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¿Qué defiende y qué opciones de futuro tiene Elon Musk con su America Party?

En caso de un enfrentamiento político con Trump, y considerando la naturaleza del proceso electoral americano, lo normal sería que el gran beneficiado fuera el partido demócrata

Donald Trump y Elon Musk ahora son rivales políticos

Donald Trump y Elon Musk ahora son rivales políticosEFE

El Tony Stark de la vida real ha anunciado la creación de un tercer partido en Estados Unidos, el America Party. Musk alega, con razón, que la mayoría de americanos está a favor de esta iniciativa. Con todo lo peligroso que es apostar contra el Señor de Marte, creo que no se dan las condiciones, por razones históricas y prácticas, para que esta iniciativa tenga éxito a medio plazo.

Tras su muy pública pelea con Trump, y con la aprobación de la Big Beautiful Bill, Elon Musk parece haberse decidido a crear una «tercera vía» en la política americana, el America Party, basada en cinco principios: férrea disciplina fiscal, fomento de la industria americana, desregulación de la economía, fomento de la natalidad y excelencia tecnológica en el sector público. Desde un punto de vista práctico, Musk tiene tres opciones con su nueva plataforma: intentar competir a nivel nacional, seleccionar un grupo limitado de jurisdicciones para crear una pequeña plataforma de presión, o crear un partido sin candidatos que exijan fidelidad a sus principios a candidatos de cualquiera de los partidos principales, para entonces ayudar a financiar sus campañas.

La primera opción parece un viaje a Marte sin retorno. Desde 1970, ningún tercer partido ha logrado que su candidato sea elegido al congreso o al senado. Mientras que sí ha habido candidatos independientes (siete senadores en ese mismo periodo), todos ellos han sido figuras que ya pertenecían a uno de los dos grandes partidos y se han separado de su matriz tras haber sido ya senadores. Además, el coste total de un periodo legislativo (cuatro años, con dos elecciones de por medio, mid-terms y presidenciales) para el partido republicano, por usar un ejemplo, son, aproximadamente, según la comisión federal electoral, seis mil millones de dólares cuando no se elige al presidente, sino solo al congreso y a un tercio del senado, cifra que incrementa en ocho mil millones adicionales en la elección presidencial. Incluso para un «forreta» de la talla de Musk, estas son cifras difíciles de digerir. Como comparación, Musk se gastó 280 millones en la elección de Trump.

Más allá de las barreras económicas, está la cruda realidad de la política americana. Históricamente, cuando ninguno de los dos partidos ha representado el sentir mayoritario del pueblo americano en un tema candente, tras la creación de plataformas independientes, uno de los dos partidos principales ha cooptado las ideas de estos movimientos, modificando y evolucionando su propia plataforma. Se podría decir que esto es exactamente lo que ha logrado el movimiento MAGA de Trump con el partido republicano. Enfocándose en las políticas que movilizan a las clases medias bajas en Estados Unidos, Trump ha cooptado al movimiento y lo ha incorporado al ADN de los republicanos, antaño percibidos como el partido de los ricos. De un modo similar, Clinton, asumiendo como propios algunos de los principales argumentos del Reaganismo (disciplina fiscal y reducción de impuestos) hizo en su día lo propio con los demócratas (recuerden el famoso no more taxes que mató al pragmático Bush 1).

Alternativamente, Musk podría enfocarse en unas pocas carreras donde el resultado sea competitivo (cinco a diez en el congreso y una a dos en el senado), para crear una plataforma legislativa que tenga capacidad de decisión en un legislativo fragmentado. Sería como la versión americana, y sin crimen de por medio, de Bildu, Junts o el BNG.

Elon Musk ríe durante una rueda de prensa con el presidente estadounidense Donald Trump

Elon Musk ríe durante una rueda de prensa con el presidente estadounidense Donald TrumpAFP

El coste sería asumible, y si se acierta en el enfoque regional (deben ser distritos donde los postulados de Musk sean mayoritarios). El problema al que se enfrentaría en ese caso sería uno que, siendo inherente al sistema americano, se ignora completamente en España por razones obvias: el candidato importa. No solo se votan unas ideas, sino que el candidato en cada uno de los distritos en juego debe ser mejor que lo existente. Y aunque parezca difícil de digerir, ser político profesional no es tan fácil como parece y la experiencia cuenta mucho. La historia demuestra que, cuando se intenta, la falta de candidatos cualificados y ya examinados por anteriores procesos electorales hace que estos nuevos partidos siempre fallen a la hora de seleccionar candidatos que, pudiendo ser buenas personas o bien intencionados, no han pulido sus colmillos en la brutal arena electoral americana. Hay excepciones: Arnold Schwarzenegger en California, o J.D. Vance en su elección inicial al senado, pero son la excepción y no la norma. A fin de cuentas, en esta ruta es posible que Elon consiga elegir a diez o quince miembros al congreso, sobre todo con las nuevas normas de la comisión federal electoral sobre la libertad de gastos para las famosas Super-PACs, que, de hecho, actúan como bancos electorales para organizar las campañas de los candidatos que apoyan, fuera del control de los partidos tradicionales.

Finalmente, siempre existe la posibilidad de que este nuevo partido se convierta en una especie de sello de garantía. Esto funcionaría más o menos así: el partido hace un decálogo de principios, y a todos los candidatos, sean estos del partido que fueren, que firmen un compromiso de avanzar esos principios en su agenda legislativa, se les dará una especie de sello de aprobación. Este iría acompañado de importantes beneficios económicos para sus campañas a través de la PAC del partido, pero también actuaría como una garantía de calidad para incrementar la financiación a dichos candidatos por parte de terceros (otros techno-bros, o gente afín a esos principios). De este modo se crearía una corriente interna dentro de los dos partidos, debilitando aún más las estructuras centrales del RNC y el DNC, y formando nuevas alianzas directas entre los legisladores y sus electores. El ejemplo histórico ya existe más allá del movimiento MAGA en el famoso Tea Party del partido republicano o el compromiso firmado por los defensores de Newt Gingrich en los años 90.

Si Musk escoge cualquiera de las primeras opciones, ello le llevaría a un enfrentamiento directo con Trump y su movimiento MAGA. Considerando la naturaleza del proceso electoral americano, en el cual el ganador «se lo lleva todo» y no existe el concepto de representación proporcional, lo normal en este caso sería que el gran beneficiado fuera el partido demócrata. No conviene a ninguna de las dos partes. No me cabe duda de que aliados del presidente y de Musk ya están actuando tras las cortinas para evitar este choque de trenes. Sobre todo, porque, en esencia, Trump y su movimiento MAGA no están tan lejos de los deseos de Musk, pero han optado por poner el carro (gasto) delante del caballo (ahorro).

Muchos republicanos apuntan a que el problema es más fácil de solucionar de lo que parece. Si el gasto del Gobierno federal volviera al gasto del ejercicio fiscal 2019, con los ingresos fiscales de hoy en día, el gobierno federal tendría un superávit total de 500 mil millones de dólares, en vez del déficit del 6,7 % del PIB actual. Siendo factualmente cierto, este dato ignora que el incremento en gastos no discrecionales (seguridad social, sanidad, Veteran’s Affairs, etc.) ha crecido de 2,9 billones a 5 billones, mientras que el gasto discrecional solo ha subido en 500 mil millones. Por tanto, cualquier eliminación del déficit requiere tomar las decisiones difíciles de reducir todo este gasto no discrecional, que ninguno de los dos partidos está dispuesto a asumir, por su obvio coste electoral. ¡Es como si en España un partido se presentara a las elecciones con la promesa de reducir las pensiones! ¡Va a ser que no…!

Una de las razones, alegan estos republicanos, es que cualquier recorte requiere el consenso de 60 senadores para poder llevar dichos recortes al voto del senado en su totalidad. Considerando que los republicanos solo tienen 51 votos, y que los demócratas se niegan a votar ninguna de las proposiciones del otro lado del senado, esto hace impracticable cualquier esfuerzo en reducción de gasto. Este sistema, diseñado en otras épocas de conducta entre senadores, parecería anticuado para el nuevo clima polarizado del país. Sus defensores continúan alegando que es una manera efectiva de limitar cambios sistémicos en el gobierno sin un amplio consenso social, y limitan las aberraciones que a menudo son aprobadas por el congreso, que históricamente ha tendido a tener un mayor grado de polarización. Sea como fuere, una de las derivadas de este sistema es que, cuando un gasto se incorpora al presupuesto, es prácticamente imposible eliminarlo.

Finalmente, dentro de esta lucha de egos y titanes entre Musk y Trump no olvidemos al otro lado de la ecuación. El partido demócrata, tras su fiasco en las últimas elecciones, y su práctica desintegración intelectual —no porque no tengan ideas, sino porque dentro del partido existen ideas incompatibles como las de AOC o el nuevo candidato comunista a la alcaldía de Nueva York, con Tom Carper o Mark Warner, ambos demócratas en jurisdicciones preeminentemente republicanas—. Si este noviembre eligen a Mamdani en Nueva York, un personaje antisemita, comunista declarado, y radical donde los haya, le estarán entregando a los republicanos un bazuca nuclear para no perder el poder en las elecciones de medio término, con Musk o sin él.

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