La tablilla de Ea-nasir, una queja en tablilla de hace 3.700 años

La tablilla de Ea-nasir, una queja en tablilla de hace 3.700 años

«No aceptaré cobre de mala calidad»: la primera hoja de reclamaciones de la historia tiene casi 4.000 años

Escrita en arcilla hace 4.000 años, la tablilla mesopotámica de Ea-nasir, es la primera hoja de reclamaciones de la historia

Lo de las reseñas negativas en Google o las hojas de reclamaciones en los locales comerciales no es algo nuevo. La historia se suele pensar de manera lineal y progresiva, pero ya en la Mesopotamia de hace casi 4.000 años sus habitantes dejaban por escrito consejos de un padre a un hijo, leyes, castigos, asuntos familiares y todo tipo de textos jurídicos que se puedan imaginar.

Se podría decir que fueron los primeros burócratas de la historia. Gracias a su afán de dejarlo todo registrado en sus tablillas de arcilla, tenemos un gran número de fuentes documentales que nos ayudan a comprender cómo vivían. Entre ellas está la conocida como la tablilla de Ea-nasir, la reclamación formal más antigua de la que se tiene constancia.

«Ten en cuenta que (a partir de ahora) no aceptaré ningún cobre que no sea de buena calidad. De ahora en adelante, seleccionaré y cogeré los lingotes individualmente en mi propio terreno y ejerceré contra ti mi derecho de rechazo porque me has tratado con desprecio». Es la transcripción de la parte final de esta hoja de reclamaciones que escribió, en torno a 1750 a. C., Nanni, un cliente sumerio, al comerciante de cobre Ea-nasir.

Hay que situarse en la ciudad de Ur, en el actual Irak, un importante centro sumerio que por entonces estaba bajo dominio babilónico. El cliente acusa al vendedor de haberlo estafado con la calidad de unas piezas de cobre. Más allá de que pueda parecer un hecho anecdótico, la queja escrita en acadio funciona como un texto con vinculación legal.

Lo más probable es que ya hubiera un procedimiento judicial abierto en el que Ea-nasir podía enfrentarse a un castigo severo. El documento fue encontrado durante las famosas campañas de excavación realizadas entre 1923 y 1934 por Leonard Woolley, pero el mundo conoció y pudo leer la traducción de este texto a partir de 1967, gracias al asiriólogo A. Leo Oppenheim.

Una reclamación de 4.000 años

Lo más interesante de este documento es que muestra no solo que el cliente no quedó satisfecho con la calidad del material, sino también el mal trato que tuvo Ea-nasir con el esclavo de Nanni cuando fue a realizar el pago. «Cuando llegaste, me dijiste lo siguiente: 'Le daré a Gimil-Sin (cuando venga) lingotes de cobre de buena calidad'. Te fuiste entonces, pero no hiciste lo que me prometiste. Pusiste lingotes que no eran buenos ante mi mensajero (Sit-Sin) y dijiste: 'Si quieres cogerlos, cógelos; si no quieres cogerlos, ¡vete!'». Así empezaba la tablilla.

En la parte central de la carta, Nanni, visiblemente molesto, reprocha al vendedor el carácter tosco que les ha mostrado: «¿Por quién me tomas, que tratas a alguien como yo con tanto desprecio? He enviado como mensajeros a caballeros como nosotros para recoger la bolsa con mi dinero (que te había depositado), pero me has tratado con desprecio enviándolos de vuelta con las manos vacías varias veces y eso a través de territorio enemigo. ¿Hay algún otro comerciante de los que comercian con Telmun que me haya tratado de esta manera? ¡Solo tú tratas a mi mensajero con desprecio! A causa de esa (insignificante) mina de plata que te debo, te sientes libre de hablar de esa manera, mientras yo he entregado al palacio en tu nombre 1.080 libras de cobre, y Umi-abum ha dado asimismo 1.080 libras de cobre, aparte de lo que ambos hemos escrito en una tablilla sellada para guardar en el templo de Samas».

En esta última parte es fundamental la mención al palacio y al templo. La civilización sumeria previa y la babilónica de aquel momento se regían desde el palacio y el templo principal, que no solo servía para rendir culto a sus dioses, sino también como «centro comercial» local. Este y otros tantos textos forman el legado escrito de esas primeras civilizaciones, surgidas entre el Tigris y el Éufrates, de las que, en cierta medida, cada sociedad posterior heredó parte de su idiosincrasia.

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