Fundado en 1910
Uzi Rabi en Casa Sefarad de Madrid.

Uzi Rabi en Casa Sefarad de Madrid.Daniela Brik

Entrevista a Uzi Rabi investigador de la Universidad de Tel Aviv

Uzi Rabi, experto en Irán: «Tras cortar los brazos del pulpo iraní, se ha golpeado su cabeza»

Sostiene que la operación no debe leerse solo en términos militares, sino para reconfigurar el equilibrio regional debilitando la red de poder que Teherán ha tejido en Oriente Medio

Uzi Rabi es investigador del Centro para Estudios Iraníes de la Universidad de Tel Aviv y dirige el Centro Moshe Dayan para estudios de Oriente Medio y África. En una entrevista con El Debate, analiza la reciente ofensiva que ha alineado a Estados Unidos e Israel contra el corazón del programa nuclear iraní.

Este experto en Irán sostiene que la operación no debe leerse solo en términos militares, sino que es la consecución de un objetivo: Reconfigurar el equilibrio regional debilitando de forma estructural la red de poder que Teherán ha tejido en Oriente Medio.

Mientras Israel e Irán ensayan una frágil tregua tras 12 días de confrontación directa en niveles nunca vistos antes, el bombardeo lanzado por EE. UU. el domingo contra instalaciones clave del programa nuclear iraní representó, en palabras de Rabi, «un ataque a la cabeza del pulpo».

Durante años, el régimen iraní consolidó su influencia a través de actores como Hezbolá en Líbano, Hamás en Gaza y Cisjordania, las milicias chiíes iraquíes, el anterior régimen sirio o los hutíes en Yemen. Esa red de alianzas –el llamado «eje de la resistencia» o «anillo de fuego» en torno a Israel– ha sido golpeada progresivamente en los últimos meses. Pero con la operación lanzada desde Washington para rematar la ofensiva iniciada por Israel el 13 de junio, se buscó «desmantelar la estructura central del régimen», explica Rabi.

El académico subraya que el ataque no fue improvisado, sino parte de una estrategia cuidadosamente diseñada, con plena coordinación entre la administración Trump y el Gobierno israelí.

–¿Qué ha supuesto el ataque estadounidense a las instalaciones nucleares iraníes?

–Es una acción que estuvo sobre la mesa durante semanas. Lo que se buscó fue obligar a Irán a aceptar un acuerdo que, en palabras del propio Trump, equivalía a una rendición incondicional. Washington ha buscado la prohibición total del enriquecimiento de uranio, la retirada de todo el material ya enriquecido y un régimen de vigilancia internacional extremadamente estricto. Todo ello con el objetivo de impedir que Irán reanude cualquier avance nuclear significativo.

–¿Cuál fue el papel de Israel en esta operación?

–Israel jugó un rol fundamental. Se aseguró de tener un control completo del espacio aéreo iraní, abrió la puerta. Era indispensable para que Estados Unidos pudiera intervenir sin encontrar resistencia. La operación fue un ejemplo de coordinación total. En Israel se difundieron deliberadamente informaciones sobre desacuerdos entre Trump y Netanyahu, pero ahora sabemos que no eran ciertas. Fue una campaña intencionada para despistar. En realidad, ambos estuvieron completamente alineados.

–¿Qué se pretendía con la intervención militar?

–Frenar la escalada y golpear el núcleo del régimen. El ataque no buscaba destruir todo el programa nuclear de inmediato, pero sí forzar un retroceso y presionar para que Irán firme un acuerdo en términos muy duros. Sin embargo, no es algo sencillo, no es solo una cuestión técnica o diplomática. Para el líder supremo Jameneí, aceptar esas condiciones es una humillación. Irán no puede simplemente decir: «sí». No se trata de uranio y centrifugadoras. Es un asunto teológico y psicológico mucho más profundo.

–¿Qué posibilidades hay de que Irán reconstruya lo dañado?

–Si Irán conserva los 400 kilos de uranio que ha ocultado –y que podrían haber sido retirados de la instalación nuclear de Fordow y almacenados en otro lugar–, tiene capacidad técnica para convertir ese material en pocas semanas. Por eso tanto Israel como EE. UU. están centrando ahora sus esfuerzos en encontrar ese stock. La clave fue impedir que el régimen tenga los recursos para reactivar la infraestructura nuclear a corto plazo.

Los países del Golfo están inquietos, pero no ocultan que sueñan desde hace tiempo con ver caer al régimen iraní

–En este nuevo escenario, ¿qué papel pueden jugar actores como China, la UE o los países árabes?

–Los países del Golfo están inquietos, pero no ocultan que sueñan desde hace tiempo con ver caer al régimen iraní. Aunque públicamente piden contención, en privado ven la actual situación como una oportunidad. China, por su parte, representa el gran rival estratégico de Estados Unidos en la región. Para contener su influencia, Washington promueve el corredor económico IMEC –que conecta India, Oriente Medio y Europa mediante oleoductos y líneas ferroviarias–. Esta estrategia le permite proyectar poder y asegurar intereses geopolíticos y económicos sin recurrir al despliegue militar directo.

–En ocasiones ha comparado a Irán con un pulpo. ¿A qué se refiere con esa metáfora?

–Durante 40 años, Irán ha extendido sus tentáculos por todo Oriente Medio. Gaza, Líbano, Siria, Irak, Yemen... Esa red ha sido el sostén de su poder regional. En los últimos meses, Israel ha cortado muchos de esos brazos. El ataque actual es distinto: va dirigido a la cabeza. Después de debilitar a los proxies, Israel ha apuntado a la cabeza del pulpo».

Primero desmantelar a Hamás, luego debilitar a Hezbolá, y finalmente ir hacia el núcleo

–¿Fue esa la lógica de Israel de comenzar su ofensiva por Gaza y Hamás?

–Exactamente. Netanyahu optó por empezar con el brazo más débil. Incluso en Israel, donde recibe muchas críticas, hay consenso en que su respuesta fue estratégica. Primero desmantelar a Hamás, luego debilitar a Hezbolá, y finalmente ir hacia el núcleo. Hezbolá, su principal tentáculo, ha sido severamente afectado; el régimen de Bashar al Asad cayó; las milicias chiíes en Irak están paralizadas. Tenemos el problema de los hutíes, pero eso puede manejarse. Irán ha perdido buena parte de lo que construyó en cuatro décadas.

–¿Cómo ha respondido la sociedad israelí?

–Con una enorme resiliencia. Se pensaba que el eslabón más débil eran los civiles. Pero el pueblo ha demostrado ser más fuerte de lo que muchos creían. Lo que ocurrió el 7 de octubre de 2023 fue una catástrofe, sí, pero también una lección. Israel no puede permitir que algo así se repita. Ha aprendido. Y ha reaccionado.

–¿Cree que existe alguna posibilidad realista de un cambio de régimen en Irán?

–Todo el mundo en Israel lo desea. Pero no es tan fácil. Este régimen no se mantiene por su ideología, sino por la fuerza. Ha perdido a su pueblo, pero está profundamente enraizado, con una economía paralela y la Guardia Revolucionaria como ejército interno. Cambiarlo desde fuera es casi imposible. No hay alternativa clara, como lo fue Jomeini en 1979. Un cambio, si llega, vendrá desde dentro y llevará tiempo.

–¿Qué escenarios plantea para Irán tras el golpe?

–Hay que asegurarse de que Irán no solo sea despojado de armas nucleares. Los misiles pueden ser incluso más peligrosos que la existencia de uranio enriquecido. Depende del alcance, depende de la cantidad. Pero estamos en ello. Mi visión es que se están dando nuevos pasos hacia un futuro diferente en Oriente Medio.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas