Matt Damon, en 'La Odisea' de Christopher Nolan

Quiénes fueron los Pueblos del Mar, la misteriosa amenaza que aparece en 'La Odisea' de Christopher Nolan

Aunque durante mucho tiempo se responsabilizó a estos grupos del colapso de la Edad del Bronce, actualmente se considera que fueron solo uno de los elementos que intervinieron en una crisis mucho más amplia

En los 172 minutos que dura La Odisea, la última película de Christopher Nolan, se menciona de manera reiterada a los Pueblos del Mar, una horda de guerreros destructora de ciudades a la que temía todo el mundo.

Pero esta amenaza no es solo ficción, ya que estos guerreros aparecen en textos datados hacia el año 1200 a. C. y a ellos se les atribuye, al menos en parte, el colapso del mundo interconectado de la Edad del Bronce.

En Grecia, los grandiosos palacios de Micenas y Pilos, hogar de los legendarios reyes de la Odisea de Homero, fueron arrasados por el fuego. Pero no habían sido los únicos: las cartas halladas en Ugarit, una antigua ciudad portuaria de Siria, relatan devastadores ataques de barcos enemigos que asolaron la costa y destruyeron los campos, según detalla Javier Rubio Donzé en su plataforma de divulgación histórica Academia Play.

El autor de libros como España contra su leyenda negra explica cómo, en apenas una generación, «toda la red de ciudades-estado, reinos e imperios que dominaban el Mediterráneo oriental se derrumbó como un castillo de naipes».

Lo mismo ocurrió con las redes comerciales, por lo que el suministro de cobre y estaño con los que se fabricaba el bronce comenzó a disminuir. Aquello marcó el final de la Edad del Bronce.

En este contexto cabe preguntarse quiénes eran estos enigmáticos Pueblos del Mar y qué papel desempeñaron en el colapso.

¿Destrucción o integración?

El egiptólogo británico Toby Wilkinson escribe en El auge y la caída del antiguo Egipto: «A lo largo de toda la costa oriental del Mediterráneo, las ciudades eran saqueadas e incendiadas, los puertos quemados y pillados, naciones enteras asoladas. Si bien las comunidades costeras habían sufrido el acoso de los piratas durante décadas, este nuevo ataque era de una magnitud completamente distinta. Lo más aterrador de todo era que había surgido de la nada; el avistamiento de barcos enemigos en el horizonte occidental fue la primera señal de un ataque inminente».

Con todo, una de las fuentes que habla sobre estos temibles pueblos la encontramos en los relieves del templo funerario del faraón Ramsés III en Medinet Habu: «Ninguna tierra pudo resistir ante sus armas […] extendieron sus manos sobre las tierras hasta el perímetro de la tierra», reza la inscripción.

Detalle de relieves celebrando las victorias del faraón sobre los pueblos del mar. Templo funerario de Ramsés III

Otro ejemplo son las misivas encontradas en la antigua urbe siria de Ugarit, que relatan la sequía, el comercio y los ataques de los Pueblos del Mar. En una de ellas, el rey de Ugarit escribe a su aliado en Chipre narrando un ataque en tiempo real: «Han llegado los barcos del enemigo. Han incendiado mis ciudades y han causado estragos en la tierra […] Si aparecen otros barcos del enemigo, avísame de alguna manera para que lo sepa».

La ciudad sufrió una destrucción violenta y sus edificios quedaron reducidos a escombros. A partir de estos testimonios, varios historiadores han sostenido que los Pueblos del Mar pudieron participar también en la destrucción de Hattusa, la capital del Imperio hitita.

Del mismo modo, otras ciudades situadas en la órbita hitita, como Troya, fueron saqueadas. Por ello, algunos investigadores sostienen que estos acontecimientos pudieron inspirar, al menos en parte, las leyendas que más tarde recogería Homero.

La otra cara de los Pueblos del Mar

Sin embargo, en Ascalón (actual Israel) encontramos una imagen diferente. Allí, los descubrimientos arqueológicos sugieren que la llegada de los Peleset (filisteos), uno de los grupos identificados con los Pueblos del Mar y probablemente procedentes del ámbito egeo, no generó únicamente violencia, sino también procesos de integración con la población local.

Gracias a los descubrimientos arqueológicos y al estudio de las fuentes egipcias, los investigadores consideran que los llamados pueblos del mar no constituían un único ejército ni un pueblo homogéneo, sino un conjunto de grupos de procedencias diversas.

Además de los Peleset, entre ellos se encontraban los Sherden, representados en algunos relieves egipcios con cascos provistos de cuernos, y los Shekelesh. Algunos investigadores han relacionado hipotéticamente a los Sherden con Cerdeña y a los Shekelesh con Sicilia, aunque estas identificaciones siguen siendo objeto de debate.

Aunque durante mucho tiempo se responsabilizó a estos grupos del colapso de la Edad del Bronce, actualmente se considera que fueron solo uno de los elementos que intervinieron en una crisis mucho más amplia.

El debilitamiento de las redes comerciales, las tensiones políticas internas, las sequías, las malas cosechas, las hambrunas y, posiblemente, determinados episodios sísmicos pudieron contribuir al hundimiento de aquel sistema.

En los relieves del templo funerario de Ramsés III en Medinet Habu aparecen algunos de estos guerreros acompañados de mujeres, niños y carros cargados con enseres. Esta representación ha llevado a algunos investigadores a plantear que no se trataba únicamente de expediciones militares, sino también de movimientos de población. No obstante, las imágenes no permiten establecer con certeza ni la procedencia de estos grupos ni las razones concretas de sus desplazamientos.

Algunas de aquellas poblaciones pudieron emigrar hacia el sur y el este en busca de territorios más seguros o fértiles. En el caso del Imperio hitita, existen indicios de dificultades económicas, escasez y problemas de abastecimiento anteriores a su desaparición. La ruptura de las redes comerciales y el debilitamiento de los reinos vecinos pudieron agravar una situación ya inestable antes de la destrucción o el abandono de algunas ciudades.

Por ello, más que la causa única del colapso, los pueblos del mar pudieron ser a la vez participantes y víctimas de una crisis política, económica y medioambiental de mayores dimensiones.