Empantallados ofrece cinco claves para evitar que los niños tengan que recurrir a las pantallas
Álvaro Bilbao, doctor en Psicología: la razón por la que tus hijos reaccionan mal al apagar las pantallas
El divulgador explica que el uso de dispositivos activa el sistema de recompensas, eleva la dopamina y reduce el autocontrol de los niños
Los enfados de los niños cuando termina el tiempo de pantallas no se explican únicamente por una cuestión de desobediencia o falta de límites. Según ha señalado el doctor en Psicología de la Salud y divulgador Álvaro Bilbao, existe una explicación relacionada con la forma en la que el cerebro infantil responde al uso de la televisión, los videojuegos u otros dispositivos.
Bilbao ha explicado que, mientras los niños están viendo la tele o jugando con pantallas, su sistema de recompensas se activa con intensidad. En ese proceso, aumentan los niveles de dopamina, una sustancia vinculada a la excitación y la búsqueda de recompensa, al tiempo que disminuye su capacidad de autocontrol.
«Esta es la razón de que tus hijos se enfaden tanto cuando se acaba el tiempo de pantallas», introduce el divulgador, antes de detallar qué ocurre durante ese momento de desconexión.
Dopamina, serotonina y pérdida de autocontrol
El especialista sostiene que, durante el uso de pantallas, «su sistema de recompensas eleva los niveles de dopamina, aumentando su excitación y disminuyendo su autocontrol». Esta combinación hace que el niño se encuentre más activado y con menos recursos internos para aceptar el final de la actividad.
En paralelo, Bilbao apunta a otro proceso: «Los niveles de serotonina bajan proporcionalmente, haciendo que se sientan irascibles y que pierdan por completo la conexión emocional contigo». De este modo, el conflicto no aparece solo cuando el adulto anuncia que se ha terminado el tiempo, sino que se va preparando mientras el menor permanece inmerso en la pantalla.
Por eso, cuando los padres comunican que deben apagar la televisión, dejar la consola o soltar el dispositivo, muchos niños reaccionan con explosiones de enfado. «Y cuando tú les dices que se ha terminado el tiempo, explotan porque están muy activados, irritables y desconectados de ti», resume el doctor.
Los límites son necesarios, pero no suficientes
Bilbao subraya que los horarios y los límites siguen siendo importantes. No obstante, advierte de que estas normas pierden eficacia si no van acompañadas de una educación emocional concreta.
Según el divulgador, los padres deben trabajar dos aspectos fundamentales:
- Evitar que los hijos lleguen a desconectar por completo de sus padres mientras utilizan pantallas.
- Ayudarles a desarrollar su capacidad para gestionar la frustración cuando llega el momento de terminar.
«Por eso los límites y horarios son importantes, pero no sirven de mucho si no les enseñas estas dos cosas», afirma Bilbao.
Dos herramientas para reducir los conflictos
El psicólogo insiste en que la clave no está únicamente en imponer un final al tiempo de pantalla, sino en enseñar a los niños a transitar ese momento con mayor regulación emocional. La conexión con los padres y la gestión de la frustración se convierten así en dos herramientas esenciales para evitar que el apagado de los dispositivos derive en una pelea.
«Estas son las dos herramientas que les van a permitir reducir los conflictos y el tiempo que pasan con las pantallas», concluye el divulgador.
La reflexión de Bilbao se enmarca en un problema cotidiano para muchas familias: la dificultad de poner fin al uso de dispositivos sin que aparezcan protestas, irritabilidad o enfados intensos. Su planteamiento apunta a que la solución no pasa solo por limitar el tiempo de exposición, sino también por acompañar emocionalmente a los niños en el momento de desconectar.