07 de octubre de 2022

Un grupo de mujeres hace cola para recibir comida en Afganistán

Un grupo de mujeres hace cola para recibir comida en AfganistánAFP

Afganistán

Las mujeres afganas venden a sus bebés para comprar comida

La práctica existía antes de la toma del poder por parte de los talibanes, sin embargo se ha incrementado en el último año

Cada vez más hay más madres en Afganistán que se niegan a amamantar a sus recién nacidos por el temor de no poder vender a su bebé si «ha formado un vínculo con la madre» señala la Organización Nacional Afgana de Ayuda y Humanitaria (ANAHO).
Farheena se vio obligada a vender a su hija Laila, de cuatro meses, por unos 2.000 euros. En entrevista con The Times, la maestra de 28 años de Mayamana, Afganistán, cuenta que perdió su trabajo y vendió a su hija para asegurarse de que el resto de su familia pudiera comer.
A la madre de seis hijos se le prohibió regresar con sus alumnos cuando los talibanes capturaron la ciudad hace poco más de un año, el 15 de agosto de 2021.
Sin ingresos y con un marido atrapado en Irán, dijo que sus hijos se morían de hambre y que su hija mayor estaba hospitalizada con desnutrición aguda. Cuando su vecina le dijo que una pareja infértil había estado buscando a alguien dispuesto a venderles un bebé recién nacido, Farheena dijo que estaba interesada.
Farheena contó que «no hay un día en que no llore por mi bebé», pero admitió que es posible que tenga que vender otro para que los demás sobrevivan el próximo invierno. El dinero que recibió por vender a Laila solo duró unos meses: ayudó a pagar el tratamiento de su hija mayor y les proporcionó comida.

Un comercio clandestino

Desde que los talibanes tomaron el poder de Afganistán hace un año, las organizaciones internacionales también han advertido que la venta de recién nacidos a extraños se ha convertido en una «práctica común».
Aunque este grotesco comercio está prohibido por los talibanes y ocurre de manera encubierta, incluso el personal de las salas de maternidad está cada vez más involucrado en facilitar las ventas, sin embargo, pocas familias admiten comprar o vender niños.
Dos parteras de alto rango en hospitales gubernamentales en Afganistán le dijeron a The Times que sabían que el personal de las salas de maternidad había estado facilitando la venta de bebés porque «muchas madres tienen miedo de llevarse a casa bebés que no pueden permitirse alimentar».
En algunos casos, las madres han entregado a sus hijos a extraños de forma gratuita con la esperanza de que les proporcionen la comida y el techo que ellas no pueden.
Save The Children dijo que si bien la práctica existía antes de la toma del poder por parte de los talibanes, ésta se ha incrementado en el último año. La organización señaló que se había topado con casos de propietarios que presionaban a familias que no podían pagar el alquiler para que vendieran a sus hijos.

Los precios se han desplomado

La Organización Nacional Afgana de Ayuda Humanitaria (ANAHO) dio a conocer que el precio de venta de un niño en Afganistán se ha desplomado debido al creciente número de «familias [que] ahora están desesperadas por algún alivio financiero».

Tráfico de órganos

Un dentista de 27 años de la provincia de Balkh, quien tiene una hija biológica de tres años, dijo que pagó unos 1.300 euros por un niño porque quería un hijo varón.
Sus amigos en la universidad le contaron sobre el bebé, quienes también estaban en busca de más niños para comprar. Dijo que «pagó un precio más alto» porque quería ayudar a la familia.
Pero no todos tienen buenas intenciones. El dentista afirmó conocer a una familia cuya hija fue comprada por una pareja y posteriormente vendida a traficantes para la sustracción de órganos.

Las profundas raíces de la crisis

Cuando los talibanes transformaron el país en el Emirato Islámico de Afganistán, Estados Unidos congeló 7 mil millones de dólares de los activos extranjeros del banco central.

La exclusión de las mujeres del mercado laboral impuesta por los talibanes también hicieron que Afganistán perdiera más de mil millones de dólares, según la ONU, lo que sumó a los niveles «catastróficos» de inseguridad alimentaria. Más de 900.000 personas se han quedado sin trabajo desde que los talibanes tomaron el control.
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