La retirada de la medalla a Vallejo-Nájera, la venganza del Gobierno contra el pasado
El Consejo de Ministros aprobará este martes 7 de julio el real decreto por el que se revoca a título póstumo la Gran Cruz de Sanidad concedida a Antonio Vallejo-Nájera hace más de medio siglo
Antonio Vallejo-Nájera en una imagen de archivo
Juzgar el pasado con los ojos del presente es un error muy habitual que los políticos no solo cometen, sino que además lo convierten en doctrina. Lo que hace cinco siglos se hacía en la actualidad sería impensable. Felipe II, el rey Prudente, confinó de por vida a su hijo Carlos en un torreón del desaparecido Real Alcázar de Madrid, aquejado de una enfermedad mental fruto de la cual llegó a intentar preparar un golpe de Estado contra su padre. El infante don Carlos murió en prisión. Lo dicho.
Nuestro Gobierno ha retirado una condecoración al doctor Antonio Vallejo-Nájera. Una pataleta que sirve más para distraer al personal que para humillar al ya hace muchos años fallecido doctor Vallejo-Nájera. No puedo menos de recordar la anécdota acaecida entre el general Franco y su amigo José Millán-Astray, fundador de la Legión. En el lecho de muerte, Franco ascendió a Millán-Astray a general de división y el fundador de la Legión le increpó con ira diciéndole: «Paco, los honores, en vida».
El doctor Vallejo-Nájera disfrutó en vida de los mayores reconocimientos que un médico en España pudo tener, salvo Ramón y Cajal y Severo Ochoa. Supongo que desde el cielo, si está viendo la retirada de su condecoración, solo tendrá una sonrisa de desprecio y de incomprensión hacia la España que hoy día tenemos.
Vallejo-Nájera estudió Medicina en Valladolid, donde se licenció con sobresaliente. Fue alumno en las cátedras de Histología y Anatomía para luego asistir en su último curso al manicomio de Valladolid, despertándose en él su vocación por esta materia. Acabada la carrera, ingresó en el cuerpo de Sanidad Militar con el número 1.
Fue destinado a Marruecos en plena guerra, donde trabajó en diversos hospitales, tanto en primera línea atendiendo a los heridos como en hospitales de sangre, siendo posteriormente destinado a Barcelona.
Durante la Primera Guerra Mundial estuvo destinado a la Embajada de España en Berlín, donde prestó servicios en diversos campos de prisioneros a la vez que tuvo la oportunidad de tener relaciones con los psiquiatras más importantes de la medicina berlinesa.
De vuelta a España, fue destinado a la Academia de Sanidad Militar, donde desempeñó la función de profesor. Dentro del Ejército, alcanzó diversos puestos de responsabilidad, siendo nombrado en 1928 médico consultor y jefe clínico para pasar a ser designado director de la Clínica Psiquiátrica Militar y posteriormente desempeñar la Jefatura de los Servicios Psiquiátricos del Ejército.
En estos años defendió su doctorado en la Universidad Central, obteniendo en 1929 el grado de doctor tras la lectura y defensa de la tesis doctoral titulada Aspectos clínicos de la simulación de las enfermedades mentales. En 1930 fue designado director del sanatorio psiquiátrico de San José, ubicado en Ciempozuelos.
Fotografía del psiquiatra e ideólogo franquista Antonio Vallejo-Nájera, con uniforme de las Fuerzas Armadas Españolas durante la dictadura
Es a partir de este momento cuando se volcó totalmente en la psiquiatría, comenzando sus aportaciones y sus éxitos terapéuticos. Transformó el concepto y organización de los manicomios, y preconizó otros principios en el tratamiento de determinadas enfermedades, entre otras la parálisis general progresiva, de gran frecuencia por entonces en España, y las psicosis, defendiendo teorías relacionadas con la psiquiatría que no fueron compartidas por algunos de sus compañeros.
Fue un defensor acérrimo de la raza hispana, siendo opuesto a la mezcla racial. Aunque gozó del favor del nuevo Estado, su doctrina le creó enemigos importantes y más después de acabar la Segunda Guerra Mundial. Con independencia de su prestigio e influencia, en su concepción por mejorar la higiene mental, su pensamiento en la actualidad –pues sus escritos más importantes son de hace casi un siglo– está superado, aunque en su tiempo fue absolutamente innovador.
En 1940, la cátedra de Madrid se encontraba vacante y fue ocupada interinamente por Juan José López Ibor, uno de los psiquiatras más preparados en ese momento en España. Sin embargo, convocadas las oposiciones en 1947, quien obtuvo por oposición la cátedra de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Madrid fue Vallejo-Nájera, la primera en España de esa especialidad, con lo que se le abrían las puertas al éxito dentro de la psiquiatría española.
Seguidor del pensamiento psiquiátrico alemán, configuró su cátedra y enseñanzas sobre la base de esta escuela, que había conocido en persona en Alemania.
En 1951 ingresó como académico de número en la Real Academia Nacional de Medicina con el discurso Enseñanzas Psiquiátricas de la Segunda Guerra Mundial, ocupando el sillón número 16, vacante por el fallecimiento de Enrique Fernández Sanz, y siendo contestado por Antonio Piga y Pascual.
Durante su estancia en la Real Academia realizó un trabajo muy activo, interviniendo con frecuencia en las sesiones y aportando siempre nuevas ideas sin renunciar a sus propias convicciones.
La Gran Orden Civil de Sanidad se concede como honor, distinción y reconocimiento públicos para premiar méritos, conductas, actividades o servicios relevantes o excepcionales en el ámbito de la sanidad. Es la máxima condecoración civil española en este ámbito y puede recaer en personas, organismos e instituciones por su aportación a la mejora de la atención sanitaria, la salud pública o la investigación sanitaria.
El Consejo de Ministros aprobará este martes 7 de julio el real decreto por el que se revoca a título póstumo la Gran Cruz de Sanidad concedida a Antonio Vallejo-Nájera hace más de medio siglo. El doctor Vallejo-Nájera la disfrutó en vida. Lo dicho: ¡la venganza del enano!