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21 de julio de 2024

Dos miembros de las fuerzas locales de Mozambique, en Mueda, Cabo Delgado

Dos miembros de las fuerzas locales de Mozambique, en Mueda, Cabo DelgadoZUMA vía Europa Press

África

El yihadismo intensifica sus acciones en Mozambique, con los cristianos como principal objetivo

La provincia de Cabo Delgado podría convertirse en foco de atracción de combatientes, advierten los expertos

La filial del autodenominado Estado Islámico en Mozambique ha iniciado 2024 a la ofensiva, con un incremento de sus acciones que han tenido de forma mayoritaria a las comunidades cristianas como su objetivo a pesar de que las autoridades habían dado prácticamente por erradicada la amenaza gracias al apoyo recibido en los dos últimos años por tropas ruandesas y de la Comunidad de Desarrollo de África Austral (SADC, por sus siglas en inglés).

Durante 2023, Estado Islámico Provincia de Mozambique (ISMP)reivindicó una media de cinco ataques al mes, en su mayoría localizados y de bajo nivel y principalmente en la parte septentrional de la provincia de Cabo Delgado (norte), según el recuento que ha realizado por Mina al Lami, experta en medios yihadistas en BBC Monitoring.

En enero, el grupo perpetró trece ataques y en febrero llevaron a cabo 19. La tendencia se habría mantenido en marzo, con seis ataques en la primera mitad del mes. Según resalta Liam Karr, experto en el proyecto Critical Threats, este incremento de la actividad se ha producido coincidiendo con la estación lluviosa en Mozambique que va de enero a marzo, cuando en general descienden los ataques.

Los cristianos, principal objetivo

Pero ISMP no solo ha intensificado su actividad, sino que además Al Lami ha constatado una clara tendencia a atacar comunidades cristianas, con decapitaciones –algo que ya ha hecho en el pasado y que la matriz de Estado Islámico también hizo en Siria e Irak en sus orígenes– y ataques contra iglesias.

Así, mientras el año pasado 20 de los 60 ataques que reivindicó el grupo tuvieron a cristianos como objetivo, este año estos han sido identificados como tales en el 78 % de los ataques (25 del total de 32), mientras que el resto de objetivos han sido esencialmente el Ejército o las milicias que apoyan al Gobierno mozambiqueño.

ISMP ha difundido en las últimas semanas varias imágenes de propaganda mostrando las decapitaciones, los saqueos y la quema de iglesias y cruces durante sus ataques a comunidades cristianas y además ha alardeado de que está provocando la huida de la población cristiana. Según datos de ONU, desde el 22 de diciembre hasta mediados de marzo casi 113.000 personas se vieron desplazadas por la violencia en Cabo Delgado.

Al Lami sostiene que aunque con ello se puede «dar la impresión de un grupo al alza, también puede ser un signo de debilidad». ISMP «podría estar centrándose en atacar a civiles en áreas remotas debido a su capacidad limitada para enfrentarse a fuerzas armadas», apunta esta experta.

Avance hacia el sur

La filial de Estado Islámico además está avanzando hacia el sur en sus acciones, que se han concentrado esencialmente en el distrito de Chiure, fronterizo con la provincia de Nampula, donde no se habían producido ataques desde 2022.

También en este caso, la experta de BBC Monitoring admite que no está claro si se trata de «un paso estratégico o por necesidad» ante los problemas de los milicianos en sus bastiones tradicionales en el norte de Cabo Delgado. Así, apunta a que podría deberse a un intento de buscar nuevos reclutas, dentro del cual también entrarían las campañas de predicación y proselitismo que está llevando a cabo entre los musulmanes de la zona, o para conseguir suministros.

El recrudecimiento de la violencia se ha producido después de que en diciembre el comandante de las Fuerzas Armadas mozambiqueñas, teniente general Tiago Alberto Nampele, dijera que Estado Islámico había sido derrotado después de que se hubiera recuperado entre el 90 y el 95 % del territorio que habían tomado y cifrara en entre 200 y 250 sus efectivos.

Reveses militares y resurgimiento

Estos avances han sido posibles gracias al apoyo que ha recibido el Gobierno de Filipe Nyusi de Ruanda y de la SADC. El despliegue de 1.000 soldados ruandeses y de los 2.000 de la misión regional (SAMIN) a partir de julio de 2021 supuso un punto de inflexión, reduciendo drásticamente las filas de los yihadistas. A esto se sumó la muerte durante una operación militar en agosto pasado de su jefe de operaciones, Bonomade Machude Omar.

En opinión de Liam Karr, lo que ha hecho el grupo es «adaptar sus relaciones con la población civil y sus tácticas militares en 2023 para reconstruirse tras los reveses significativos infligidos por las fuerzas regionales en 2021 y 2022, sentando las bases para su resurgir» actual.

ISMP ha pasado a operar en gran medida a través de pequeños grupos de ataque que se desplazan entre zonas y también ha sabido aprovechar las quejas y el malestar de la población con el Gobierno, que no ha sabido atender las causas socioeconómicas subyacentes tras recuperar territorios otrora controlados por los insurgentes. Según este experto, el hecho de que la población no tenga perspectivas lleva a la población a unirse a ISMP o a las milicias locales, exacerbando la violencia.

Estrategia fallida

«El reciente repunte de la violencia muestra los límites de una estrategia antiterrorista fuertemente centrada en un enfoque militar y socava la narrativa de victoria que surgió el año pasado cuando altos cargos gubernamentales esgrimieron el cambio en el ritmo de operaciones de los insurgentes y su reducida presencia en zonas costeras clave como prueba de que la insurgencia se estaba desvaneciendo y la estrategia del Gobierno estaba funcionando», resume en un artículo Emilia Columbo, miembro del Programa África del 'think-tank' Center for Strategic and International Studies (CSIS).

El temor ahora es el impacto que la retirada prevista del contingente de la SADC para julio pueda tener en el terreno y que Ruanda, que también está muy implicada en el conflicto en el este de República Democrática del Congo (RDC), pueda también retirar sus tropas.

«La reducción en curso del apoyo internacional para el norte de Mozambique es prematuro y no concuerda con la creciente amenaza de ISMP, que podría crear un vacío que exacerbe la inseguridad», advierte en este sentido Liam Karr en su análisis en Critical Threats.

Riesgo por el control del territorio

Por otra parte, en sus recientes ataques los yihadistas han conseguido volver a controlar territorio. Así, los milicianos ocuparon durante diez días a finales de enero la localidad de Mucojo, primer enclave relevante que tomaban desde agosto de 2021, imponiendo su interpretación estricta de la sharía.

Una semana después de su retirada, unos 150 de ellos regresaron y atacaron una posición del Ejército, matando a una veintena de soldados. Entre el 2 y el 16 de marzo también se hicieron con el control de la localidad de Quissanga, en la costa, y además el 3 de marzo atacaron la isla de Quirimba y mataron a al menos nueve soldados.

«Cuanto más territorio los insurgentes sean capaces de controlar, más atractivo se convertirá Mozambique para los combatientes extranjeros», previenen por su parte desde Soufan Center, encargados de hacer seguimiento a la actividad terrorista. ISMP ya ha atraído hasta ahora a yihadistas de países de la región como Tanzania, Kenia, Somalia, Sudáfrica, Ruanda o RDC.

Por otra parte, la recuperación de la actividad de Estado Islámico «amenaza las inversiones internacionales en las reservas de gas de Mozambique», advierte Karr. El país podría llegar a convertirse en el cuarto exportador mundial y tanto la francesa Total como la estadounidense ExxonMobil tienen congelados sendos proyectos multimillonarios en Cabo Delgado, que confiaban en retomar gracias a la mejora de la situación en el terreno.

Precisamente, lamenta este experto, los beneficios del gas podrían ayudar a «impulsar la economía local y nacional», generando empleos además de ingresos para las arcas mozambiqueñas, dejando así a los yihadistas sin uno de los argumentos para atraer combatientes a sus filas.

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