Esta imagen satelital proporcionada por Maxar Technologies, tomada el 22 de junio de 2025, muestra un primer plano de los cráteres tras los ataques estadounidenses contra la Planta de Enriquecimiento de Combustible Fordow (FFEP) de Irán, al noreste de la ciudad de Qom.
Israel está convencido de que parte del arsenal de uranio enriquecido de Irán quedó intacto a los bombardeos
La polémica no se termina. Las dudas sobre si Irán logró trasladar parte del uranio enriquecido que tenía en sus plantas de Natanz, Isfahán y Fordo, antes de los bombardeos de Israel y Estados Unidos, persisten. La versión oficial de Washington descarta esa posibilidad y se reafirma en que todo quedó bajo el amasijo de rocas y piedras que perforaron sus bombarderos.
Irán no reconoció los presuntos traslados o desplazamientos de, al menos, 400 kilos e insistió en que su arsenal de uranio seguía intacto y estaba en condiciones de reparar las estructuras dañadas.
El líder espiritual, Ali Jamenei, que estuvo en paradero desconocido durante y varios días después de la Operación martillo de medianoche, grabo un vídeo para descalificar las afirmaciones del presidente de Estados Unidos y de su círculo más estrecho que reiteraban una y otra vez que las tres plantas habían quedado destruidas.
Como consecuencia, el programa nuclear de Irán se vería retrasado durante años. En concreto, Trump dijo que Isfahán, Natanz y Fordow habían quedado «completa y totalmente borradas» de la faz de la tierra. Pero para Jamenei no sucedió «nada significativo» y acusó a la Casa Blanca: «exageró lo sucedido de una manera inusual».
Con el transcurrir de los días se alzaron otras voces que advertían que si bien las plantas había sido dañadas, estas se encontraban en disposición de ser operativas con normalidad en apenas unas meses. Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) fue uno de los que advirtió de esta situación: «Francamente hablando, no se puede afirmar que todo ha desaparecido y que no queda nada», admitio. Dicho esto, añadió que Teherán podría «en cuestión de meses» tener «unas cuantas centrifugadoras girando y produciendo uranio enriquecido.»
Prácticamente en simultáneo la CIA salió a respaldar la versión de Trump y del gobierno de Estados Unidos que celebraba haber liquidado cualquier posibilidad cercana de que el régimen de los ayatolás pudiera fabricar una bomba atómica. La sospecha o certeza la tuvo después de que la inteligencia israelí le comunicara que el arsenal iraní ya estaba enriquecido al 60 %. Eso significaba que estaba a un paso de lograr su objetivo. Es decir, de alcanzar el 90 % necesario para construir una bomba.
Ahora, The New York Times publica declaraciones de un alto agente de Inteligencia israelí que, en reunión off the récord con un grupo de periodistas, les confirmó que el uranio almacenado en las tres plantas había quedado intacto.
El israelí, que pidió a los periodistas mantener en el anonimato su identidad, asegura que las cargas de profundidad lanzadas desde los GBU-57, con capacidad de penetración de concreto de hasta 60 metros, no habían dejado huella significativa en los almacenes iraníes porque estos estaban a mayor profundidad de la que podían alcanzar las bombas antibunker.
La versión de los expertos apunta a que el material dañado quedaría reducido a la maquinaría. Es decir, que serían las centrifugadoras que giran a velocidad supersónica, las que habrían quedado prácticamente inservibles.
La cuestión ahora, en verdad, es saber cuánto tardarán los ingenieros iraníes en repararlas y cuantos de los que están capacitados para hacerlo siguen con vida. Isarel asegura que los principales científicos de su programa nuclear fueron eliminados. En cualquier caso, lo preocupante, si el confidente israelí no se equivoca, es que Irán sigue con sus depósitos de uranio prácticamente intactos.