Manifestantes marroquíes en la Marcha Verde portando ejemplares del Corán, el 6 de noviembre de 1975
La Marcha Verde: 350.000 personas, un Franco agonizante y la retirada de España del Sáhara
En noviembre de 1975, mientras España afrontaba la agonía de Franco y el relevo político, Marruecos impulsó la Marcha Verde sobre el Sáhara español. Medio siglo después, aquel episodio sigue pesando en las relaciones entre Madrid y Rabat
6 de noviembre de 1975. Francisco Franco agoniza en el hospital de La Paz de Madrid y España contiene la respiración ante el final de una dictadura de casi cuarenta años. A más de 1.700 kilómetros, en la frontera del Sáhara español, decenas de miles de marroquíes comienzan a avanzar hacia un territorio que España administra desde finales del siglo XIX. No llevan fusiles. Muchos portan banderas marroquíes, retratos del Rey Hassan II y ejemplares del Corán.
Son la avanzadilla de las alrededor de 350.000 personas movilizadas por Marruecos para participar en la que pasaría a la historia como la Marcha Verde. España tiene tropas desplegadas y puede detenerlos, pero hacerlo supone abrir un conflicto con población civil mientras Franco se muere y el país se prepara para una sucesión política de consecuencias imprevisibles. Hassan II lo sabe y mueve ficha.
Un Sáhara español
Para entender lo ocurrido hay que retroceder. España había establecido su presencia en la costa sahariana a finales del siglo XIX y, en 1958, reorganizó el territorio convirtiéndolo administrativamente en provincia española. Pero esa consideración dentro del ordenamiento español no resolvía su situación internacional.
Las Naciones Unidas consideraban el Sáhara Occidental un territorio pendiente de descolonización y defendían el derecho de su población a decidir su futuro. Mientras España comenzaba a plantearse una salida del territorio, Marruecos sostenía que el Sáhara formaba históricamente parte del reino marroquí.
Mauritania formulaba también sus propias reivindicaciones y la cuestión terminó llegando a la Corte Internacional de Justicia de La Haya. Este es uno de los episodios más interesantes de esta historia porque el dictamen del 16 de octubre de 1975 permitió lecturas políticas muy diferentes.
La Corte concluyó que el Sáhara Occidental no era terra nullius –un territorio sin dueño– cuando comenzó la colonización española, pero también reconoció que habían existido determinados vínculos jurídicos de subordinación entre el sultán de Marruecos y algunas tribus del territorio, así como vínculos con el denominado complejo mauritano.
Y añadió algo decisivo: no había encontrado vínculos de soberanía territorial que alterasen la aplicación del principio de autodeterminación mediante la expresión libre y genuina de la voluntad de los habitantes del territorio. ¿Qué significaba esto? Pues que Hassan II convirtió aquella resolución en una oportunidad política y ese mismo día anunció que Marruecos marcharía sobre el Sáhara.
350.000 personas hacia la frontera
El Rey llamó a sus súbditos a participar en una movilización civil masiva. Unas 350.000 personas fueron organizadas y trasladadas hacia el sur de Marruecos. La operación tenía una enorme fuerza simbólica, ya que, frente a un ejército convencional, no avanzaban tanques, sino hombres y mujeres desarmados.
Una respuesta militar española habría provocado imágenes difíciles de asumir internacionalmente: soldados disparando contra civiles. Pero detrás de aquella apariencia pacífica existía una estrategia política perfectamente definida: modificar la situación sobre el terreno y obligar a España a negociar.
El momento elegido difícilmente podía ser más favorable para Hassan II. Franco había sufrido una grave crisis de salud en octubre y el 30 de ese mes el entonces Príncipe Juan Carlos había asumido interinamente la Jefatura del Estado. España tenía que gestionar simultáneamente la agonía del régimen, la sucesión y una crisis internacional en el norte de África.
Así que el 6 de noviembre comenzó la Marcha Verde y los civiles marroquíes penetraron en el Sáhara español. La tensión era enorme. España había desplegado tropas y preparado posiciones defensivas, pero la decisión política fue evitar un enfrentamiento abierto.
La Marcha Verde no necesitaba conquistar militarmente el Sáhara para cumplir su objetivo, bastaba con demostrar que Marruecos estaba dispuesto a elevar el coste de que España permaneciera allí.
España negocia su salida
Solo ocho días después, el 14 de noviembre de 1975, España, Marruecos y Mauritania firmaron en Madrid la denominada Declaración de Principios sobre el Sáhara Occidental, conocida habitualmente como los Acuerdos de Madrid. En ella España se comprometía a poner fin a su presencia en el territorio. Se establecía además una administración temporal en la que participarían Marruecos y Mauritania junto con la Yemaá, la asamblea saharaui. La retirada española debía completarse antes del 28 de febrero de 1976. Y sucedió que seis días después de la firma, el 20 de noviembre, murió Franco.
La coincidencia temporal explica buena parte de la rapidez con la que se desarrollaron los acontecimientos, aunque reducir todo lo ocurrido únicamente a la enfermedad del dictador sería simplificar un proceso en el que confluyeron la presión marroquí, la descolonización, los intereses internacionales, las divisiones dentro de la propia Administración española y el futuro político inmediato de España.
La documentación diplomática permite, además, observar que no todos compartían la misma posición. El ministro de Asuntos Exteriores, Pedro Cortina Mauri, y el representante español ante Naciones Unidas, Jaime de Piniés, estuvieron entre quienes se opusieron a la forma en que se produjo la retirada. Estudios de la propia Escuela Diplomática recogieron el malestar existente entre diplomáticos que conocieron decisiones fundamentales cuando prácticamente estaban tomadas.
El problema no terminó en 1975
La retirada de España no solucionó, ni de lejos, la cuestión saharaui, ya que Marruecos ocupó la parte norte del territorio y Mauritania la meridional. El Frente Polisario, creado en 1973, defendía la independencia y proclamó en 1976 la República Árabe Saharaui Democrática.
Mauritania abandonaría posteriormente sus reivindicaciones sobre el territorio y Marruecos pasó a controlar la mayor parte del Sáhara Occidental, pero la cuestión de fondo continuó abierta. Naciones Unidas reafirmó después de los Acuerdos de Madrid el derecho de la población del Sáhara Occidental a la libre determinación.
Y ahí está una de las claves para comprender por qué medio siglo después seguimos hablando del Sáhara.
La Marcha Verde fue un éxito político inmediato para Hassan II porque consiguió alterar la situación sin desencadenar una guerra abierta con España y aceleró la retirada española, pero no resolvió jurídicamente el futuro del territorio.
Una historia que todavía pesa
Han pasado más de cincuenta años y aquel episodio continúa proyectándose sobre las relaciones entre España y Marruecos. La Marcha Verde permite comprender además una característica fundamental de la política exterior marroquí hacia España durante la segunda mitad del siglo XX: la combinación de reivindicaciones territoriales, presión diplomática, movilización política y aprovechamiento de momentos de debilidad o incertidumbre del interlocutor.
Eso no significa que cada crisis entre Madrid y Rabat sea una repetición de 1975. Las circunstancias históricas son distintas y establecer equivalencias automáticas sería hacer precisamente aquello que los historiadores debemos evitar, pero conocer aquel episodio ayuda a entender por qué el Sáhara sigue siendo uno de los asuntos más delicados entre ambos países.
En noviembre de 1975 España estaba pendiente de la habitación de un hospital madrileño mientras Hassan II miraba hacia el sur. El Rey marroquí comprendió que aquella ventana de oportunidad podía cerrarse pronto y decidió atravesarla con 350.000 personas. La Marcha Verde duró apenas unos días, pero sus consecuencias llegan hasta hoy. España abandonó definitivamente el territorio el 26 de febrero de 1976.
Hay además un detalle jurídico fundamental: los Acuerdos de Madrid no transfirieron a Marruecos ni a Mauritania la soberanía sobre el Sáhara ni les otorgaron la condición de potencias administradoras. Así lo estableció posteriormente la asesoría jurídica de Naciones Unidas.
El Sáhara Occidental continúa figurando hoy en la lista de Territorios No Autónomos de la ONU, en la que permanece desde 1963. En 1991 llegó el alto el fuego entre Marruecos y el Frente Polisario y Naciones Unidas creó la MINURSO, significativamente denominada Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental. Aquel referéndum de autodeterminación, sin embargo, nunca llegó a celebrarse por las discrepancias entre las partes sobre su aplicación. El alto el fuego, además, se rompió en 2020 y la misión continúa desplegada sobre el terreno.
Y todavía habría un último giro español. En marzo de 2022, Pedro Sánchez envió una carta a Mohamed VI en la que España pasó a considerar la propuesta de autonomía para el Sáhara presentada por Marruecos en 2007 como «la base más seria, creíble y realista» para resolver el conflicto.
Era un cambio relevante respecto a la posición mantenida hasta entonces por España, que había defendido una solución política acordada en el marco de Naciones Unidas sin decantarse expresamente por la propuesta marroquí. La carta pretendía, además, abrir una «nueva relación» con Rabat y evitar futuras crisis entre ambos países. El Sáhara volvía así, 47 años después de la Marcha Verde, a situarse en el centro de las siempre complejas relaciones entre España y Marruecos.
Y quizá ahí esté la verdadera dimensión de lo ocurrido en 1975: España se marchó del territorio, pero el problema nunca se marchó de España. Franco murió seis días después de los Acuerdos de Madrid. España comenzó una nueva etapa de su historia. El Sáhara, en cambio, quedó esperando la suya.