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17 de abril de 2024

Sin banderaCarmen de Carlos

El cuento del globo chino

Pekín, con aparente ingenuidad, admitió que el «dirigible» era suyo, pidió disculpas y dijo que se trataba de una nave para «fines de investigación, principalmente meteorológicos»

Actualizada 04:25

A primera hora de la mañana nos desayunamos con la noticia de que un globo, supuestamente espía de China, flotaba en el espacio aéreo de Estados Unidos. Poco después Canadá anunciaba que había divisado la misma aeronave en sus cielos. El desconcierto –y cierta inquietud– se extendía en el mundo mientras el Pentágono no dudaba de la nacionalidad del aerostático y reconocía que se había planteado derribarlo (lo raro es que no lo hiciera de inmediato).
El gobierno de Xi Jinping no tardó mucho en salir a advertir que había que mantener la «calma», «no exagerar» ni «especular» sobre la nacionalidad del intruso que se movía a paso lento entre las nubes de Montana. La escena, un par de días antes del viaje que tenía previsto Antony Blinken a Pekín, resultaba, cuando menos, sorprendente.
Hasta ese momento las teorías de conspiración y las especulaciones, como no podía ser de otro modo, se sucedían en tromba. La pregunta que también flotaba en el ambiente y no encontraba respuesta certera era por qué China recurría a un globo para espiar cuando dispone de un sistema satelital formidable. Unos descartaban que su misión fuera en verdad de inteligencia, otros defendían la versión de que su capacidad para trazar mapas del terreno es superior a la de satélite al volar más cerca de la superficie y había quien defendía la idea de que era un aviso para navegantes con sede en Washington, de mensaje difícil de descifrar o sencillamente, para observar desde Asia la reacción de Joe Biden.
En apenas unas horas se vertieron teorías y más teorías sobre el origen, el rumbo y el objetivo del globo chino. Entre otras que podrías estar soltando lastre de virus y bacterias letales para lograr lo que la covid no ha podido. Pero hay más, algunas voces se alzaron también para garantizar que todo el espectáculo aéreo era deliberado y que China, en verdad, quería provocar a EE.UU. y, como finalmente ha sucedido, reventar la reunión con el secretario de Estado, la primera al gigante asiático de un responsable de la diplomacia estadounidense desde 2018.
Por la tarde Pekín, con aparente ingenuidad, admitió que el «dirigible» era suyo, pidió disculpas, dijo que se trataba de una nave para «fines de investigación, principalmente meteorológicos» y justificó su presencia por razones incomprensibles para ellos ya que, según el cuento chino, «se desvió del curso planeado». La explicación resulta ridícula e inverosímil, pero es válida para evitar que, al final, por un globo chino se líe y terminemos todos en guerra. Para lo que no ha servido es para suavizar las tensiones entre las dos potencias y evitar lo previsible: Blinken suspendió su visita a Pekín. Será, si no hay más globos, para otro día.
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