglo XVII. Esta cita de Cadalso nace de la imagen de «Hechizado» que construyó la propaganda. Respecto al «hechizo», Bravo normaliza la creencia: «Esto no era nada raro. Estamos en una sociedad creyente. Si tú crees en Dios, crees en el diablo. Luis XIV también creía en el diablo, y el emperador Leopoldo».

En concreto, Carlos II estuvo muy enfermo los últimos años de su vida y, al no encontrar cura o solución, decía de sí mismo que estaba hechizado. Los historiadores achacan su malestar a una posible infección por malaria.

Voltaire, un masón e ilustrado contra la monarquía

«Este príncipe nació tan débil de espíritu como de cuerpo, y esa debilidad se extendió a sus estados. Es la suerte de las monarquías cuya prosperidad depende del carácter de un solo hombre. Carlos II fue criado en una ignorancia tan profunda, que cuando los franceses sitiaron a Mons, creyó que esta plaza pertenecía al rey de Inglaterra. No sabía ni dónde estaba Flandes, ni lo que le pertenecía en Flandes. Este rey le dejó al duque de Anjou, nieto de Luis XIV, todos sus estados sin saber lo que le dejaba».

Voltaire en su despacho

Voltaire en su despacho

Todo revolucionario que se precie, aunque sea intelectual, necesita un chivo expiatorio. El de Voltaire era Carlos II, al que acusó de todos los males que, según el francés, provenían de las monarquías. Sin embargo, el francés se equivocaba, como ya hemos mencionado: «El rey es una persona muy culta. Entendía de música, entendía de pintura, eran temas que le fascinaban», explica Bravo.

Y, por supuesto, el rey conocía perfectamente su imperio, que durante su reinado mantuvo y expandió hacia el norte de Nueva España. El caso de Flandes que cita el ilustrado choca con la realidad histórica: «En 1685, cuando el emperador pretendió dar los Países Bajos como dote sin contar con el rey, Carlos II se enfadó mucho y se implicó de lleno en el Consejo. La respuesta manuscrita del rey fue especialmente amplia; se implicó de lleno», explica el historiador.

Cánovas y la creación del mito de Carlos «el imbécil Hechizado»

«Llamábanle el imbécil, cuando no debía llamársele sino el infeliz. La debilidad de su constitución física, los continuos achaques que ella le ocasionaba, aquel andar siempre alrededor del sepulcro, de manera que parecía que Dios no le hubiera concedido el nacer sino para que viese y llorase con sus propios ojos su muerte, había hecho decaer su espíritu, llenándole de timidez y de preocupaciones, quitándole el valor para resolver por sí mismo lo más pequeño, impidiéndole el estudio, la meditación, el trabajo y todo aquello, en fin, que podía prepararle a desempeñar continuo las obligaciones de su estado. Carlos II no puede decirse ya que vivió ni reinó; no hizo más que agonizar en el trono al tiempo mismo que agonizaba la monarquía».

Retrato del politico e historiador español Antonio Cánovas del Castillo

Retrato del politico e historiador español Antonio Cánovas del Castillo

Gran parte de la imagen actual que tenemos de Carlos II se la debemos a Cánovas del Castillo. En su La Historia de la decadencia de España desde el advenimiento de Felipe III al trono hasta la muerte de Carlos II, publicada en 1854, Cánovas se convirtió en el gran propagador del mito, porque tuvo «mucha influencia en el sistema educativo que se montó en España durante la Restauración, consolidando la imagen de un rey moribundo sobre el trono», explica el historiador Alberto Bravo. Sin embargo, Carlos II «supo mantener un imperio durante 35 años y entregó a su sucesor una monarquía saneada».

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