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El escritor y aviador Antoine de Saint-Exupéry

El escritor y aviador Antoine de Saint-Exupéry

La familia en una frase

Antoine de Saint-Exupéry: «Amar no es mirarse el uno al otro, sino mirar juntos en la misma dirección»

El célebre autor de El principito vivió un matrimonio tormentoso, marcado por las ausencias y las infidelidades. Sin embargo, dejó una de las definiciones más luminosas del amor compartido

Uno de los mayores espejismos a los que se enfrenta cualquier pareja de novios es pensar que la atracción del noviazgo va a durar para siempre, y que por tanto, no será necesario dejar claro qué desea cada uno para un proyecto de vida compartido porque siempre estarán bien.

Sin embargo, una pareja puede pasar años juntos y, sin embargo, no saber hacia dónde camina.

Dicho de otro modo: puede conservar el afecto, incluso la atracción, pero desconocer u olvidar los proyectos comunes, las conversaciones importantes y aquella dirección que un día convirtió dos vidas separadas en una historia compartida, y a la que se habrá de volver cuando surjan los problemas.

Antoine de Saint-Exupéry resumió esa diferencia con una frase que ha sobrevivido a su propia obra: «La experiencia nos demuestra que amar no es mirarse el uno al otro, sino mirar juntos en la misma dirección». Una cita memorable que no aparece en El principito, como a menudo se cree, sino en Terre des hommes, publicada en 1939 y traducida al español como Tierra de hombres.

Un niño aristócrata huérfano de padre

Resulta inevitable leer su reflexión a la luz de una vida afectiva mucho menos ordenada que su pensamiento. Porque aunque el autor de obras como Vuelo nocturno comprendió la grandeza del amor, no siempre supo vivir conforme a ella.

Antoine Marie Jean-Baptiste Roger de Saint-Exupéry nació en Lyon en 1900, dentro de una familia de antigua nobleza provincial. Fue el tercero de cinco hermanos, y su padre, Jean, murió cuando él tenía menos de cuatro años, dejando a su madre, Marie de Fonscolombe, al frente de la familia.

A pesar de las dificultades económicas que siguieron a la muerte paterna, Antoine conservó el recuerdo de una infancia protegida, llena de juegos, relatos y estrechas relaciones familiares. Más dolorosa fue la muerte de su hermano François, fallecido a los 15 años mientras él permanecía a su lado.

Aquellas pérdidas tempranas, unidas después a su dura experiencia como piloto en los albores del siglo XX, alimentaron una obra atravesada por la fragilidad de la vida, la responsabilidad y la necesidad de crear lazos.

Un matrimonio lleno de turbulencias

En 1931, Antoine se casó con Consuelo Suncín, escritora y artista salvadoreña a la que había conocido en Buenos Aires. No tuvieron hijos. Su matrimonio fue apasionado, pero también inestable, marcado por los viajes constantes, las separaciones y las relaciones extramatrimoniales del escritor francés.

Consuelo inspiró probablemente a la rosa de El principito: hermosa, vulnerable, orgullosa y difícil de comprender. La relación entre ambos estuvo llena de huidas y regresos, hasta la desaparición de Saint-Exupéry durante una misión aérea en julio de 1944.

Tampoco Tierra de hombres es una novela matrimonial. Es, más bien, una obra autobiográfica en la que el escritor reúne recuerdos de sus vuelos, accidentes y travesías por el desierto, en la que reflexiona sobre la amistad, el deber, la solidaridad, el amor y, en suma, aquello que hace verdaderamente humana una vida.

Una dirección compartida

Lo que da a entender el autor es que mirar juntos no significa que los esposos deban pensar igual en todo, pero sí han de saber qué están construyendo.

Es decir, cómo quieren educar a sus hijos, qué lugar ocupa el trabajo, cómo administran el dinero, qué sacrificios están dispuestos a asumir, cómo desean comportarse si surge una enfermedad imprevista, o qué sentido dan a su unión.

Todo, para evitar que, como le pasaría al propio autor francés en su vida personal, cada uno continúe avanzando en su propia dirección, opuesta a la de su cónyuge.

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