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Cartel a favor de AfD en las calles de Gelsenkirchen

Cartel a favor de AfD en las calles de GelsenkirchenAFP

AfD pone a prueba la estabilidad del Gobierno de Merz en las elecciones municipales más importantes del país

Renania del Norte-Westfalia celebra la segunda vuelta de sus elecciones, con AfD buscando lograr alcaldías en una zona donde su influencia todavía no es tan grande

Es posible que Friedrich Merz haya tenido su mejor semana como canciller alemán. El jueves, el Bundestag, la Cámara Baja del Parlamento, aprobó el nombramiento de los candidatos propuestos por la coalición gobernante para el Tribunal Constitucional, después de que, en verano, esa misma votación acabara en fiasco e hiciera temblar los cimientos del Ejecutivo. Un día después, el viernes, el Bundesrat, la Cámara Alta, aprobó el presupuesto federal para 2025 y puso fin a meses de bloqueo. Sin embargo, el verdadero examen para el canciller llega este domingo con las elecciones municipales en Renania del Norte-Westfalia, la región más poblada del país. Merz no compite en ellas, pero el crédito de su Gobierno está en juego.

En la primera vuelta, celebrada hace dos semanas, Alternativa para Alemania (AfD), el principal partido de la oposición, triplicó sus resultados logrando el 14,5 % de los votos, por detrás de los socialdemócratas, con un 22,1 %, y la Unión Democristiana de Merz, que reunió el 33,3 %. Puede parecer que los resultados de AfD no fueron especialmente significativos, pero hay que tener en cuenta que este estado federado, donde viven unas 18 millones de personas, antiguamente parte de la República Federal de Alemania, es el territorio que le queda por explorar al partido azul –el color que representa a AfD–, que se ha hecho fuerte en el este del país, incluso con posibilidades de lograr alcaldías, pero que todavía no ha conquistado los territorios del oeste.

Los resultados cosechados hace dos semanas le permiten a AfD competir en esta segunda vuelta en tres ciudades: Duisburgo, Hagen y Gelsenkirchen. Esta última, la ciudad minera por excelencia del país, en la cuenca del río Ruhr, funciona como perfecto ejemplo de la transformación de la clase obrera alemana de posturas socialdemócratas hacia los valores que defiende el partido liderado por Alice Weidel. Gelsenkirchen, con sus antiguas minas y siderurgias, ha sufrido décadas de desindustrialización, desempleo y precariedad laboral, condiciones que el partido azul ha sabido capitalizar al presentar un mensaje de recuperación económica, control migratorio y defensa de la identidad local.

Podría parecer que estas elecciones no tienen mucho significado más allá de las fronteras del propio estado, pero, teniendo en cuenta lo movidos que han sido estos primeros meses para Merz, los resultados podrían funcionar como termómetro del descontento ciudadano. Por si fuera poco, muchos analistas atribuyen la presumible victoria de la CDU al carisma de Hendrik Wüst, el primer ministro del estado y que mantiene posiciones bastante enfrentadas con Merz, lo que podría agudizar la imagen de soledad del canciller incluso dentro de su propias filas.

AfD, por su parte, aunque sabe que es improbable que logre ganar alguna alcaldía, busca consolidar su posición en estas ciudades e ir ampliando su influencia hacia el oeste del país, forzando a los partidos tradicionales a replantear alianzas, mensajes y estrategias electorales. Merz ha tenido una gran semana, pero ahora se enfrenta a su primer gran examen, uno que dirá mucho sobre el pulso político de Alemania y la percepción del Gobierno entre los ciudadanos de la región más poblada.

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