Vista de una bandera de Marruecos

Vista de una bandera de MarruecosEuropa Press

Cuándo nació Marruecos: el debate histórico que está detrás de las reclamaciones sobre Ceuta y Melilla

La fecha de nacimiento de un Estado rara vez es una cuestión sencilla. En el caso de Marruecos, la historiografía ofrece distintas respuestas, pero el debate adquiere además una dimensión política

Aunque no lo parezca, precisar la fecha de nacimiento de un Estado es una cuestión extremadamente polémica y nada inocente. Incluso en aquellos países en donde, por un proceso de independencia, la fecha debería estar clara, aun así, no siempre lo es del todo.

Pongamos el caso de Panamá, por ejemplo. En el mes de las denominadas fiestas patrias, noviembre, celebran dos independencias. La de España y la posterior de Colombia. Algunos sostienen que Panamá existe como nación desde la primera, ya que, tras independizarse de España como entidad propia, voluntariamente decidió unirse a la Gran Colombia.

Otros entienden que nace el 3 de noviembre de 1903, pero en realidad el 23 de febrero de 1904 pierde parte de su territorio por los tratados Hay-Bunau-Varilla, territorio que recupera el 31 de diciembre de 1999, hechos que, eventualmente, podrían tener trascendencia fundacional.

Si para un Estado como el panameño existen discusiones académicas, imaginémonos el caso de los países europeos y, más complejo aún, el de ciertos países del Magreb, en donde, hasta épocas muy modernas, se regían por estructuras tribales bajo el paraguas de potencias europeas.

En el caso de España, algunos retrotraen su nacimiento a la reforma de Diocleciano en pleno Imperio romano, donde la diócesis de Hispania abarcaba la península ibérica y la Mauritania Tingitana. Otros, a la España visigoda. Pero, para evitar polémicas, me interesa centrarme en los consensos mayoritarios y estos van desde los Reyes Católicos hasta Felipe II: la conquista de Granada en 1492, la incorporación de Navarra en 1512, la proclamación de Carlos I como Rey de Castilla y Aragón en 1516 o la ascensión al trono de la Monarquía Hispánica de Felipe II en 1556.

Por eso, responder a la pregunta «¿Cuándo nace el Reino de Marruecos?» tampoco es tan sencillo. Obviamente, un Marruecos con estructuras estatales y no comunales o tribales nace con su independencia de España y Francia en 1956. Ahora bien, para la historiografía oficial marroquí, el nacimiento del Estado tendría lugar con la llegada de Idris I, descendiente de Mahoma, a la región y su proclamación como imán en 789.

Posteriormente seguirían una serie de cambios dinásticos hasta llegar a los alauíes, la casa reinante en la actualidad. Por supuesto, ese no es el consenso histórico mayoritario, ni siquiera entre los principales historiadores marroquíes.

Es el caso de uno de los más destacados, Abdalla Laroui, quien, aun reconociendo la importancia de la dinastía idrisí y la existencia de un Estado medieval, defiende que tampoco se puede trazar una línea de continuidad hasta el Marruecos moderno, porque la autoridad idrisí alcanzó una región muchísimo más limitada que la que ocupa el Estado actual y con un Makhzen o administración del sultanato muy débil.

Para los africanistas españoles, el consenso, posiblemente mayoritario, tiende a centrarse en la toma de Fez en 1666 por Mulay al-Rashid, quien se convertiría en sultán de Marruecos iniciando la dinastía alauí, una dinastía jerifiana, al igual que la idrisí; es decir, de descendientes del profeta, pero ese sería el único punto en común. Su sucesor, Mulay Ismaíl, unifica y consolida, bajo la autoridad del sultán, una parte del actual territorio, aunque fracasa en el intento de conquistar Ceuta.

Por último, hay que señalar que otros tampoco admiten 1666 como el año del nacimiento de un Estado marroquí. Sus argumentos se basan en que el territorio no correspondía al del Marruecos actual, en que era un sultanato y no un reino y en que no tenía el mismo poder en el citado territorio, distinguiendo entre Bled el-Makhzen o zonas en donde sí podía ejercer actos de soberanía y Bled es-Siba o tierra de disidentes, en donde su autoridad dependía de acuerdos puntuales con distintas tribus.

En cualquier caso, pocos historiadores, fuera de esa historiografía oficial, aceptan que existiese Marruecos como Estado en 789. Pero reconocer la existencia de un Marruecos medieval no es inocente, ya que algunas de las dinastías entre la idrisí y la alauí sí mantuvieron la soberanía de los territorios de Ceuta y Melilla, argumento en el que se basan algunas autoridades de nuestro vecino del sur para hablar de «recuperación».

Ahora bien, se trata de un argumento descabellado y peligroso. Lo primero, por ser profundamente anacrónico: sería semejante a que España pidiese la recuperación de Cuba o de Filipinas, cuya soberanía se perdió hace poco más de un siglo, mientras que Ceuta y Melilla llevan siendo ibéricas desde el siglo XV.

En realidad, si España no hubiese descubierto América en 1492, posiblemente hubiese continuado la Reconquista extendiéndose por la antigua Mauritania Tingitana de los romanos, para completar la diócesis hispana de Diocleciano.

Cualquier reclamación territorial que en la actualidad hiciese España frente a Marruecos en relación con la situación del siglo IV o, incluso más modernamente, con el Tratado de Wad-Ras de 1860 –que, entre otras concesiones, ampliaba los territorios de Ceuta y Melilla–, con Tánger o con el protectorado ya en el siglo XX sería igual de anacrónica y no la plantearía ningún gobernante en sus cabales.

Pero también es peligroso porque, si se reclama Ceuta y Melilla con base en dicho y único argumento, si se es consecuente, se tendrían que reclamar todos los territorios cuya soberanía ejercieron los gobernantes musulmanes medievales en el actual Estado español. Es decir, la totalidad de Al-Ándalus. Es decir, un profundo sinsentido.

En definitiva, y aun tratándose de preguntas complejas, si debemos acogernos a los consensos mayoritarios y, una vez más, aunque no exista un acuerdo claro sobre cuándo nace el Reino de Marruecos, sí una abrumadora mayoría de expertos puede afirmar cuándo no nace, y eso es, en ningún caso, antes de 1666, ya que idrisíes, almorávides, almohades, meriníes, wattásidas y saadíes apenas tienen relación con el Marruecos actual ni con la dinastía alauí reinante, que esta sí podría considerarse, con matices, el embrión del Reino de Marruecos.

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