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De lo regional a la arena global: mensaje estratégico del Presidente de Uzbekistán

Uzbekistán ya es no solo un actor regional, sino también internacional, capaz de formular iniciativas globales. Precisamente esto otorga a sus palabras una significancia especial a los ojos de la comunidad mundial.

Shavkat Mirziyóev durante su discurso en la Asamblea General de Naciones Unidas

Shavkat Mirziyóev durante su discurso en la Asamblea General de Naciones UnidasPresidencia Uzbekistán

El discurso de Shavkat Mirziyóev en la apertura de la 80.ª periodo de sesiones de la Asamblea General de la ONU no fue un mero discurso diplomático, sino una declaración repleta de propuestas, demostrando que es un estadista dispuesto a actuar y no solo a reflexionar. Su discurso fue la muestra de que Uzbekistán es un Estado que toma muy en serio su papel en la arena global, no solo regional.

Lo que distinguió el discurso del líder uzbeko fue su ambición constructiva. En lugar de los lemas habituales, presentó una invitación a la cooperación: «resolvamos juntos los desafíos de la transformación», «ampliemos la composición del Consejo de Seguridad», «desarrollemos corredores a través de Afganistán». No se trataba de un cúmulo de exigencias, sino de una invitación al diálogo. Había un programa claro, una dirección definida y concreción, lo que añadió peso al discurso del presidente de Uzbekistán, Shavkat Mirziyóev.

Un detalle importante es que no se detuvo en la relación entre las transformaciones internas y el contexto global. No solo enumeró los logros (reducción de la pobreza, aumento de porcentaje de niños y jovenes que acceden a la educación, transición ecológica), sino que los vinculó con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y con la responsabilidad frente a la comunidad internacional. Esto le dio al discurso un carácter de conexión profunda entre lo «local» y lo «global», algo que rara vez se logra en los discursos de otros jefes de Estado en la ONU.

También es notable que en el discurso se percibió una estética de legitimidad moral: no el poder, no la política, sino la dignidad, la justicia y la preocupación por la persona. En una época en la que los conflictos predominan en la agenda internacional, estos acentos emocionales se perciben de manera especialmente positiva.

Sus propuestas, en efecto, van desde la ya muchas veces demandada reforma de la ONU (petición ya veterana y compartida por todos los miembros de la organización) hasta el ofrecimiento de su país como actor crucial para hablar de Seguridad hídrica (la necesidad de agua potable no es exclusiva de este país pero allí se siente mas), el papel protagonista que debe tener la mujer asiática (su hija Siada aparece cada vez mas como modelo de líder femenino en aquella region), la necesidad de prestar atención a ala juventud (y su desarrollo, la esperanza que se les debe ofrecer), o su modelos de estado secular (sin renegar de lo que los pensadores musulmanes han contribuido a su rica cultura e historia), entre otros asuntos.

Finalmente, lo más importante fue la sensación de responsabilidad e iniciativa que dejó el discurso. Uzbekistán no solo relata cómo se desarrolla, sino que declara sus planes, su disposición a la cooperación y propone plataformas concretas (foros, fondos, proyectos). En un mundo donde muchos Estados reclaman el estatus de «socio respetable», Shavkat Mirziyóev eligió la senda de un «país que actúa como socio activo».

En definitiva, el discurso no fue simplemente un «evento diplomático exitoso», sino un marcador de la nueva ambición del país e invitación a un papel renovado en la escena internacional.

El discurso de Shavkat Mirziyóev demostró de manera convincente que hoy en día Uzbekistán ya es no solo un actor regional, sino también internacional, capaz de formular iniciativas globales. Precisamente esto otorga a sus palabras una significancia especial a los ojos de la comunidad mundial.

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