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Fuerzas auxiliares marroquíes vigilan este lunes la zona de la valla que separa Ceuta de Marruecos

Fuerzas auxiliares marroquíes vigilan este lunes la zona de la valla que separa Ceuta de MarruecosEFE

La fallida reclamación marroquí ante la ONU sobre Ceuta y Melilla antes de la Marcha Verde que se topó con la cruda realidad

A finales de enero de 1975, poco más de nueve meses antes de la Marcha Verde, Marruecos lanzó en Naciones Unidas una ofensiva diplomática que hoy apenas nadie recuerda

Mientras la atención internacional se concentraba en el incierto futuro del Sáhara español, Marruecos movía otra pieza en el tablero diplomático. Rabat llevó a Naciones Unidas una reclamación formal sobre Ceuta, Melilla y las restantes posesiones españolas del norte de África.

El 27 de enero de 1975, el representante marroquí ante la ONU registró el documento A/AC.109/475 ante el Comité de Descolonización. Con él pretendía que Ceuta, Melilla, el Peñón de Alhucemas, el Peñón de Vélez de la Gomera y las Islas Chafarinas fueran considerados territorios pendientes de descolonización y pasaran a formar parte de la agenda de Naciones Unidas.

Estrategia multilateral

La iniciativa no surgía de la nada. Formaba parte de una estrategia diplomática que llevaba meses desarrollándose. Apenas dos meses antes, en noviembre de 1974, Marruecos había logrado que la Asamblea General impulsara la consulta a la Corte Internacional de Justicia de La Haya sobre los vínculos históricos del Sáhara Occidental con Marruecos y Mauritania. El litigio estaba ya internacionalizado.

A comienzos de 1975 Rabat intentó ampliar el campo de batalla diplomático. El mensaje marroquí era que el problema de la descolonización española en el norte de África no terminaba en el Sáhara. Según la carta dirigida al Comité de los 24, los enclaves españoles constituían «los últimos vestigios de la ocupación colonial» en la costa mediterránea africana. Marruecos argumentaba además que la situación de Ceuta y Melilla era comparable a la de Gibraltar.

La campaña encontró rápidamente eco en África. En febrero de 1975, apenas unas semanas después de la presentación del memorándum en la ONU, la Organización para la Unidad Africana aprobó una resolución de apoyo a Marruecos. El texto expresaba la solidaridad de los Estados africanos con la reivindicación marroquí, apoyaba las pretensiones de Rabat sobre los enclaves españoles y reclamaba al Comité de Descolonización de Naciones Unidas que estudiara fórmulas para impulsar su descolonización. También instaba a España a abrir negociaciones con Rabat sobre estas cuestiones. La resolución demostraba que la iniciativa marroquí no constituía un gesto aislado, sino una pieza más de una estrategia diplomática coordinada en distintos foros internacionales.

Una iniciativa sin recorrido

Mientras tanto, la situación en el Sáhara español se deterioraba rápidamente. Entre mayo y junio la misión visitadora de Naciones Unidas recorrió el territorio para conocer las aspiraciones de la población saharaui. Al mismo tiempo aumentaba la actividad armada en la región. El Frente de Liberación y Unidad (FLU), organización impulsada desde Marruecos, intensificó las acciones violentas y los atentados contra intereses españoles y saharauis, contribuyendo a crear un clima de inestabilidad creciente en el territorio. Esta presión sobre el terreno complementaba la batalla diplomática que se estaba desarrollando en Nueva York.

En mayo, el propio presidente del Comité de Descolonización confirmó que el grupo de trabajo de la ONU estaba estudiando la reclamación marroquí sobre Ceuta y Melilla. Todo parecía indicar que se abría un nuevo frente diplomático para Madrid.

Sin embargo, el expediente nunca llegó lejos.

Durante el verano y el otoño de 1975 toda la atención internacional quedó absorbida por la cuestión saharaui. El informe de la misión visitadora de la ONU, el dictamen de la Corte Internacional de Justicia, la creciente tensión militar y finalmente la Marcha Verde desplazaron completamente la reclamación sobre las plazas norteafricanas.

La ONU jamás aceptó la tesis marroquí. Ceuta y Melilla no fueron incorporadas a la lista de territorios no autónomos y siguen sin figurar en ella más de medio siglo después.

La paradoja es evidente. Mientras Marruecos trató de presentar Ceuta y Melilla como enclaves coloniales pendientes de descolonización, Naciones Unidas nunca asumió esa interpretación. De hecho, Gibraltar continúa siendo el único territorio situado en Europa que figura en la lista oficial de Territorios No Autónomos de Naciones Unidas, donde permanece como un caso pendiente de descolonización. Ceuta y Melilla, por el contrario, nunca llegaron a ser incluidas en dicha relación.

Lecciones aprendidas

Pero la iniciativa de enero de 1975 conserva hoy un valor histórico singular. Demuestra que, mucho antes de la Marcha Verde, Hassan II estaba desarrollando una estrategia de presión multidimensional sobre España. El Sáhara era el objetivo prioritario, pero no el único. La reivindicación simultánea de Ceuta y Melilla revela hasta qué punto Rabat concebía la cuestión de la llamada integridad territorial como un expediente global que incluía tanto el Sáhara Occidental como las posesiones españolas del norte de África.

La historia adquiere además una resonancia especial a la luz de episodios recientes. La crisis migratoria vivida en Ceuta en fechas recientes ha devuelto al primer plano una reivindicación que nunca ha desaparecido completamente del discurso político marroquí. Medio siglo después de aquel memorándum presentado ante Naciones Unidas, las vías, los métodos y el contexto son radicalmente distintos. Sin embargo, la cuestión de Ceuta y Melilla continúa ocupando un lugar propio en la visión estratégica que Marruecos mantiene sobre la configuración territorial del Magreb.

Visto desde la perspectiva de medio siglo después, el expediente A/AC.109/475 constituye el primer gran intento moderno de internacionalizar la cuestión de Ceuta y Melilla ante las Naciones Unidas. También es uno de los episodios más olvidados.

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