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12 de junio de 2024

La primera ministra estonia, Kaja Kallas, visitó recientemente a las tropas de la OTAN en Estonia

La primera ministra estonia, Kaja Kallas, visitó recientemente a las tropas de la OTAN en EstoniaTwitter: Kaja Kallas

Rusia también redibujó las fronteras con Estonia tras hacerlo con Finlandia y Lituania

Guardias fronterizos rusos retiraron boyas instaladas por Estonia en el río Narva que marca las fronteras con Rusia

La alerta saltó en los gobiernos y medios occidentales hace unos días con la noticia difundida por el ministerio de Defensa ruso de que el Kremlin modificaba unilateralmente sus fronteras marítimas en el Báltico, en aguas de la región de Leningrado y en el enclave de Kaliningrado.

La modificación afectaba directamente a la soberanía sobre las aguas de Finlandia y Lituania.

Horas después, tras una batería de reacciones y advertencias por parte de los países de la OTAN, el ministerio de Defensa daba marcha atrás y retiraba la propuesta.

¿Se trató de un error de cálculo del Kremlin? ¿O por el contrario fue una estrategia para conocer la posible reacción de la OTAN ante un desafío similar planteado por Rusia?

A tenor de un segundo incidente que tuvo lugar a continuación –que paso mucho más desapercibido pero que, sin embargo, sus implicaciones son mucho más serias– el amago de expansión marítima rusa podría haberse emprendido con plena conciencia de lo que se hacía y de sus consecuencias, y hacen prever un aumento de la confrontación territorial entre Rusia y occidente.

El incidente al que nos referimos es la retirada de boyas por parte de Rusia en aguas estonias del río Narva, que marca la frontera entre Estonia y Rusia.

Según la Policía y la Guardia Fronteriza de Estonia, en la noche del 22 al 23 de mayo guardias fronterizos rusos retiraron 24 boyas usadas para marcar rutas marítimas en aguas estonias del Narva.

Tanto una acción como la otra son acciones hostiles unilaterales de Rusia destinadas a probar la voluntad real de la OTAN de defender el territorio de sus aliados frente al expansionismo ruso, como han repetido hasta la saciedad tanto el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, como el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg.

Las boyas retiradas por Rusia formaban parte de un grupo de 250 boyas que Estonia está instalando en virtud de un acuerdo alcanzado con Rusia en 2022, antes de la invasión de Ucrania.

Hasta la acción unilateral rusa, Estonia había llegado a instalar 50 del total de 250 boyas que deberán instalarse.

El jefe de la oficina de la Guardia Fronteriza de Estonia, Eerik Purgel, ofreció en una declaración pública una explicación a la acción hostil de Rusia.

Según argumentó, a pesar del acuerdo estonio-ruso de 2022, el Kremlin no estaba de acuerdo con la ubicación de al menos el 50 % de las boyas previstas.

Sin embargo, la acción unilateral de Rusia al retirarlas se ha interpretado como un acto hostil por parte de Estonia.

La primera ministra estonia, Kaja Kallas, lamentó que «Rusia utiliza las cuestiones fronterizas como un medio para crear miedo y ansiedad».

Por parte del Kremlin, el portavoz del gobierno ruso se justificó con el argumentario habitual de Moscú. Según Dmitry Peskov, la retirada de las boyas era una necesidad para «garantizar la seguridad» de Rusia.

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