Donald Trump con el presidente de China, Xi Jinping en 2017
Xi Jinping rechaza la invitación de Trump a su toma de posesión y Moscú desmiente que Putin haya sido invitado
El presidente electo estadounidense ha buscado demostrar flexibilidad con los líderes de todo el mundo
Donald Trump ha generado controversia con su estrategia diplomática, particularmente con las invitaciones enviadas a figuras internacionales clave, como el presidente chino, Xi Jinping. Según fuentes del Kremlin, no se ha enviado ninguna invitación a Vladímir Putin para asistir a la toma de posesión de Trump el próximo 20 de enero, una ausencia que resalta las tensiones entre ambos países. Sin embargo, Trump ha decidido invitar a Xi, una decisión que ha sorprendido a muchos dado el historial de confrontación económica con China durante su primera administración.
El gesto de Trump al invitar a Xi a su investidura puede parecer contradictorio a primera vista, dado que durante su mandato la relación entre ambos países estuvo marcada por una guerra comercial y las crecientes tensiones sobre el control del Pacífico. A pesar de esto, Trump ha mostrado en diversas ocasiones admiración tanto por Putin como por Xi, y su invitación parece buscar un acercamiento pragmático: «Nuestros países tienen intereses encontrados, pero podemos encontrar una forma de llevarnos bien y arreglar esos problemas», dijo Trump, destacando su estilo de liderazgo personalista.
A pesar de los intentos de acercamiento, China ha rechazado la invitación, considerándola inapropiada en el contexto actual. Para Pekín, la imagen de Xi participando en la toma de posesión de un presidente estadounidense elegido democráticamente sería incompatible con sus aspiraciones como gran potencia mundial. Esta respuesta refuerza la naturaleza pragmática de la política exterior china, que no está dispuesta a hacer concesiones mientras Trump continúe adoptando una postura hostil contra su economía, con medidas como aranceles agresivos y políticas de confrontación directa.
El rechazo de China a asistir a la investidura refleja también la creciente rivalidad entre Washington y Pekín, especialmente en lo que respecta a la cuestión de Taiwán. Trump, al frente de una administración llena de «halcones» en términos de relaciones exteriores, ha generado incertidumbre sobre el compromiso de Estados Unidos con su aliado en el Pacífico. Su relación impredecible con Xi, combinada con su postura ante Rusia, plantea preguntas sobre la estrategia que adoptará si, en algún momento, Xi decide actuar en relación a Taiwán.
Por otro lado, la política de Trump hacia Rusia sigue siendo desconcertante. Aunque no ha extendido una invitación a Putin para su toma de posesión, Trump ha reiterado su postura de buscar un acuerdo con Rusia y, al igual que con China, ha mostrado aprecio por la figura del presidente ruso. Esta actitud podría cambiar dependiendo de los intereses políticos y económicos que predominen en la Casa Blanca, lo que deja abierta la posibilidad de decisiones abruptas que afecten a las relaciones internacionales.