Fundado en 1910
Matt Damon y Zendaya, en una imagen de La odisea, de Nolan

Matt Damon y Zendaya, en una imagen de La odisea, de NolanMelinda Sue Gordon/Universal Pictures

Crítica de cine

'La Odisea': una memorable adaptación del poema de Homero con aderezos 'woke'

El toque woke es la única pega de una película grande, redonda, muy bien concebida y mejor ejecutada por Nolan

Finalizada la guerra de Troya, el rey de Ítaca, Odiseo (Matt Damon), desea volver a su casa después de diez años de ausencia, donde le esperan su esposa, la reina Penélope (Anne Hathaway) y su hijo Telémaco (Tom Holland). Pero son tantas sus peripecias que tardará otros diez años en regresar, y cuando lo haga encontrará su ciudad dominada por ambiciosos pretendientes al trono, liderados por el mediocre Antinoo (Robert Pattinson). En toda la odisea nuestro héroe siempre contará con la ayuda y compañía de la diosa Atenea (Zendaya).

El reconocido director Chistopher Nolan (Oppenheimer, Dunkerque, Interestellar, Origen, El caballero oscuro, Memento…) afronta con esta producción un reto tremendamente difícil: adaptar al cine La odisea de Homero, sin traicionar el poema original pero haciendo una película moderna. Y en justicia hay que decir que lo consigue con bastante éxito. No solo respeta todo lo posible el texto original, sino que transmite bien sus esencias, sus conceptos teológicos, su marco ético y su idea del Destino. Y precisamente por buscar lo más nuclear y universal del mensaje homérico, la propuesta del film resulta tremendamente actual. Su reflexión de fondo sobre lo deshumanizador de la guerra y lo pronto que olvidamos los hombres sus consecuencias, se antojan tristemente reveladoras del presente.

La narración no sigue una línea cronológica unidireccional, sino que el presente se articula con los recuerdos que Odiseo va rescatando de su aturdida memoria gracias a su conversación con la ninfa Calypso (Charlize Theron) en la isla de Ogigia. Y a su vez estas tramas se entrelazan con lo que ocurre en Ítaca y los viajes de Telémaco en busca de noticias de su padre. A pesar de esta deconstrucción la historia se sigue perfectamente, sin los momentos liosos y confusos tan típicos de estas grandes epopeyas repletas de personajes.

Nolan sabe dosificar las emociones, la intriga y el suspense, conduciéndonos a un final épico a la altura de un magno relato, y dejando al espectador en muchos momentos clavado a la butaca. Las escenas de acción son impactantes, y las dramáticas emocionantes. El fotógrafo Hoyte van Hoytema imprime mucha fuerza visual al filme, con algunos encuadres memorables, potenciados por una singular partitura de Ludwig Göransson.

El trabajo de Matt Damon es impecable, como la de todo el reparto, quedando quizá Tom Holland en un nivel más modesto. Zendaya tiene pocos planos pero cargados de peso dramático. Lo que no tiene ni pies ni cabeza, una vez más, es el infantil y patético anacronismo woke. Da risa ver a una Helena de Troya de raza negra, o a un aedo (una especie de trovador griego) negro con rastas. Que la diosa Atenea sea mulata tampoco es de recibo. Todo da puntos para los Oscar, como fichar a un actor transexual para darle un importante papel de guerrero. En fin, Christopher Nolan quiere ganar premios, el pobre está en su derecho, aunque para ello tenga que hacer el ridículo. En realidad esta tontuna woke es la única pega de una película grande, redonda, muy bien concebida y mejor ejecutada. Para un servidor, la mejor obra de Nolan.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas