Blas Parera, el murciano que compuso la música del Himno Nacional Argentino

Blas Parera, el murciano que compuso la música del Himno Nacional Argentino

Blas Parera, el murciano que compuso la música del Himno Nacional Argentino

Antes de que España y Argentina se enfrenten en la final del Mundial, una curiosa historia vuelve a unir a ambos países: la música del himno argentino fue compuesta por Blas Parera, un murciano que había defendido Buenos Aires de las invasiones inglesas

La final del Mundial entre España y Argentina promete escribir un nuevo capítulo en la historia del fútbol: dos países conectados por un pasado común que sigue muy presente en su historia y su cultura. Y, entre los muchos lazos que los unen, hay uno tan curioso como desconocido: fue un murciano quien compuso la música del Himno Nacional Argentino.

Hablamos de Blas Parera, músico y compositor nacido en Murcia en 1776, en el seno de una familia de origen catalán. Llegó a Buenos Aires en 1797, cuando apenas contaba con 21 años, y pronto se convirtió en una figura destacada de la vida musical de la ciudad.

Su vocación por la música se manifestó desde muy joven. Primero trabajó como profesor en el Colegio de Niños Expósitos y también de forma particular, enseñando violín, piano y laúd.

Más tarde, ejerció como organista de la Catedral de Buenos Aires y de las iglesias de San Ignacio y de La Merced, según recoge la Real Academia de la Historia (RAH). Poco después de su llegada, también asumió la dirección musical del Coliseo Provisional de Comedias, el primer teatro estable de Buenos Aires —antecesor del actual Teatro Coliseo—, donde ejerció como director de orquesta.

El nombre de Blas Parera quedaría ligado para siempre a la historia de Argentina en 1813, cuando compuso la música del Himno Nacional Argentino. Sin embargo, antes de convertirse en el autor de la música que suena antes de cada partido de la selección argentina de fútbol, el compositor también vivió algunos de los episodios más convulsos de la historia del Virreinato del Río de la Plata.

Durante las invasiones inglesas de Buenos Aires, en 1806 y 1807, colaboró en la defensa de la ciudad formando parte de las milicias locales y alineándose con las fuerzas españolas que lograron expulsar a las tropas británicas, tal y como recoge la RAH.

No obstante, años después, el músico pondría melodía al himno que simbolizaría la independencia de aquellas provincias respecto de España, una de las grandes paradojas de su biografía.

En 1813, en pleno proceso de independencia, la Asamblea del Año XIII encargó la creación de un himno. La letra fue obra del abogado y político Vicente López, quien también participó en la defensa de Buenos Aires ante el ataque inglés. De hecho, el encargo recayó en él por sus antecedentes: tras la expulsión de los ingleses, escribió Triunfo argentino, un poema heroico en memoria de la defensa de Buenos Aires.

Vicente López

Vicente López

Ambos crearon la Marcha Patriótica, primera denominación del himno. Por decreto del 11 de mayo de 1813, la letra y la música fueron aprobadas como Himno Nacional Argentino.

Esta primera versión duraba veinte minutos, pero, con el paso del tiempo, algunas de sus estrofas originales, escritas en un contexto de guerra por la independencia y en las que se utilizaban de manera recurrente la exaltación de la libertad y el fin del sometimiento a la fuerza extranjera, con referencias simbólicas como el león, fueron suprimidas.

Ante la llegada constante de inmigrantes españoles a Argentina a finales del siglo XIX se decidió recortar el himno –por decreto en el año 1900– para no herir su dignidad, al mismo tiempo que se buscaba mejorar las relaciones con España.

Según la Real Academia de la Historia, la versión vigente del himno corresponde a la transcripción realizada por Luis Larreta por encargo del Poder Ejecutivo de la Nación en 1928. Esa es la versión oficial que se escucha en los actos institucionales y en las competiciones deportivas.

Blas Parera no llegó a disfrutar del reconocimiento que hoy acompaña a su obra. Cinco años después de componer la melodía, regresó a España «y al desembarcar en Cádiz se ordenó que fuese vigilada su conducta y estuviesen a la mira de sus operaciones». Tras ocupar el cargo de interventor del Correo en Mataró, falleció en 1840, a los 64 años.

Su composición terminó convirtiéndose en uno de los símbolos nacionales más importantes de Argentina y en un singular puente histórico entre dos países que, más de dos siglos después, vuelven a encontrarse frente a frente, esta vez sobre un terreno de juego para disputar una final del Mundial.

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