Auguste Guinnard
El francés que pasó tres años como esclavo de los indios patagones y contó su cautiverio en un libro único
En 1864 publicó en París el libro que contaba su experiencia y que fue traducido al español muchos años más tarde: 'Tres años de esclavitud entre los patagones' (Buenos Aires, 1944)
Aunque los españoles poseían los territorios del sur de Argentina, el dominio nunca fue efectivo porque nunca hubo población ni autoridad suficiente en el territorio de la Pampa, Patagonia o las tierras australes. Esta situación permanecía estable cuando Argentina logró la independencia.
Los dirigentes argentinos del siglo XIX entendían que mantener sin cultivo las tierras vírgenes de la Pampa era un derroche de posibilidades de progreso material. Pero necesitaban gentes para poner en marcha un gran proyecto de expansión real. Argentina estuvo siempre sumida en guerras civiles: españoles contra españoles por la independencia, argentinos contra argentinos por el poder y criollos contra pueblos originarios por el territorio.
Tras la batalla de Caseros, en 1852, y el exilio del dictador Rosas, que supuso el fin de muchos años de contiendas, los argentinos asumieron sus fronteras, eliminaron de su horizonte la anexión territorial y creyeron firmemente que el futuro estaba en lo que ya tenían. Para ello necesitaban inmigración y reparto de tierras.
Batalla de Caseros, litografía de Carlo Penuti, ca. 1852
Y se pusieron a ello los sucesores de Rosas: Alberdi, Urquiza y Sarmiento. Buscaban europeos que supieran manejar el campo y extender la civilización: transportes, escuelas, comunicaciones, justicia… Superar el gaucho libre, pero anárquico y muchas veces prófugo. Lo que Félix Luna describía como nuevo argentino: trabajador, laborioso, que entendiese de máquinas…
Pero el sur no estaba completamente deshabitado. Lo poblaban los pueblos pampa, ranquel, mapuche, tehuelche…, que se oponían. Organizaban los «malones», ataques a los nuevos asentamientos que saqueaban, robaban, esclavizaban o mataban a los hombres y se llevaban a las mujeres y a los niños. Algo parecido al oeste de Estados Unidos.
El general Roca, presidente de Argentina, organizó unas duras campañas para someter a los indios que siempre vivieron libres con los españoles. Es una historia controvertida, sometida a muchas opiniones y objeto de un debate vivo y muy interesante.
El señor Guinnard y su compañero son atacados por salvajes patagónicos de la tribu Puelche
La situación de los prisioneros tomados en esas luchas tiene un testimonio interesante de quien vivió la esclavitud, un recuerdo de primera mano de lo que había. El francés Auguste Guinnard llegó a Montevideo en 1855 y se desplazó a Argentina para tratar de hacer fortuna. Imprudente, inexperto y desorientado, en 1856 cayó en poder de los tehuelches y fue cautivo durante tres años.
En 1864 publicó en París el libro que contaba su experiencia y que fue traducido al español muchos años más tarde: Tres años de esclavitud entre los patagones (Buenos Aires, 1944). La obra refleja la mentalidad de conquista del territorio en un país nuevo, la resistencia de los locales y las dificultades que había para desplazarse en regiones sin caminos, sin mapas, sin poblaciones.
Salvar la vida era un éxito y así lo atestigua Guinnard, que, tras varios días de marcha, cayó preso de los indios nómadas que lo llevaron a su campamento. Desnudo, atado y a lomos de un caballo. Hay que señalar que las reses llevadas por los españoles y que se escaparon de estos campaban y se reproducían libremente en las tierras sin ocupar, por lo que los indios aprovecharon para tomarlas como transporte y alimentos.
El francés da importantes noticias para conocer la vida de los pueblos libres en las regiones despobladas, costumbres, religión, juegos, normas y vida. De la convivencia con los gauchos rebeldes que vivían entre dos sistemas y de los primeros ataques sistemáticos a las nuevas poblaciones. Fue vendido a los pampas y continuó el periplo por bosques y llanos.
Era un esclavo sometido a la voluntad del dueño, porque la esclavitud estaba arraigada en América igual que en cualquier otra parte del mundo y no la llevaron los españoles. El maltrato a los cautivos, el desprecio y uso sistemático de las mujeres, la asimilación forzosa de los niños, la rivalidad entre los siervos, etc. Nada nuevo.
Cambió de dueño con frecuencia y, como todo ser nacido en libertad, ideó la manera de escapar, a pesar de que había visto matar a los argentinos que lo intentaron.
Guinnard se libró de la esclavitud gracias a uno de esos cambios frecuentes en la Argentina del XIX. Urquiza había sustituido al dictador Rosas. Se enfrentó luego a los poderosos de Buenos Aires y quiso, en un primer momento, apoyarse en los pampas comandados por Calfucurá, en ese momento amo de Guinnard.
El cacique logró formar un importante ejército que puso en jaque a varios generales argentinos, a los que derrotó año tras año, rompiendo alianzas. En la confusión de la guerra, Auguste Guinnard escapó y, en esa ocasión, tuvo suerte. Casi tres semanas vagando hasta que llegó a una hacienda de Río Negro, propiedad de una familia española. Era a mediados de 1859 y, en esa época, Argentina todavía luchaba por consolidar su Estado.
La guerra, no obstante, continuó. Calfucurá murió en 1872 y, a partir de entonces, el ejército regular nacional, pobre y tan mal encuadrado como reclutado, fue mejorando. Empezaba así la conquista del desierto, la incorporación real del sur a la autoridad argentina. Y, por lo tanto, el final del poder de los pueblos nómadas, libres, refractarios al nuevo Estado.
Fotografía tomada por Antonio Pozzo del Ejército Argentino en la ribera del río Negro
Roca inició la conquista del desierto en duras campañas entre 1878 y 1885, acabando con la vida de muchos de los pampa, ranquel, mapuche y tehuelche. Para evitar los ataques de los indios a las haciendas de los colonos, se cavaron extensas zanjas que seguían el proyecto del ministro Alsina: unas trincheras anchas que impedían que los atacantes transportaran el ganado robado, al quedar atrapados los animales sin poder salir.
Todo completado con una línea de fortines, caminos y telégrafos. Casi cuatrocientos kilómetros de grieta entre el sur de Córdoba y Bahía Blanca. En ese momento fue la frontera de los pueblos nómadas. Luego se fue avanzando hacia el sur, arrinconando a los supervivientes de las campañas. Argentina tomaba posesión de su territorio excluyendo a los indios que, en ese momento, no eran nacionales porque no se sometieron a la ley y la autoridad nuevas.