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21 de febrero de 2024

La Reina Isabel II junto a su hijo, el Príncipe Carlos

La Reina Isabel II junto a su hijo, el Príncipe CarlosAFP

Reino Unido

La Reina ha muerto, ¡viva el Rey!

  • El hombre que lleva una vida soñando con mirarse al espejo y ver su reflejo con la corona que su madre ha sostenido durante siete décadas, ha hecho realidad un sueño que empezaba a parecer su peor pesadilla

  • Muere la Reina Isabel II

Charles Philip Arthur George, de 73 años, hijo de Elizabeth Alexandra Mary y de Felipe de Edimburgo, ya es rey. El mayor de la dinastía Windsor, el hombre que lleva una vida soñando con mirarse al espejo y ver su reflejo con la corona que su madre ha sostenido durante siete décadas, ha hecho realidad, con infinito dolor, un sueño que, en ocasiones, empezaba a parecer su peor pesadilla.
«Se que su muerte será muy sentida en el país, los territorios y la Commonwealth, y por infinidad de gente en todo el mundo», señaló en un comunicado. El hijo hablaba de la Reina, pero también de «una madre muy amada».
El a partir de ahora ex príncipe de Gales, deja atrás este título junto con los que le han acompañado en su vida: Duque Cornualles, de Rothesay, de Edimburgo, de Chester, y de Carrick. También los de conde de Merioneth, barón de Renfrew y Señor de las Islas.
El primer desafío del Rey era elegir su nombre. La duda quedó despejada de inmediata por Buckingham Palace y la flamante primera ministra, Liz Truss: será coronado como Carlos III.
Monarca del Reino Unido y de los otros Reinos de la Mancomunidad de Naciones, el rey llega al trono de la mano de su segunda esposa, Camila Rosemary Shand, duquesa de Cornualles.
En la madrastra de William de Cambridge y Harry de Sussex, los hijos de Diana Spencer, empieza la desgracia de un matrimonio y de la institución que ha logrado sobrevivir a escándalos de faldas, divorcios, y hasta acusaciones de tráfico de influencias a cambio de dinero.
El mayor de los hijos de la reina más longeva de la historia no ha sido un dechado de virtudes y de alegrías para su difunta madre. Charles, cuando para todos era Charles, no encajaba en la educación germánica que su padre estaba empeñado en que recibiera, y tampoco daba muestras de tener una personalidad arrolladora o un carácter firme. El muchacho, en verdad, parecía ser todo lo contrario de lo que se esperaba del heredero de la Corona.

Las suspicacias sobre si el príncipe de Gales llegaría a ser rey estallaron cuando su matrimonio con Diana saltó por los aires

Las dudas sobre su futuro no empezaron cuando parecía incapaz de contraer matrimonio con una dama de sangre azul, virgen y con capacidad para engendrar herederos. Las suspicacias sobre si el príncipe de Gales llegaría a ser rey estallaron cuando su matrimonio con Diana saltó por los aires.
Las intimidades de la pareja se hicieron públicas en televisión con una entrevista a la que accedió, como ha demostrado el tiempo, bajo engaños, el periodista británico Martin Bashir. Abierta la caja de resonancia de los truenos de la infidelidad, los medios de comunicación ingleses reproducían conversaciones íntimas, de un marido infiel y sin filtro, para compartir sus pensamientos lascivos en el teléfono a la mujer que hoy ocupa el lugar que «Lady Di» creyó suyo.
La monarquía y Carlos de Inglaterra vivieron sus tiempos más difíciles, la reina resumiría aquellos meses con una frase: «Annus horribilis». Lo hizo al pronunciar su discurso de Guidhall, el 24 de noviembre de 1992, en el 40 aniversario de su coronación.

La reina Camila

La muerte de Diana en París parecía la venganza póstuma al hombre que la mayoría de los británicos no querían ver ni en pintura y mucho menos, ser testigos de cualquier aparición suya con la hoy ya, reina Camila.
Ironías del destino, el Rey parecía empeñado en repetir, a su modo, la historia de su tío Edward y Wallis Simpson. La diferencia es que al monarca jamás se le pasó por la imaginación abdicar antes de asumir un trono que, salvo naufragio de la monarquía, tenía garantizado.
Entusiastas del juego, los británicos apostaron durante años que el heredero jamás llegaría a ser coronado. Su imagen caía en picado y todavía hoy no se puede decir que entusiasme tenerle en el Castillo de Windsor o en Buckingham Palace, donde nació.
Testigo de la coronación de su madre, con apenas 3 años en la Abadía de Westminster, el primero en la línea de sucesión al trono, ha envejecido esperando que Isabel II le entregará el testigo del reinado. Mientras, se entregó a causas nobles en Inglaterra y el resto de los países que integran la Commonwealth, con especial atención en asuntos del medio ambiente, las bellas artes, educación y la ayuda a los más desfavorecidos. No hay que olvidar que estudió arqueología, antropología e historia. Como diría un periodista de la BBC, en esta etapa que llevara su sello real, cabe esperar menos caballos y más Shakespeare.
The Prince´s Trust fue la primera de una quincena de fundaciones y organizaciones benéficas que, al menos hasta hoy, preside. Concentradas en la alianza madre The Prince´s Charities, en su texto de presentación detalla ser, «la empresa benéfica de causas múltiples más grande del Reino Unido» y recauda «más de 100 millones de libras al año».
Hoy empieza el principio del fin de su reinado. El peso de la historia y el legado de su madre no serán fáciles de superar, pero a partir de hoy, la responsabilidad de lo que diga y haga será únicamente suya.
La Reina ha muerto, viva el Rey.
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