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El canciller alemán, Friedrich Merz

El canciller alemán, Friedrich MerzEFE

La decisión de Merz de suspender el envío de armas a Israel provoca un terremoto político en Alemania

Merz tomó la decisión de manera unilateral, en pleno verano, y sin consultar previamente a la dirección de su partido, lo que ha provocado indignación en las filas conservadoras

La decisión del primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, de escalar su ofensiva en la franja de Gaza, desarrollando un plan de cinco puntos que aseguraría la conquista final del enclave, ha provocado reacciones contrarias a lo largo de prácticamente todo el mundo. Sin embargo, unas cosas son las palabras y otra bien diferente los hechos, y ahí es Alemania el único país que, por ahora, ha actuado en contra de los intereses del país hebreo.

El pasado viernes, el canciller alemán, el democristiano Friedrich Merz, aprobó suspender parcialmente las exportaciones de material militar a Tel Aviv, siguiendo la decisión que ya había tomado el Gobierno anterior —liderado por los socialdemócratas— de congelar informalmente las exportaciones de armamento durante algunos meses de 2024 —aunque oficialmente siempre negaron la existencia de tal embargo—. La decisión tomada ahora por Merz supone un embargo parcial que afectará a futuras exportaciones de armamento «que pudiera utilizarse en la franja de Gaza», una fórmula ambigua que, según la Cancillería, busca impedir que material alemán sea empleado en el asedio que Israel prepara sobre la ciudad de Gaza.

Más allá de la decisión, lo importante es de dónde viene. Alemania, debido a las acciones ocurridas durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, convive con un delicadísimo equilibrio todas las decisiones que atañen a Israel, como consecuencia de la doctrina de la «razón de Estado» —formulada por Angela Merkel en 2008— que considera la seguridad del país hebreo una de las máximas prioridades de Alemania en su política exterior.

Es por eso que, aunque se toman estas decisiones, nadie quiere sacar demasiado rédito de ello. Los socios de Gobierno de Merz, los socialdemócratas, han celebrado discretamente la decisión, considerándolo un paso necesario. Misma reacción que ha llegado desde el ala izquierda de la oposición, los partidos de Los Verdes y La Izquierda. Desde Alternativa para Alemania (AfD), principal fuerza opositora, tampoco ha llegado ninguna reacción contundente.

Y mientras los que aprueban el acuerdo callan, aquellos que lo critican están haciéndose notar. Por si fuera poco, Merz tomó la decisión de manera unilateral, en pleno verano, y sin consultar previamente a la dirección de su partido, lo que ha provocado indignación en las filas conservadoras. Pese a que en su documento interno, filtrado al diario Bild, la Cancillería asegura que «los principios básicos de la política alemana hacia Israel permanecen inalterados», muchos consideran que el daño ya está hecho.

Friedrich Merz, canciller alemán

Friedrich Merz, canciller alemánAFP

Según el periódico Der Spiegel, la noticia cayó como un jarro de agua fría en pleno receso parlamentario, generando la sensación de que Merz actuó de manera personalista y sin buscar consenso. De hecho, el grupo de política exterior de la CDU/CSU ha convocado una reunión de urgencia para este domingo, con el fin de que el asesor de Exteriores del canciller explique el alcance real de la medida.

Mientras el plano político permanece dividido, la opinión pública es más uniforme. Según una encuesta de Forsa de junio publicado por la agencia EFE, el 75 % de los alemanes —incluido un 71 % de votantes conservadores— apoyaba suspender el envío de armas a Israel.

El impacto real de la medida

Pese al terremoto político que ha levantado la decisión en el país teutón, el impacto real del embargo podría ser más limitado de lo que aparenta. Alemania es, según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), el segundo mayor proveedor de material militar a Israel, responsable de aproximadamente un 30 % de sus importaciones. Desde octubre de 2023, Berlín ha autorizado exportaciones por valor de 485 millones de euros, aunque el volumen ya se había reducido en los últimos meses. El veto anunciado por Merz no afectará a suministros a la marina israelí, incluidos submarinos con capacidad para portar cabezas nucleares, ni a sistemas de defensa aérea y marítima, que el Gobierno considera esenciales para la autodefensa de Israel.

A punto de cumplir 100 días en el cargo, Merz sigue siendo un canciller que vive en la cuerda floja. Si ya pasó a la historia cuando su investidura se rechazó en la primera votación, y hace unas semanas la fallida elección de una jueza del Tribunal Constitucional expuso su debilidad gubernamental, ahora el canciller se enfrenta al dilema de defender una medida que para muchos no tendrá consecuencias militares sustanciales, pero que ha desatado un terremoto político que podría convertirse en un importante punto de fractura.

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