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01 de marzo de 2024

José M. de la Torre y Montoro

¿Dolarización de Argentina? Mejor eurización

A la Argentina, que tiene que dominar la inflación, le interesa más adoptar una divisa sometida a una mayor disciplina monetaria

Actualizada 09:09

Javier Milei, el nuevo presidente argentino, defendió durante la campaña electoral que «dolarizaría» el sistema monetario argentino. Ello significa que el peso dejará de existir para ser reemplazado por el dólar. Todos los pesos serán convertidos en dólares a un tipo de cambio por determinar y el público recibiría la moneda norteamericana en un proceso similar al que experimentaron los países europeos en su transición al Euro, con la salvedad de que el BCRA, el banco central argentino, no tendría capacidad alguna para intervenir en la política monetaria de la Reserva Federal norteamericana. Este sistema ya existe en otros países iberoamericanos como Panamá y Ecuador y europeos, en los que el Euro es la moneda corriente, aunque no sea la oficial.
La justificación para tan trascendente medida no es otra que la inflación endémica que sufre la economía argentina desde tiempo inmemorial. La autoridades políticas y monetarias no han sido capaces de crear un sistema fiscal eficiente ni unos presupuestos equilibrados y ajustados a la realidad económica ni mantener la creación de dinero en los límites exigidos por el volumen del PIB en cada momento. El gasto público del país se ha financiado en gran parte mediante la emisión de títulos de deuda y finalmente de moneda. Como el dinero no es más que una mercancía sujeta a la ley de la oferta y la demanda, cuanto mayor es la cantidad de dinero en circulación que no es respaldada por un aumento paralelo del PIB, menor es su valor. Es lo que vulgarmente conocemos como inflación.
De mi paso por la Escuela Diplomática recuerdo muy bien las lecciones del excelso economista y profesor que fue Don Enrique Fuentes Quintana, para quien la inflación era, después de la guerra, la peor enfermedad que podía padecer una economía. Tuve ocasión de comprobarlo personalmente en la Argentina entre 1986 y 1991, cuando viví, prácticamente desde el día que me incorporé a nuestra embajada en Buenos Aires, en un país en el que no hubo mes en el que los precios no aumentaran, más o menos, pero siempre de forma notable. El apogeo tuvo lugar en 1989 y 1990, con unos aumentos anuales de los precios del 4.923 % y del 1.343 % respectivamente.
En la Argentina, conviene recordarlo, históricamente han existido seis signos monetarios desde la unificación de 1881: peso moneda nacional, peso Ley 18.188, peso argentino, austral, peso convertible y peso cuyo valor hoy en el mercado libre es de unos 1.000 pesos por dólar.

La inflación es el problema principal para generaciones de argentinos

Con todo ello quiero significar que la inflación es el problema principal para generaciones de argentinos. Y hasta que las autoridades no consigan acabar definitivamente con la inflación, la Argentina no saldrá del agujero social, económico y político en el que se halla inmersa y no podrá crecer, prosperar ni terminar con la pobreza.
Por tanto la principal y más urgente tarea del próximo presidente será intentar dominar la inflación. Si Javier Milei en lugar de quitarle ceros al peso, como otros hicieron antes, acaba con él y lo reemplaza por una moneda fuerte, sobre cuya emisión los políticos argentinos carezcan de autoridad y además impone una rígida disciplina fiscal, estoy seguro de que en un lapso relativamente breve, la Argentina saldrá de su postración, la confianza y la inversión regresarían y el país volvería a la senda del crecimiento ayudado por sus abundantes recursos naturales y por su bien formada y educada población.
Pero mi elección se decanta por el Euro y no por el dólar. Hay varias razones que contribuyen a que la eurización sea más conveniente para la Argentina que la dolarización.
Primero el mandato del BCE frente al de Fed. El BCE tiene como obligación principal y casi única, mantener el valor del Euro y luchar contra el alza de precios. La Fed, por el contrario, está estatutariamente obligada no sólo a mantener el valor del dólar sino a tomar las medidas necesarias para el crecimiento de la economía norteamericana y del empleo, lo que significa que si lo considera conveniente llevará a cabo una política monetaria laxa. E históricamente ha sido así y a la Fed le preocupa mucho menos la inflación y el valor del dólar que el crecimiento del PIB y del empleo. A la Argentina, que tiene que dominar la inflación, le interesa más adoptar una divisa sometida a una mayor disciplina monetaria.
La segunda razón es que mientras para los europeos y en particular España e Italia, la Argentina es un país cercano y amigo, con flujos comerciales y de inversión no especulativa muy considerables, para los EE.UU. Argentina es una nación totalmente secundaria y prescindible. Una más entre los muchos países iberoamericanos. Washington no pondrá mucho empeño en aliviar los males económicos argentinos. Europa sí y con decisión. Es lógico. Los intereses norteamericanos son globales, los de Bruselas mucho más modestos, como hemos tenido ocasión de ver en todos estos años.
Si Milei decide adoptar el Euro como moneda corriente y de uso diario, el BCE y el Eurogrupo darán todo tipo de facilidades y colaborarán con lealtad y eficacia en la transición monetaria, convencidos de que lo que es bueno para la Argentina es bueno para Europa.
En tercer lugar hay un elemento psicológico muy importante, en especial en un país como la Argentina y es terminar con la obsesión del dólar que esclaviza a la población desde hace tantos años. Es imprescindible erradicar del vocabulario argentino el substantivo dólar, causa de tanta desgracia y tanta frustración. Y reemplazarlo por el Euro no es mala idea. Será un cambio de paradigma e insuflará aire nuevo y fresco en el país.
Desde el punto de vista operativo, la eurización no plantea mayor dificultad. Puesto que el Euro y el dólar son monedas plenamente convertibles y aceptadas mundialmente, tanto el BCRA como el resto de bancos, empresas y particulares pueden convertir sus pesos y dólares a Euros sin restricción alguna a las cotizaciones del mercado.
  • * José M. de la Torre y Montoro es embajador de España
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