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16 de julio de 2024

El expresiente de Francia Nicolas Sarkozy

El expresiente de Francia Nicolas SarkozyEFE

Las curiosas relaciones de Sarkozy con Rusia y Marruecos

Imparte conferencias muy bien remuneradas en esos países mientras se alinea con sus pretensiones territoriales

Es habitual que antiguos mandatarios, una vez que han dejado el cargo, se dediquen a poblar estratégicos consejos de administración, a labores de consultoría, de influencia y presión o a impartir conferencias muy bien remuneradas.

Nicolas Sarkozy, presidente de Francia entre 2007 y 2012, es uno de ellos. Antes y después de su fallido retorno a la primera línea de la política –culminado con su derrota en las primarias de noviembre de 2016–, ha desarrollado una intensa actividad que le ha permitido saciar sus ansias de ganar dinero al precio que sea.

Una compleja relación con el vil metal muy anterior a su llegada al Elíseo, perfectamente documentada en el libro «Sarkozy et l’argent roi», y cuyos resortes psicológicos están explicados en la biografía que le dedicó en 2007 la veterana cronista Catherine Nay.

Unos libros que han debido leer en Moscú: a principios de este año, el diario digital «Mediapart» dio cuenta de dos pagos realizados al antiguo inquilino del Elíseo –uno de 100.000 euros, otro de 200.000– desde una filial del Fondo de Inversión Directa de Rusia por su participación en una cena de gala celebrada en Moscú el 22 de noviembre de 2018.

Además, dentro de su abultado calendario judicial figura una investigación que deberá dirimir si sus relaciones con el gigante asegurador ruso Reso-Garantia forman parte de una relación mercantil clásica o si, por el contrario, se trata de tráfico de influencias a favor de Rusia.

Lo cierto es que desde que se vio obligado a dejar la jefatura del Estado francés en 2012, Sarkozy multiplica los guiños hacia el régimen de Vladimir Putin. Una tendencia sorprendente por parte de quien completó la vuelta de Francia a la estructura militar de la Alianza Atlántica -revocando la histórica decisión tomada por el general Charles De Gaulle en 1966- y que, en 2008, convenció a Putin para que detuviese su aventura expansionista en Georgia.

Sarkozy y Putin

Desde 2012, Sarkozy se ha visto en más de una ocasión con Putin. Una de ellas se produjo en 2015 en Novo Ogarevo, la residencia privada de Putin situada a las afueras de Moscú. Si no le ve, se deshace en elogios hacia él: así ocurrió, sin ir más lejos, en el evento organizado por el Fondo de Inversión Directa de Rusia.

Una tendencia que se extiende hacia una posición comprensiva hacia las pretensiones territoriales del mandamás ruso, como se desprende, y no solo, de la lectura del nuevo tomo de sus memorias, que presentó en Madrid hace unos días, y de diversas declaraciones públicas. ¿Crimea? «Cualquier vuelta atrás es pura ilusión». ¿La invasión de Ucrania? «El resultado de una falta de diálogo con Putin», según recogió «M», el suplemento semanal de Le Monde hace año y medio.

Sarkozy y Mohamed VI

Con quien si dialoga Sarkozy es con la cúpula del régimen marroquí, empezando por el Rey Mohamed VI, a quien califica de «gran líder mundial, visionario y una oportunidad para Marruecos. Le admiro», antes de destacar «el considerable nivel de desarrollo alcanzado por Marruecos bajo la ilustrada dirección del soberano». Unas palabras pronunciadas en Rabat ante una nutrida representación del establishment del país alauita, segunda etapa, después de España, de la gira internacional de la promoción de un libro que no se está vendiendo igual de bien que los anteriores.

La invitación corrió a cargo del Consejo de Desarrollo y Solidaridad, grupo de reflexión fundado por el empresario Mohamed Benamour, propietario de la Tour Hassan, centenario hotel de alto standing centenario de estilo morisco y lugar de encuentro empresarial de la capital.

Sarkozy aprovechó tan generosa hospitalidad para reiterar su alineamiento con las ambiciones de Mohamed VI en relación con el Sáhara Occidental, en las que Francia ha estado « en vanguardia, ya que considera que el plan de autonomía es la única solución creíble, es decir, la solución marroquí». «Nos adelantamos, y Europa avanza hacia esta posición evidente», añadió, para regocijo de sus anfitriones y de la prensa local. Una muestra de agradecimiento hacia el Rey que puso a su disposición una lujosa villa en la costa atlántica cuando fue derrotado por François Hollande.

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