Matt Damon y Zendaya, en una imagen de La Odisea, de Nolan
La familia en una frase
Ulises, en La Odisea: «Nada hay mejor que cuando marido y mujer gobiernan su casa con un mismo ánimo»
En la célebre obra de Homero, cuya adaptación llega ahora al cine de la mano de Christopher Nolan, Ulises recuerda a Nausícaa una verdad universal: el hogar necesita algo más que convivencia
el estreno de la nueva adaptación cinematográfica de La Odisea, dirigida por Christopher Nolan, vuelve a poner en primer plano una obra escrita hace casi tres mil años, y cuajada de enseñanzas tan humanas y auténticas que explican cómo ha podido resistir el paso de los siglos sin dejar de ser un referente, no solo de una cultura, sino de toda una civilización.
Hoy, tres milenios después de ser concebida, la célebre epopeya del poeta griego Homero sigue hablando de algo tan esencial como la fidelidad, el coraje, la importancia del matrimonio, el hogar y la paternidad.
Y es eso, más que las vicisitudes mitológicas que lo adornan, lo que mantiene tan fresco su atractivo como para llegar a la gran pantalla como uno de los éxitos de la temporada.
Pero, como Nolan no se ha resistido a los cantos de sirena de lo políticamente correcto y ha adulterado en algunos puntos el guion original de la historia, conviene rescatar el texto clásico para descubrir algunas de las mejores perlas que dejó escritas el también autor de la inmortal La Ilíada.
La bendición de Ulises a una princesa
Así, en el canto VI de La Odisea, Ulises dirige a Nausícaa una bendición que parece escrita para cualquier noviazgo contemporáneo: «Que los dioses te concedan cuanto desea tu corazón: esposo, hogar y concordia. Porque nada hay más noble ni mejor que cuando marido y mujer gobiernan su casa con un mismo ánimo».
El héroe acaba de naufragar y aparece desnudo, exhausto y cubierto de sal ante la joven princesa feacia. Ella lo acoge con pudor y hospitalidad.
Ulises, agradecido, no intenta seducirla: se mantiene fiel a Penélope y le desea a la joven un buen matrimonio, un hogar y esa homophrosýne, que suele traducirse como concordia, acuerdo o unidad de criterios y de pensamientos.
Una obra actual, escrita hace 3.000 años
La Odisea fue compuesta, probablemente, en el siglo VIII antes de Cristo. Es decir, hace unos 2.800 años. Desde entonces ha atravesado culturas, lenguas y épocas sin perder su capacidad de interpelar al lector. La expectación que ha generado la versión de Christopher Nolan vuelve a demostrar que los grandes relatos clásicos siguen encontrando formas de llegar al público del siglo XXI.
¿Y por qué una historia tan antigua continúa despertando interés? No es, desde luego, por los posibles efectos especiales que pueda traer aparejada, sino, más bien, porque tras sus monstruos, sus viajes y sus aventuras –que han inspirado un sinfín de relatos posteriores– aparecen preguntas que siguen absolutamente contemporáneas.
A saber: por qué volver a casa, cómo permanecer fiel, por qué importa la palabra dada, cómo reconstruir una familia después de la ausencia, qué papel tiene el perdón, y qué sostiene un matrimonio cuando los cantos de sirena amenazan con hundir la nave del hogar.
La victoria es volver a casa
Como es sabido, La Odisea narra el largo retorno de Ulises a Ítaca después de la guerra de Troya. Durante veinte años, su esposa Penélope espera en casa, acosada por pretendientes que consumen sus bienes y presionan para ocupar el lugar del marido ausente.
Con un relato cuajado de mitos e historias secundarias, Homero convierte el viaje en una aventura exterior... pero también espiritual.
Así, Ulises se enfrenta a cíclopes, a hechiceras, a sirenas, sobrevive a naufragios y no cede ante las tentaciones del olvido. Pero la meta última, para él y para su tripulación, no son la gloria de la posteridad, ni la victoria en la guerra, sino el regreso al hogar.
Sin hacer spoilers, diremos que la obra culmina cuando Penélope reconoce a Ulises mediante el secreto del lecho conyugal, construido sobre el tronco vivo de un olivo. Esa cama inmóvil simboliza, en el lenguaje metafórico de Homero, un matrimonio arraigado, que no es mudable ni sustituible.
La importancia de un solo corazón
La cita dirigida a Nausícaa, aunque aparece mucho antes del reencuentro final con Penélope, anticipa uno de los grandes temas nucleares del poema: el hogar familiar, y más específicamente la unión de los esposos, no se sostiene en las posesiones y ni siquiera en los proyectos, sino, ante todo, en la concordia entre los esposos.
Y aquí, el uso etimológico de la palabra latina concordia es muy relevante: «corazón con corazón», o incluso «un mismo corazón».
Así, por boca de Ulises, Homero no canta a una felicidad fruto de la excitación o del sentimiento, ni tampoco a la atracción pasajera. Apunta, más bien, a la importancia de dirigir la vida del hogar, y el matrimonio como base de la familia, con un mismo ánimo y una misma visión.
Es esa unidad, que no elimina las diferencias sino que las sublima, la que permite tomar decisiones de futuro y mantenerse firme en el amor, no como si cada uno proviniese de una familia distinta, sino como lo que ocho siglos después el cristianismo definirá como «un solo cuerpo y un solo espíritu».
Un deseo tan elevado sobre el que no hay «nada más noble, ni mejor» para garantizar la felicidad, que sólo puede ser un don divino... Y que, a falta de que la corrección política se atreva a llevarlo a la gran pantalla, permanece en el texto homérico como un faro moral para quien se atreva a purificar la cultura líquida actual (también la que tiene que ver con las relaciones sentimentales, el noviazgo y el matrimonio) en el crisol inmortal de los clásicos.