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Donald Trump durante su primer discurso en la Cámara de Representantes

Donald Trump durante su primer discurso en la Cámara de RepresentantesThe White House

Trump saca pecho por la «edad de oro» que ha iniciado: «Estados Unidos ya no es un país progre»

El republicano, quien ha dirigido el discurso más largo de un presidente en una sesión conjunta del Congreso, ha criticado la aportación económica de Europa a Ucrania durante la guerra

«Estados Unidos ha vuelto», arrancaba su discurso el presidente Donald Trump. En una alocución triunfalista, el republicano ha repasado las principales órdenes ejecutivas firmadas y se erigía como el garante de la seguridad internacional.

La vuelta al «sentido común» de los dos únicos sexos y su mano dura en las fronteras con los «asesinos, traficantes y criminales» migrantes, así como la abolición de las «restricciones climáticas» han servido para, en apenas mes y medio, revertir la labor «del peor presidente de la historia, Joe Biden». Y esta «edad de oro» solo «acaba de empezar».

Entre vítores, aplausos que se extendieron durante más de seis minutos y cánticos de U-S-A (siglas de Estados Unidos en inglés) apareció el mandatario para dar su primer discurso en la Cámara de Representantes desde que había sido reelegido.

Igualmente resaltaba su preocupación por «reducir la deuda, luchar por la inflación y devolver el dinero a los bolsillos de los estadounidenses». Para ello, se está llevando a cabo una exhaustiva investigación de los «timos» de la anterior administración por el Departamento de Eficiencia Gubernamental, liderado por el ovacionado Elon Musk.

Tampoco quedó sin aplaudir la retirada del acuerdo climático de París y de la «corrupta» ONU, o el renombramiento del golfo de México como golfo de América y la declaración de inglés como lengua oficial de Estados Unidos.

«¿Quieren seguir así otros cinco años?»

No ha transcurrido una semana desde la escena protagonizada por el republicano y su homólogo ucraniano, Volodimir Zelenski. En su exposición, Trump ha asegurado estar trabajando «con Ucrania y con Rusia para acabar con el salvaje conflicto», el cual «no tiene fin a la vista». Así, contaba que el mandatario ucraniano le ha escrito una carta afirmando «estar listo en cualquier momento» para firmar el famoso acuerdo de las tierras raras, sin otorgar más detalles. «Le agradezco esta carta», reconocía el líder norteamericano, a la vez que revelaba haber «recibido señales firmes» por parte de Rusia, quienes «están listos para la paz». «¿No sería bonito eso?», inquiría.

Sin embargo, volvía a criticar la labor de Europa para frenar el conflicto. Acusaba al continente de haber «gastado más dinero en petróleo y gas ruso» que en ayudar a Ucrania. «Nosotros hemos gastado 350 mil millones de dólares (...) y ellos 100 mil millones… Menuda diferencia», reprochaba Trump. Así, reclamaba a los mandatarios europeos que debían «igualar» la aportación norteamericana. Fue cuando mencionó la enorme cuantía proporcionada por Estados Unidos a Ucrania cuando los demócratas aplaudieron —por primera y última vez—. «¿Quieren seguir así otros cinco años? Pocahontas dice que sí», decía refiriéndose a la senadora demócrata Elizabeth Warren.

Anexión de Groenlandia y el Canal de Panamá

«Tengo un mensaje esta noche para la maravillosa gente de Groenlandia», decía el presidente estadounidense. Les manifestaba su «apoyo» para decidir su futuro, esperándoles con los brazos abiertos. Así, evidenciaba la relevancia del territorio en cuanto a seguridad nacional e internacional se refiere. «De una forma u otra vamos a conseguirlo. Juntos llevaremos a Groenlandia a niveles que nunca antes habían creído posibles».

De igual manera, mostraba sus intenciones de «reclamar» el Canal de Panamá. «Ya hemos empezado a hacerlo». Como en anteriores ocasiones, aseveraba que Estados Unidos debería mantener su control, ya que fue el país quien lo construyó. Arremetía contra la nación centroamericana por legar el mando a China y mostraba su apoyo al secretario de Estado, Marco Rubio, como el designado para esta labor.

Aranceles y fronteras

«Aranceles, qué bonita palabra», proseguía el mandatario estadounidense. Los gravámenes internacionales interpuestos por la Administración Trump juegan un papel en el plan de «bajada de impuestos». «Entre mis máximas prioridades está rescatar nuestra economía y conseguir un alivio drástico e inmediato para las familias trabajadoras», insistía.

Muchas naciones les «han cobrado aranceles increíblemente altos». Esta ha sido la respuesta obtenida —justificaba— a la «gran ayuda» norteamericana por todo el mundo. Por ello, el 2 de abril se aplicarán «aranceles recíprocos», sean cuales sean los que se les impongan a EE.UU. Todo lo recibido —miles de millones— será empleado para «crear trabajo como nunca antes».

Aprovechaba la ocasión para arremeter contra México y Canadá de nuevo, a los que volvía a acusar de introducir fentanilo en EE.UU. Con los aranceles pretende «proteger el alma» del país. Esta guerra comercial, iniciada por lo que exportaban sus vecinos americanos estaban haciéndoles perder «la soberanía en las ciudades y pueblos». De esta manera, acusaba a la «izquierda radical» de emplear a los jueces para atacar a los «rivales políticos» en vez de aplicar la ley.

«Los medios de comunicación y nuestros amigos del Partido Demócrata no paraban de decir que necesitábamos una nueva legislación para asegurar la frontera, pero resultó que lo único que necesitábamos era un nuevo presidente», añadía, celebrando las deportaciones y el dato más bajo «de ilegales de fronteras jamás registrado».

Antes de abandonar la estancia, no dejó la oportunidad para recordar el intento de asesinato que sufrió en Pensilvania, sobre el que estaba seguro que había sido Dios quien le salvó «para poder hacer a Estados Unidos grande de nuevo». Y, de esta forma, les pedía a sus compatriotas que estuviesen listos para el renacer del «sueño americano», que será «algo como nunca antes se había visto».

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