El precipitado fin de la guerra que no pudo ser
Prieto tratará de utilizar a José Antonio durante la guerra y a lo largo de su vida como elemento desestabilizador del bando vencedor
José Antonio Primo de Rivera
Hace 90 años, un 8 de agosto de 1936, desde la celda 73 que ocupaba en la prisión de Alicante, José Antonio Primo de Rivera, Jefe de Falange Española, hizo llegar a Diego Martínez Barrios –presidente de las Cortes Republicanas y de la Junta Delegada del Gobierno de la República para la región de Levante– una solicitud de entrevista para ofrecerse a intermediar en pro de la finalización de la guerra civil.
El presidente de la Cortes, de visita en Alicante, informó de la solicitud al presidente del Gobierno, José Giral y el gobierno republicano decidió enviar a la entrevista a Leonardo Martín Echevarría, secretario de la Junta que presidía Martínez Barrios.
La propuesta de José Antonio no fue tenida en cuenta por el gobierno republicano. El motivo del rechazo es objeto de una polémica no resuelta entre los historiadores. Para unos el gobierno republicano estaba seguro de ganar la guerra y no necesitaba de intermediarios, para otros era parte de la estrategia de defensa del líder falangista ante un juicio que aún tardaría en comenzar. José Antonio ya había preparado unas notas para esa reunión sobre las que luego volveremos.
Días antes de cumplirse la efeméride de esta petición de entrevista que pudo cambiar la historia reciente de España, el gobierno de Pedro Sánchez ha renovado la orden de borrar su nombre.
Los vestigios del nombre de José Antonio que todavía permanecen en algunos muros de iglesias y catedrales deberán desaparecer. Noventa años después de su fusilamiento, el fundador de Falange –una de las víctimas la Guerra Civil según reconoció el Tribunal Supremo– vuelve ocupar un espacio en el debate de esta España rodeada de incendios que parece vivir espalda contra espalda su Historia.
Mientras obispos, abades y abadesas reciben instrucciones para llenar las piedras de olvido, acaba de publicarse la transcripción de su diario «secreto», recuperado por el periodista José Antonio Martín Otín. En sí misma, la publicación ya es una contribución a la Historiografía.
La magnitud del diario
Si la andadura política del líder falangista comienza la mañana del 24 de mayo de 1933 con la fundación del Movimiento Sindicalista Español y se quiebra el 20 de noviembre de 1936 ante un pelotón de fusilamiento, el cuaderno rescatado por Martín Otín abarca un 2,2 % de ese periplo.
Un suspiro de días y todos previos a su traslado de Madrid a Alicante el 5 de junio vulnerando la ley procesal por orden del Director General de Seguridad, Alfonso Mallol alto funcionario del Gobierno de Casares Quiroga. Una acción ilegal y punible como señala el historiador Francisco Torres.
Lo que tenemos de nuevo plantea cinco preguntas, alguna de las cuales permiten una respuesta novedosa.
¿Traslado de Madrid a Alicante?
Hay dos respuestas antagónicas a la primera pregunta. La primera es que el gobierno consideraba a José Antonio y a su hermano Miguel parte del núcleo civil urdidor de la conspiración ubicado en Madrid y decide apartarlos actuando de la misma forma que lo hace con significados mandos militares.
Para el gobierno, José Antonio es un actor relevante. Además, así lo alejan de la jurisdicción que lo ha de juzgar dificultando el contacto con sus abogados defensores, primero el ex Ministro Republicano, Melquiades Álvarez y luego Manuel Sarrión. Ambos acabarán asesinados antes del juicio.
Escribía Bergamín: Madrid se había convertido en una ciudad fantasma al anochecer
La segunda interpretación es que su amistad con Azaña e Indalecio Prieto les mueve a estos a vulnerar la ley y trasladarlo a Alicante ante el riesgo de ser asesinado en alguna de las sacas nocturnas.
Escribía Bergamín: «Madrid se había convertido en una ciudad fantasma al anochecer. No luchaban ya hombres contra hombres por ideas; eran las sombras de los hombres las que se perseguían a tiros por las esquinas. Un odio ciego y abstracto lo llenaba todo: la muerte no tenía rostro, era solo el estampido de un disparo en la oscuridad, la huida de una sombra hacia la nada y otra sombra cayendo sobre el adoquín. España jugaba a las cuatro esquinas con su propia muerte.»
¿La protección de Azaña, Prieto y otros líderes republicanos fue real y efectiva?
La respuesta es sí, con importantes matices. En esta cuestión se mezclan los afectos personales con el cálculo político. El paroxismo de la protección de la vida de José Antonio se alcanza en el motín que se produce en la cárcel de Alicante el 2 de agosto de 1936, seis días antes de su ofrecimiento mediador.
Los políticos republicanos Agustín Mora y el citado Alfonso Mallol avisaron al gobierno del propósito de los amotinados –socialistas, comunistas y anarquistas– de «dar el paseo» a José Antonio.
Prieto tratará de utilizar a José Antonio durante la guerra y a lo largo de su vida como elemento desestabilizador del bando vencedor
El luego ministro Carlos Esplá avisó a Indalecio Prieto (que no ocupaba cargo alguno en el gobierno, pero sí gran influencia en el PSOE), José Giral (presidente del Gobierno) y Manuel Azaña (Jefe del Estado) y consiguieron evitar el asesinato. Si lo hicieron por amistad o por el valor de cambio del preso ya es otra cosa.
Prieto tratará de utilizar a José Antonio durante la guerra y a lo largo de su vida como elemento desestabilizador del bando vencedor. Inmediatamente después de su fusilamiento, Prieto envió a Alicante a Progreso Vergara, hombre de su confianza para entrevistarse con Miguel Primo de Rivera e indagar en la posible oposición de su hermano a los sublevados. Prieto conservó los «papeles de José Antonio» pero fue filtrando a la prensa todos aquellos que pudieran sembrar discordia en el franquismo.
No es posible saber si destruyó alguno de los documentos que retuvo como ya se hizo en la cárcel de Alicante con parte de los que había preparado José Antonio para su defensa para así dificultársela.
También se destruyeron o hicieron desaparecer parte de los documentos de su proceso. Martín Otín advierte que desaparecieron tanto parte de estos documentos como los de Azaña que coinciden con los días en que ambos políticos pudieron mantener el último contacto.
Lo que sí es cierto es que Prieto manipuló las notas que José Antonio había preparado para la entrevista con Leonardo Martín dándole forma de manifiesto crítico contra la sublevación y poniéndole como fecha el 5 de noviembre, quince días antes del fusilamiento. Volveremos sobre este documento.
Azaña, por su parte, impulsó la ilegalización de Falange en mazo de 1936 como gesto de apaciguamiento en el seno del Frente Popular en el que había una guerra abierta entre los republicanos moderados y los revolucionarios.
La ilegalización fue luego anulada definitivamente por el Tribunal Supremo el 5 de junio; la fecha en la que se ordenó el traslado a Alicante. A pesar de sus acciones hostiles, José Antonio apoyará en sendos artículos a Prieto y Azaña en la pugna intestina del Frente Popular para mantener el orden republicano evitando una deriva hacia lo que hoy llamaríamos extrema izquierda.
Finalmente, están documentados los contactos de José Antonio con dirigentes de la CNT y el propio Ángel Pestaña y su grupo. La coincidencia que pudiera haber entre los dirigentes en aspectos de sus programas políticos no impidió, en absoluto, la actuación anarquista en la activación del juicio, condena y ejecución de José Antonio.
Naturalmente esto implica una absoluta vulneración del Estado de Derecho. La actuación anarquista fue determinante desde que Largo Caballero se hizo cargo del gobierno el 4 de septiembre y nombró al anarquista García Oliver, Ministro de Justicia.
José Antonio ¿contra o pro sublevación?
La publicación del Diario «secreto» ha vuelto a poner sobre el tapete la disposición de José Antonio ante la sublevación. Su posición se ha interpretado a partir de tres textos escritos desde su presidio en Alicante muy próximos en el tiempo a la sublevación; una circular a los dirigentes falangistas de 24 de junio, otra del día 29 y un manifiesto del mismo día 17 de julio en el que el ejército se rebela en África.
Los tres textos son propicios a una sublevación quirúrgica, con severos matices, pero no contemplan una guerra civil
Los tres textos son propicios a una sublevación quirúrgica, con severos matices, pero no contemplan una guerra civil. Sin embargo, parte de la historiografía duda de la autoría del tercer escrito, determinante para fijar la posición última de Falange. En esta misma línea se sitúa la nueva obra de Martín Otín.
Hasta ahora no se ha realizado ningún análisis estilométrico forense que compare de forma sistemática los rasgos lingüísticos de los tres textos para determinar hasta qué punto son compatibles con una misma autoría.
Este análisis estudia aquellos hábitos de escritura que tienden a repetirse de manera relativamente inconsciente y que, conjuntamente, pueden configurar una especie de «huella estilística» del autor.
El análisis examina la estructura y longitud de las oraciones, el predominio de coordinación o subordinación y de voz activa o pasiva; la riqueza y selección del vocabulario, las muletillas, la adjetivación y el registro; los patrones de puntuación y tipografía; los conectores utilizados; y recursos expresivos como metáforas, paralelismos, anáforas o ironías.
En definitiva, no se busca una coincidencia aislada, sino la convergencia de múltiples marcadores estilísticos que permiten llegar a una conclusión.
Una matriz de coincidencias y otra de discrepancias posteriormente permiten confrontan esos rasgos del análisis estilométrico valorando además si las diferencias detectadas pueden explicarse por factores ajenos a la autoría, como el género del documento, su destinatario, la finalidad comunicativa o el momento histórico en que fue escrito.
El resultado es una evaluación probabilística pero no una identificación categórica, esto es, se determina si la hipótesis de autoría común presenta una compatibilidad muy alta, alta, moderada, baja o muy baja.
Cuatro herramientas de IA nos ayudan a esclarecer la cuestión. Los análisis de Gemini, ChatGPT y Copilot convergen ampliamente en considerar que los tres textos presentan una elevada compatibilidad estilística. También lo hace Claude.
Entre los rasgos compartidos destacan la sintaxis normativa y frecuentemente subordinada, el empleo de fórmulas categóricas de obligación o prohibición, las construcciones negativas y antitéticas, así como un léxico político e ideológico muy homogéneo. También se repiten recursos más específicamente retóricos, como los paralelismos, las anáforas, las enumeraciones y las tríadas.
Gemini califica la probabilidad de autoría compartida como muy alta, mientras ChatGPT estima una compatibilidad muy alta entre los textos del 24 y 29 de junio (90–95 %) y alta entre estos y el texto del 17 de julio (75–85 %).
¿Qué hace un promotor de la sublevación ofreciéndose a mediar entre los sublevados y el gobierno de la República?
Partamos de que en agosto el golpe quirúrgico ha fracasado y estallado la guerra. Hay quien atribuye el ofrecimiento a una acción que busca un atenuante en una posible condena a muerte a pesar de que su juicio ni ha comenzado ni lo hará.
No hasta noviembre una vez que el gobierno del Frente Popular pase a estar controlado por la triada revolucionaria de los partidos socialista, comunista y la participación anarquista.
El auxilio de los falangistas lo fue en favor de quienes recibieron la encomienda de restaurar el orden legal
La tesis del oportunismo buscando escapar del pelotón de fusilamiento se desmiente por el comportamiento previo de José Antonio y de Falange en, al menos, cuatro momentos críticos de la Segunda República.
El primero es la manifestación espontánea en Madrid el 7 de octubre de 1934 en favor de la unidad de España como reacción a la proclamación el día anterior del Estado Catalán por Luis Companys. El segundo fue días después con el auxilio que prestan los falangistas en la revolución de Octubre de 1934 en Asturias.
El auxilio de los falangistas lo fue en favor de quienes recibieron la encomienda de restaurar el orden legal. Por ejemplo, la actuación del falangista Ángel Alcázar de Velasco salvando el tesoro de la catedral de Oviedo con la urna bajo un brazo y una metralleta en la otra permitiría en 1966, que el Sudario de Oviedo que custodiaba se relacionase científicamente con la Sábana Santa por Mons. Giulio Ricci.
La tercera acción en la que se manifiesta la prioridad joseantoniana por el orden legal es precisamente la que recoge el inicio del Diario que publica Martín Otín; el ofrecimiento de la Falange a Portela Valladares que realiza el 13 de marzo. Téngase en cuenta que, aunque Portela ha entregado el poder a Azaña en esa fecha, las Cortes no se constituirían hasta tres días después.
La cuarta acción fue apoyar públicamente a Prieto y a Azaña en la formación de Gobierno. El primero se lo pagará manipulando sus escritos y el segundo promoviendo la ilegalización de la Falange para satisfacer al sector revolucionario del Frente Popular.
Azaña devolverá el favor ilegalizando a la Falange tras el atentado contra el catedrático Jiménez de Asúa cometido, y en esta línea se sitúa Martín Otín, en respuesta al asesinado de dos de sus alumnos, uno falangista y otro tradicionalista a señalamiento de profesor.
¿Entonces el manifiesto de 5 de noviembre contrario a la sublevación?
El último uso que Prieto hace de José Antonio es compendiar parte del material que le ha sido requisado o ya es conocido para presentarlo como un Manifiesto político mostrando un abierto disenso con el bando sublevado. Un Manifiesto al que pone fecha de 5 de noviembre, catorce días antes de su testamento definitivo y muerte.
El manifiesto lo construye a partir de tres textos; un guion para un manifiesto político inconcluso y programa de Frente Nacional, una propuesta de solución política y una lista de Gobierno de salvación nacional. El análisis estilométrico respalda la autoría de los textos por José Antonio.
A pesar de fecharlo el 5 de noviembre, se trata de los documentos que José Antonio preparó a comienzos de agosto para su entrevista con Martín Echevarría. Así lo reconoció el propio Martínez Barrios en un texto publicado en París en 1978 pero excluido de sus memorias tal y como recoge el historiador Francisco Torres.
No fue posible la paz. Por menosprecio o por sobrestimación de fuerza
Los documentos fueron examinados y descartados por el gobierno republicano en el propio mes de agosto. Habían levantado preocupación en el Cuartel General de Burgos y de ahí el telegrama enviado por Franco el 19 de octubre ordenando que, en caso de ser liberado José Antonio, fuese retenido hasta que no se informase de su estado.
Los textos eran abiertamente críticos con la visión conservadora de la política, con el orden económico vigente y con el uso de las milicias falangistas como fuerzas de choque de las derechas. Ideas incómodas, pero sobradamente conocidas.
No fue posible la paz. Por menosprecio o por sobrestimación de fuerza, la intermediación acabó ahogada en similares adioses a los que se imponen a las piedras donde se esculpió su nombre.
- José Manuel Cansino es Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla. Coautor de José Antonio y la Economía