El presidente de Rusia, Vladimir Putin, recorre el Museo de la Gran Guerra Patria
Putin cumple 25 años atrincherado en el poder entre guerras, asesinatos y represión
Vladimir Putin (72 años) cumple este 7 de mayo 25 años al frente de Rusia. Un día como hoy del año 2000, Putin era investido presidente tras ganar las elecciones presidenciales de marzo con el 52, 9 % de los votos. El exespía de la KGB llegó al poder de rebote, tras la dimisión de su antecesor Boris Yeltsin el 31 de diciembre de 1999. Esa Nochevieja, Yeltsin se dirigió a la nación para anunciar que su entonces primer ministro —Vladimir Putin— le sucedería en el cargo. Así fue como Rusia amaneció de un día para otro, con un nuevo presidente y un cambio de década. 25 años después, esa imagen apenas ha cambiado.
Tan solo de 2008 a 2012 —y porque la Constitución no permitía un tercer mandato consecutivo— Putin cedió la Presidencia a su hombre de confianza Dmitri Medvédev. Aun así, siguió tejiendo los hilos desde la sombra y se aseguró su nombramiento como primer ministro. De hecho, meses antes de dar el relevo a Medvédev, Putin ordenó pintar la quinta planta de la Casa del Gobierno, que acoge al primer ministro, del mismo color que el Kremlin, blanco y amarillo. Hasta en los detalles, el eterno mandatario ruso no quería sentirse menos que nadie.
Una vez cumplido con lo estipulado en la Carta Magna, Putin volvió a convertirse en presidente con un mandato ampliado de seis años y así elección tras elección, siendo la última en marzo de 2024. Putin cumple ya su quinto mandato y si para ello era necesario modificar la Constitución, así se hizo. En 2021, junto con otras propuestas, el mandatario coló una enmienda que le permitía poder presentarse como candidato nuevamente en los comicios del pasado año.
La trampa legal establece que una persona no puede servir como presidente de la Federación de Rusia más de dos mandatos, pero esta norma añade que se aplicará igualmente al presidente en ejercicio, pero sólo tras descontarle los periodos que ha servido antes de la entrada en vigor de dicha ley. Putin, por tanto, ponía su contador a cero. De ahí que ahora pueda seguir al frente de la Federación Rusa hasta por lo menos 2036. El exespía ha sobrevivido a cinco presidentes de Estados Unidos, ocho primeros ministros del Reino Unido, cuatro presidentes de Francia, cuatro cancilleres de Alemania, tres presidentes de China y hasta cuatro Papas.
Su popularidad se ha cimentado, principalmente, a base de guerras. Cuando la sociedad exigía algún tipo de cambio o su popularidad se resentía, Putin no ha dudado en dar luz verdad a alguna que otra aventura bélica. Desde la primera guerra de Chechenia (1994-1996), que le elevó en su puesto de primer ministro con Yelstin, pasando por la segunda guerra de Chechenia (1999-2009), la invasión de Georgia (2008), la guerra en Siria (2015) y, por supuesto, Ucrania. Primero a través de la anexión ilegal de la península de Crimea en 2014 y la guerra en el Donbás, que supuso el prólogo de la invasión a gran escala del país vecino en 2022.
Putin nunca ha escondido sus ansias expansionistas y su obsesión de pasar a la historia como el líder que consiguió devolver la grandeza a la Madre Rusia. «El colapso de la Unión Soviética fue el mayor desastre geopolítico del siglo», prorrumpió en 2005, durante su habitual discurso anual ante la Asamblea Federal. A pesar de que muchas de sus aspiraciones no se han cumplido, su belicismo no ha dejado de escalar con el tiempo. Dentro de Rusia, no existe oposición. Todos aquellos que se han enfrentado o criticado al mandatario han acabado muertos, en la cárcel o, en el mejor de los casos, en el exilio.
Los ejemplos son muchos: la periodista Anna Politkóvskaya, asesinada a tiros en el portal de su casa en 2006, el opositor Alexéi Navalni, muerto de manera repentina en la cárcel del Ártico donde cumplía condena, o Yevgueni Prigozhin, muerto en un accidente aéreo tras liderar un fallido golpe de Estado. Su aventura expansionista tampoco ha ido como planeaba. La invasión de Ucrania, ideada como una guerra relámpago, se ha convertido en una guerra de guerrillas que ya dura más de tres años.
Sus 25 años en el poder se cumplen tan solo un día antes del inicio del alto el fuego de tres días —72 horas—, declarado de manera unilateral por el propio mandatario para poder protagonizar un aniversario tranquilo y un Día de la Victoria sin amenazas sobre el cielo de Moscú. Una imagen muy lejos de la victoria total que realmente quería presentar en los fastos por el 80º aniversario de la victoria soviética sobre la Alemania Nazi.