El escritor estadounidense Mark Twain en 1907
La familia en una frase
Mark Twain, escritor: «Nadie sabe qué es el amor perfecto hasta que lleva casado un cuarto de siglo»
Mark Twain y Olivia Langdon compartieron 34 años de matrimonio, cuatro hijos, éxitos, deudas y duras pérdidas, que les permitieron descubrir cómo el amor verdadero necesita tiempo para llegar a su plenitud
Si tuviéramos que hacer caso a los titulares de la prensa rosa cada vez que un famoso anuncia una nueva relación, podría parecer que bastan unas pocas semanas o meses para hacer promesas, imaginar un futuro compartido y creer que se conoce cada rincón del otro.
Mark Twain, el célebre autor de obras inmortales como Las aventuras de Tom Sawyer, pensaba, sin embargo, de otra manera hoy casi contracultural.
Y así lo dejó escrito de su puño y letra, en una reflexión íntima que no llegó a plasmar en ninguna de sus novelas: «Ningún hombre o mujer sabe realmente qué es el amor perfecto hasta que lleva casado un cuarto de siglo».
La frase está documentada en uno de sus cuadernos de 1894, y suele reproducirse junto a una observación previa: «El amor parece lo más veloz, pero es el más lento de todos los crecimientos».
Twain llevaba entonces 24 años casado con Olivia Langdon, la mujer con la que compartió su vida y con la que formó una familia hasta su muerte. De modo que en ese momento, no estaba formulando una ocurrencia romántica ni bosquejando un diálogo como los que aparecen en sus desternillantes Diarios de Adán y Eva, sino describiendo una experiencia atravesada por hijos, dificultades económicas e incluso muertes familiares.
Un matrimonio contra los prejuicios
Samuel Langhorne Clemens, verdadero nombre del escritor, había nacido en 1835 en Florida, por entonces un pequeño pueblo de Misuri de fundación española. Fue el sexto de siete hijos de una familia que sufrió continuos problemas económicos. Su padre murió cuando Samuel tenía 11 años, por lo que abandonó pronto los estudios y comenzó a trabajar como aprendiz de impresor.
Twain conoció a Olivia Langdon a través de Charles, hermano de ella. Olivia procedía de una familia acomodada, abolicionista y profundamente religiosa. Él había crecido en Misuri, dentro de una sociedad esclavista, y poseía una educación mucho más irregular.
La familia Langdon recibió con recelo al escritor, pero Twain perseveró. Samuel y Olivia se casaron finalmente en febrero de 1870. Tuvieron cuatro hijos: Langdon, que murió antes de cumplir los dos años; Susy, Clara y Jean.
Aunque Olivia no fue sólo su esposa. Leyó y corrigió muchos de sus manuscritos y ejerció una influencia decisiva sobre su trabajo. Twain no sólo amaba a su esposa: respetaba su criterio literario, aunque las diferencias de carácter y de educación entre ambos nunca desaparecieron.
Un amor en la cruz madurado
El matrimonio disfrutó de años felices en Hartford, donde Twain escribió obras como varias de las aventuras de su personaje Tom Sawyer y también Las aventuras de Huckleberry Finn.
Pero también atravesó graves crisis económicas. Las malas inversiones del escritor llevaron a la familia a la ruina y le obligaron a emprender una larga gira internacional de conferencias para pagar a sus acreedores.
En 1896, también su hija Susy murió de meningitis con 24 años. Olivia nunca se recuperó por completo de aquella pérdida y falleció pocos años después, en Florencia, en 1904, después de 34 años de matrimonio. Twain escribió entonces que ella había sido su vida y que, allí donde ella estuviera, estaba su hogar.
El amor que crece con los años
El cuaderno en el que aparece la frase que abre este artículo no es un diálogo de novela, ni un tratado matrimonial, sino uno de los registros privados en los que Twain anotaba observaciones, ideas y materiales para futuras obras. Su afirmación adquiere valor precisamente al contemplarla junto a su biografía.
Porque veinticinco años no convierten automáticamente un matrimonio en feliz, claro está: el tiempo puede llenar una casa de resentimiento o frialdad... pero también permite conocer una forma de amor imposible durante el noviazgo: la que ha visto al otro fracasar, envejecer, equivocarse y sufrir, y ha decidido seguir a su lado.