Vista del buque de guerra Vasa

Vista del buque de guerra Vasa

Vasa, el espléndido buque de guerra sueco que se hundió tras su botadura y emergió de las aguas 300 años después

El 10 de agosto de 1628, el espléndido navío real Vasa se hundió tras su primer recorrido en apenas trescientos metros. Actualmente, su museo es uno de los más visitados por los turistas en Estocolmo a los que acerca al siglo XVII europeo

Bajo el reinado de Gustavo Adolfo II, los primeros éxitos militares suecos en la guerra de los Treinta Años (1618-1648) vaticinaron un futuro glorioso para el reino nórdico en la escena internacional del norte de Europa.

Pero, para emprender la expansión de su reino, Gustavo Adolfo necesitaba también una fuerte Armada, constituida sobre todo por grandes buques, modernos y bien armados, tan aptos para la defensa de los puertos suecos como para facilitar el traslado de tropas.

Además, el bloqueo de fortalezas enemigas, en muchos casos, requería una hábil combinación de las fuerzas de mar y de tierra.

Desembarco de Gustavo II Adolfo en Alemania

Desembarco de Gustavo II Adolfo en Alemania

Gustavo Adolfo heredó de su padre una flota muy numerosa, pero formada sobre todo por navíos pequeños, dotados de armamento ligero y en un estado muy mediocre. Algunos incluso habían sido construidos en los tiempos de su abuelo, Gustavo Vasa.

Por todo ello, los astilleros suecos comenzaron una tarea febril, sobre todo después de reunirse en 1624 los principales almirantes suecos con dos constructores holandeses que fueron contratados para dirigir el programa de trabajo en las Reales Atarazanas de Estocolmo.

El rey deseaba empezar con dos grandes buques, pese a que también había mandado construir dos pequeños. En 1626, los holandeses manifestaron que la madera que tenían cortada no era viable para un barco del tamaño del primero de esos grandes buques, el Vasa.

Obligados por los deseos del rey, los constructores no tuvieron más remedio que alargar considerablemente una quilla de 38 metros. Esta chapuza afectaría negativamente a las cualidades marineras del barco en el futuro. Otro inconveniente fue una serie de cambios estructurales impuestos en el último momento que resultaron desastrosos para el barco de dos cubiertas, con una eslora total de casi 70 metros y una altura de 20 metros en su gran castillo de popa.

El Vasa fue botado a mediados de 1626 y se procedió a completar su aparejo y a decorar el barco con multitud de esculturas de madera que fueron llamativamente pintadas con vivos colores. En febrero de 1628 se consideró acabado el barco y, dos meses más tarde, se cargaron los cañones, las provisiones, el lastre y diversos materiales.

Vista del buque de guerra Vasa

Vista del buque de guerra Vasa

Era el orgullo de la Armada sueca por su tamaño y su desplazamiento de 1.250 toneladas, con una superficie de 1.275 metros cuadrados. Su capacidad bélica estaba asegurada con 14 cañones ligeros y 45 pesados, 145 marineros y 300 soldados.

Pero cuando se realizaron pruebas de bandazos, presentó indicios de inestabilidad, pese a lo cual, el 10 de agosto, el Vasa emprendió su primer y último viaje. A las tres de la tarde zarpó de los muelles de Estocolmo hacia Alysnabben, una isleta del archipiélago cercano a la capital. Puso rumbo al este, izó cuatro velas y disparó dos de sus cañones a modo de salva.

Pero, al recibir una racha de viento sur, el poderoso navío se estremeció. Un nuevo golpe de viento, ya en aguas abiertas, hizo que el barco escorase a babor de forma alarmante. La tripulación logró dominarlo, pero una tercera ráfaga lo inclinó nuevamente a babor tan acusadamente que el agua empezó a entrar por las troneras inferiores. El buque se hundió con gran parte de su velamen aparejado y las banderas al viento tras navegar apenas trescientos metros.

Los intentos de reflotar el Vasa fueron inútiles, al hundirse a una profundidad de 32 metros. Tan solo se pudo colocar en posición vertical sobre la quilla. Durante los siguientes cincuenta años, buzos y aventureros trataron de rescatar objetos valiosos como los cañones de bronce, áncoras y esculturas. Con el tiempo, su recuerdo se diluyó y se dejó de saber dónde se había hundido.

El 29 de agosto de 1920, un artículo del historiador Nils Ahnlund determinó el lugar donde se encontraba el buque, lo que fue básico para que en 1956 el arqueólogo Anders Franzén intentara sacarlo a flote, algo que consiguió en el verano de 1961 mediante un esfuerzo conjunto de la Armada y de la compañía privada Neptunbolaget.

Tras colocarlo en un dique seco, un primer inventario permitió averiguar que todavía conservaba unos 20.000 objetos de interés histórico. Los submarinistas y técnicos recuperaron unas 14.000 piezas sueltas de madera. El navío y sus distintos elementos se conservaron por separado, restituyéndose luego las piezas a la manera de un gigantesco rompecabezas. El buque fue trasladado a un astillero donde prosiguieron las tareas de recuperación y restauración.

Actualmente, el Vasa es la nave del siglo XVII en mejor estado de conservación del mundo. Se exhibe en un museo construido especialmente para ella en la capital sueca. Este tesoro artístico único está compuesto en un 98 % por piezas originales y cuenta con centenares de esculturas talladas.

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