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Lautaro Martínez marca el segundo gol de su equipo

Lautaro Martínez marca el segundo gol de su equipoAFP

Lautaro Martínez, el delantero que llevó a Argentina a la final: hombre de familia y la Virgen bajo las medias

El jugador que selló el pase de los de Scaloni a la final del Mundial, donde se medirá contra España, tuvo palabras para su familia nada más terminar el encuentro y no oculta su fe católica

Cuando el partido parecía condenado a la prórroga, Lautaro Martínez apareció en el área inglesa como aparecen los delanteros que han aprendido a sufrir: con tesón, con garra y con la certeza de que las grandes gestas suelen depender, no sólo del talento, sino sobre todo de la decisión de no tirar la toalla.

Millones de personas en todo el mundo saben hoy la historia del partido: Argentina perdía ante Inglaterra en la semifinal del Mundial hasta el minuto 85. La incomprensible retirada de los de Tuchel dio alas a los albicelestes; Enzo Fernández –en una dinámica casi constante durante todo el campeonato del mundo para los argentinos– empataba a pocos minutos del final y, ya en el descuento, Messi ponía un centro al área para que Lautaro cabeceara el 2-1 definitivo.

La albiceleste jugará la final contra España el próximo domingo, y el hombre del partido que se llevó todas las miradas fue Lautaro.

Sin embargo, más allá de su histórico gol, Martínez tiene una historia que trasciende los límites de la cancha.

La Virgen en las espinilleras

De hecho, en los últimos días se ha hecho viral un detalle de su equipación, que resume la personalidad del jugador: Lautaro, católico confeso, lleva dos estampas de la Virgen de Luján en las espinilleras, bajo las medias, casi junto a las botas con las que corre, pelea, cae y vuelve a levantarse.

Con la particularidad de que la Virgen de Luján no es una advocación mariana cualquiera para los argentinos: es la patrona de la nación –como también de Paraguay y de Uruguay–, y una presencia profundamente arraigada en la piedad popular del Río de la Plata.

El propio jugador la lleva, además, tatuada de forma más que ostensible en el brazo izquierdo.

Hijo de familia humilde

Más allá del detalle de la espinillera, sus emocionadas palabras tras el partido (dirigidas a sus padres y a sus hijos, «que desde que llegaron me hicieron cambiar y ahora disfruto de la vida») revelan bien la personalidad del jugador, y su arraigado sentimiento de hombre de familia.

Porque Lautaro Javier Martínez nació en Bahía Blanca el 22 de agosto de 1997, hijo del futbolista Mario Martínez y Karina Gutiérrez, un matrimonio marcado por las dificultades económicas y los sacrificios contantes.

Él mismo lo relataba así en una entrevista al diario francés L'Equipe, cuando explicaba que en un momento concreto de su infancia, «no teníamos ningún ingreso en casa y teníamos que elegir entre pagar el alquiler y comer».

Entonces, «un amigo nos prestó una casa y vivimos allí dos años. Estoy muy agradecido con quienes nos ayudaron, y también con mis padres, porque hicieron todo lo posible para que nunca nos faltara nada».

En esa misma entrevista, Lautaro mostraba su emoción al recordar cómo «en aquel entonces, mis padres pensaban en nosotros por encima de todo, para que pudiéramos comer; y a veces, no comían». Sin embargo, «si tuviera que volver a vivirlo, elegiría vivir esa misma infancia, esa misma vida cotidiana que me hizo crecer y aprender», aseguraba.

Dos hijos con Agustina, su mujer

Su vida familiar actual bebe de esa historia. Lautaro mantiene una relación con la argentina Agustina Gandolfo, empresaria y creadora de contenido vinculada al mundo del bienestar y la hostelería, con quien se casó en mayo de 2023 en el lago Como, en Italia, en una celebración religiosa a la que acudieron numerosos compañeros de la selección argentina y del Inter.

Juntos tienen dos hijos: Nina, nacida en 2021, y Theo, nacido en 2023. Aunque ambos nacieron antes de que sus padres se casaran –una moda frecuente entre los futbolistas–, en 2025, tanto él como Agustina compartieron un momento especialmente familiar y religioso: el bautismo de su hijo menor en Mendoza, rodeados de los suyos y de nuevo junto a una imagen de Nuestra Señora de Luján.

«Mi vida –decía para L'Equipe– ha cambiado mucho, sobre todo en lo económico, y puedo devolverle a mi familia todo lo que me han dado. Eso es lo que más me enorgullece. Gracias a Dios, hoy tengo esta oportunidad, y después de todos estos años de sacrificio, hemos obtenido nuestra recompensa: poder llevar una vida diferente y darles a mis hijos la oportunidad de estudiar. Así que, la verdad, Lautaro ha cambiado un poco. He intentado mantener los valores con los que me criaron: humildad, respeto, trabajo y sacrificio. Y mi esposa y yo intentamos transmitirles eso a nuestros hijos, aunque ellos ya hayan nacido en una realidad diferente».

Así que en tiempos en los que el fútbol fabrica ídolos fugaces, Lautaro Martínez ofrece otra imagen: la de un jugador que no esconde aquello que le sostiene: la fe, la familia y una vida hecha de renuncias, que explican por qué, cuando llega el minuto decisivo, él sigue creyendo y no baja los brazos. Esperemos que, tras la final del Mundial, pueda también refugiarse en su fe y en su familia para remontar una derrota contra España...

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