Fundado en 1910
Homero y otros héroes victorianos, en el Albert Memorial de Hyde Park, en Londres

Homero y otros héroes victorianos, en el Albert Memorial de Hyde Park, en LondresGetty Images / iStock

La familia en una frase

Homero, autor de La Odisea, sobre la paternidad: «Que un día digan de este niño: Es mucho mejor que su padre»

En plena guerra de Troya, Héctor levanta en brazos a su hijo y pide para él una gloria mayor que la suya, en una de las escenas más hondas sobre la paternidad escritas por el autor griego de La Ilíada y La Odisea

Dice el acerbo popular que el único hombre que deseará que otro varón lo supere en todo será su padre. Una idea que hace cerca de 3.000 años ya puso por escrito, de una forma conmovedora, uno de los mayores escritores de toda la historia, cuyo legado ha marcado la cultura de toda una civilización y llega hasta nuestros días: el poeta griego Homero.

Aunque Christopher Nolan acaba de llevar a la gran pantalla la adaptación de su famosísima obra La Odisea, Homero es autor de otro de los grandes textos de la cultura occidental, y que podría ser considerado, en el argot cinematográfico actual, como la precuela del famoso viaje de Ulises: La Ilíada.

Es en esa obra inmortal cuando el poeta expresó ese gran ideal de la paternidad, en una de las escenas más humanas de la Ilíada. En concreto, cuando antes de regresar al combate, el famosísimo héroe Héctor toma en brazos a su pequeño hijo Astianacte y ruega a los dioses «que un día digan de este niño: 'Es mucho mejor que su padre'».

Un padre en mitad de la guerra de Troya

La frase aparece en el canto VI de La Ilíada, durante el encuentro de Héctor con su esposa Andrómaca y su hijo, junto a las murallas de Troya. El guerrero sabe que la ciudad está amenazada y que quizá no vuelva a verlos.

En mitad de una epopeya sangrienta y marcada por la crudeza de la guerra, la escena doméstica presenta un contrapunto de una fuerza extraordinaria.

Ante la inminencia de una muerte más que posible, ante la debacle y la devastación que puede ceñirse sobre todo su mundo, Homero es capaz de mostrar cómo a ojos de un padre solo aparece lo verdaderamente importante: el provechoso porvenir de su hijo.

El poeta del que casi nada sabemos

Lo llamativo es que, a pesar de que sus obras han pasado de generación en generación, del propio Homero conocemos muy poco con certeza.

La tradición lo presenta como un poeta griego, quizás ciego, autor (o compilador) de La Ilíada y La Odisea, dos epopeyas transmitidas oralmente durante generaciones y fijadas por escrito por él en torno al siglo VIII antes de Cristo.

Algunos estudiosos han llegado a plantear si en realidad fue una persona concreta, o más bien una escuela de poetas o el nombre bajo el que se reunió una larga tradición.

Tampoco conocemos su vida familiar. Y esa ausencia biográfica obliga a escudriñar sus obras como el verdadero lugar donde aparece su pensamiento sobre la familia, el matrimonio, el hogar o la educación de los hijos.

Porque, como ocurre con La Odisea que acaba de llegar a los cines, La Ilíada no trata solo de héroes. Trata, más bien, de lo que la guerra destruye: las relaciones humanas, las ciudades, los linajes y las familias.

Héctor, Andrómaca y el niño asustado

En el canto VI, una escena desgarradora sintetiza esta visión. Andrómaca, con su hijo recién nacido, suplica a Héctor que no vuelva al campo de batalla. Ya ha perdido a su padre y a sus hermanos, muertos a manos de Aquiles. Héctor no es para ella el héroe de la ciudad. Es su esposo, el sostén de su familia, la protección de su pequeño mundo.

El niño, todavía pequeño, se asusta al ver el casco de su padre. En un gesto enternecedor, Héctor se lo quita, sonríe, besa al hijo y lo levanta en brazos antes de rezar por él.

Es ahí, doblegado ante la evidencia de que solo la protección divina puede garantizar el porvenir, cuando el guerrero habla como padre y pide para su hijo que sea fuerte, que gobierne Troya y que algún día alguien reconozca que ha superado a su padre.

La escena termina con una mezcla de ternura y tragedia: Andrómaca sonríe entre lágrimas. Pero el lector sabe que esa familia está ya bajo la sombra de la muerte.

El amor incondicional de un padre

Más allá de la belleza de la escena, Homero es capaz de apuntar una verdad asentada en el corazón mismo de la naturaleza humana, y en el origen de la familia: un padre no cría, educa y ama para retener al hijo bajo su propia medida, sino para que pueda alcanzar la plenitud de sus talentos, y superarlo para la posteridad.

Un amor incondicional, que nace de la virilidad del corazón paterno, y que Homero hizo resplandecer incluso en el tormentoso escenario de una de las batallas más famosas de la historia.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas