Andrés Amorós durante una conversación en El Debate
Entrevista al historiador literario
Andrés Amorós: «'La Odisea' expresa como pocas obras la complejidad del ser humano»
Ante el estreno de la película de Christopher Nolan, el escritor reivindica la vigencia del poema homérico y defiende que toda adaptación de un clásico debe ser fiel «a su espíritu y no a su letra»
Pocas obras han sobrevivido al paso de los siglos con la fuerza de La Odisea. Casi tres mil años después de que Homero relatase el regreso de Ulises a Ítaca, el poema sigue hablando del viaje, del amor, de la familia, de las tentaciones, del destino y de la búsqueda de uno mismo. Buena parte de la literatura occidental nace entre sus versos y todavía hoy continúa ofreciendo nuevas lecturas a cada generación.
Su vigencia vuelve a ponerse de manifiesto con el estreno de la adaptación cinematográfica de Christopher Nolan, una de las películas más esperadas de los últimos años. El director británico se enfrenta ahora al reto de trasladar a la gran pantalla no sólo una historia universal, sino también la grandeza de uno de los mitos fundacionales de nuestra cultura.
Matt Damon y Zendaya, en una imagen de La odisea, de Nolan
Existen pocas personas mejor situadas para reflexionar sobre ello que Andrés Amorós. El escritor, catedrático y crítico literario reivindica la actualidad del poema homérico, advierte de que toda adaptación debe ser fiel «a su espíritu y no a su letra». Porque, como recuerda, el viaje de Ulises es también el nuestro.
—¿Está La Odisea al alcance de cualquier lector hoy en día o existe un cierto prejuicio hacia los clásicos?
—Existe un prejuicio hacia los clásicos, claro que sí. Ahora bien, hay que recordar que La Odisea es uno de los libros fundamentales de la literatura universal. Es como El Quijote o algunos dramas de Shakespeare. Ahí está toda la literatura. Es un tesoro de historias, de temas, de sugerencias y de personajes.
Si me pregunta de cara al lector medio, probablemente le aconsejaría no leer La Odisea completa e íntegra, porque quizá le resulte algo dura, sino una adaptación un poco modernizada. Lo mismo sucede con El Quijote. Yo recomiendo que El Quijote, Shakespeare o La Odisea los leamos desde niños, pero en adaptaciones infantiles; después, en otras adaptaciones y, finalmente, cuando ya se tiene un cierto nivel cultural, en su versión completa.
Portada de 'La odisea' de Homero
Si la adaptación está bien hecha, yo la defiendo muchísimo. Puede simplificarse un poco el lenguaje o algunos episodios, porque además es una obra larga y compleja. Se puede leer perfectamente una adaptación. El problema no está en adaptarla, sino en hacerlo mal. Si está mal hecha es un desastre, pero si está bien hecha no veo ningún inconveniente.
Otra cosa distinta es el problema general de la adaptación y la modernización de los clásicos. El crítico de música de El Debate, César Wonenburger, está denunciando continuamente, y con más razón que un santo, la frivolidad de muchos directores de teatro y de ópera que quieren hacerse famosos modernizando absurdamente las obras y sacándolas de quicio. Hace poco, por ejemplo, me encontré una representación de La Bohème situada en un laboratorio psiquiátrico porque Mimì era una loca y los demás personajes eran psiquiatras. Eso es traicionar absolutamente el espíritu de la obra. Hoy es frecuentísimo ver montajes en los que todos los personajes van vestidos de Hitler o de soldados contemporáneos sin ningún sentido.
El problema no es modernizar un clásico, sino hacerlo con talento y con honestidad.
—¿Qué espera de la nueva adaptación cinematográfica de La Odisea?
—En toda adaptación de un clásico hay varias cosas fundamentales. La primera es ser honestos y decir la verdad. Cuando yo escribí el libreto de una ópera pusimos expresamente «basada libremente en el mito quijotesco». El espectador tiene que saber que eso no es el Quijote de Cervantes, sino una obra inspirada libremente en él.
A partir de ahí, lo fundamental es ser fiel al espíritu y no a la letra. Ese es el gran tema. Esto no son matemáticas. Hay que tener mucho talento para meterse con una obra como La Odisea y ser capaz de mantener intacto su espíritu.
Andrés Amorós durante la presentación del libro
Christopher Nolan me parece un director fantástico. Ahora bien, por lo que he leído hay algunas cosas que me preocupan. Una de las pestes de la incultura actual son determinadas tonterías woke. ¿A qué me refiero? El lenguaje, por ejemplo, se puede modernizar suavemente, claro que sí, pero sin que chirríe. Se están quejando de que Telémaco llame «papá» a Ulises. Hombre, sería mejor «padre», pero tampoco me parece lo más importante si se mantiene el tono general de la obra.
Eso es lo verdaderamente fundamental. Si el tono de La Odisea es épico y elevado, no puedes empezar a introducir palabrejas actuales, expresiones vulgares o coloquialismos que rebajen ese tono. El gran peligro de las adaptaciones es precisamente perder la grandeza del mito.
Que una actriz negra interprete a un personaje para satisfacer determinadas exigencias ideológicas no tiene sentido. No lo digo por prejuicio alguno, sino porque hemos llegado a ver en televisión una reina Isabel de Inglaterra negra rodeada de nobles negros. Eso choca tanto con la realidad histórica que termina restándole verosimilitud a la obra, y la verosimilitud es muy conveniente para que el espectador se crea todo lo que sucede.
Lo fundamental es mantener el tono épico y heroico y no degradar la grandeza del mito. La Odisea es una de las fuentes fundamentales no sólo de la literatura occidental, sino de toda nuestra cultura. Eso es lo que espero de cualquier adaptación cinematográfica.
—Si tuviera que resumir La Odisea en unas pocas palabras para alguien que nunca la ha leído, ¿cómo definiría el mito de Ulises?
—Es que no es un mito, sino muchos mitos. El fundamental es el viaje. Así como la Ilíada es la guerra, La Odisea es el viaje. Por un lado, el viaje histórico por el Mediterráneo, algo interesantísimo además para nosotros, porque por ahí nos ha llegado gran parte de nuestra cultura. Ahí están hombres y dioses enfrentándose continuamente.
Pero también es el viaje interior, y eso es fundamental. Dice san Agustín: «No quieras ir lejos, en el interior del hombre habita la verdad». Ulises está volviendo a casa, pero también está encontrándose a sí mismo. Son mitos fundamentales. Por eso Joyce se inspira libremente en La Odisea y también, aunque sorprenda a algunos, Luces de bohemia, de Valle-Inclán, o Adán Buenosayres, de Marechal. Por eso Cunqueiro escribe Las mocedades de Ulises. Es un mito complejísimo y riquísimo.
Otro gran mito es la vuelta a Ítaca, el regreso al hogar, al amor, a las raíces, a la familia y al matrimonio. El poema más conocido sobre ello es el de Kavafis: «Cuando salgas hacia Ítaca, pide que el camino sea largo, lleno de aventuras y de descubrimientos». Y continúa diciendo que no temas a los lestrigones ni a Poseidón si no los llevas dentro de tu corazón. Fíjese qué idea tan extraordinaria: Ítaca te dio un hermoso viaje.
Dibujos sobre la 'Ilíada' y la 'Odisea', conservados en el MET Museum de Nueva York
Otro mito fundamental es la astucia frente a la fuerza bruta. Siempre se ha hablado del astuto Ulises. En definitiva, es también el modelo del pícaro. Está igualmente la lucha contra el mar y las adversidades, hasta el punto de que podríamos decir que La Odisea es la primera gran novela del mar.
Y aparece además la hibris, la desmesura o la arrogancia. El gran peligro del hombre inteligente es caer en el exceso de arrogancia. Ulises consigue vencer al cíclope Polifemo con su inteligencia y, si no recuerdo mal, Nietzsche decía que los dioses, cuando quieren perder a los hombres, los ciegan primero. Qué reflexión tan extraordinaria y tan actual. Si me creo demasiado importante o soy demasiado vanidoso, acabaré ciego y me caerá inexorablemente el castigo del destino.
También están las sirenas y las tentaciones. Es precioso el episodio en el que Ulises se hace atar al mástil para escucharlas. Es el atractivo de lo prohibido, el atractivo del pecado, digámoslo así, pero sabiendo que uno no debe dejarse arrastrar por él.
Matt Damon en la película La Odisea
Podríamos hablar del caballo de Troya, de Eneas y Dido, de la hospitalidad, de la paternidad o de la fascinación que ejerce Circe. Es verdaderamente uno de los grandes tesoros de la literatura universal.
Se ha dicho muchas veces —aunque el planteamiento sea un disparate— que si hubiera que salvar un solo libro de toda la literatura universal habría que elegir uno. Yo me inclinaría por El Quijote, naturalmente, y además como español. Pero después situaría La Odisea entre los primeros puestos, junto con algunas tragedias de Shakespeare.
No sólo es una obra escrita maravillosamente bien —ni siquiera sabemos con certeza quién fue Homero—, sino que lo verdaderamente importante es la riqueza con la que expresa la complejidad del ser humano.
—¿Por qué cree que La Odisea sigue teniendo vigencia casi tres mil años después de ser escrita?
—Porque todo esto es absolutamente actual. Cuenta una historia que trasciende completamente la época en la que fue escrita. Todos vivimos un viaje. La vida es un camino. Ahí está Antonio Machado: «Y cuando llegue el día del último viaje, y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, me encontraréis a bordo ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar».
La Odisea habla de la vida y de la muerte, de la aventura, del deseo de descubrir nuevas cosas y de los riesgos que ello conlleva. Habla del amor, de la fidelidad, de la hospitalidad, de la paternidad y de esos dioses malvados que se conjuran contra nosotros y a los que debemos saber resistir.
También nos enseña que cada uno ha de construir su destino con talento, inteligencia e ingenio. Siendo la Ilíada una obra maravillosa, creo que La Odisea es mucho más actual. Yo no voy a la guerra ni espero ir nunca, pero sí me identifico con el gran tema del viaje, del regreso, de las raíces y de la búsqueda de aquello que constituye nuestra fuente fundamental: la familia, el amor y los hijos.
Son cosas con las que seguimos identificándonos todos casi tres mil años después de que Homero las escribiera.