Trump, durante su discurso en Quantico
Trump menciona el crimen y la inmigración ilegal como «una guerra desde dentro» y promete un Ejército «más duro»
El presidente ha tomado la palabra durante la sesión extraordinaria del Pentágono
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se ha presentado en la base de Quantico (Virginia) para dirigirse, como comandante en jefe, a cientos de generales y almirantes convocados por el secretario de Defensa (o de Guerra), Pete Hegseth, en una reunión extraordinaria. El evento, inicialmente previsto solo para que Hegseth expusiera su plan de transformación del Pentágono, ha acabado convertido en un espectáculo político y militar.
Trump tomó la palabra después de Hegseth, a quien elogió por haber dado «un gran discurso», aunque reconoció con incomodidad que la sala permanecía en un silencio sepulcral: «Nunca había entrado en una sala tan callada. Si quieren aplaudir, aplaudan», ironizó, antes de desplegar su discurso.
El presidente, entre otras cosas –su discurso duró aproximadamente una hora–, recordó el caso de los dos submarinos nucleares que envió cerca de las costas rusas porque, según dijo, Moscú «nos amenazó un poco recientemente». «Estamos 25 años por delante de Rusia y China en esta tecnología», proclamó. En el mismo tono, aseguró que Estados Unidos debe recuperar la potencia de los viejos acorazados, barcos de guerra retirados tras la Segunda Guerra Mundial pero que Trump considera un símbolo de fuerza: «No sé si todo es tecnología; cuando ves esos cañones, no hay nada que pueda detenerlos».
El mandatario también se refirió a Venezuela, confirmando que fuerzas estadounidenses habían destruido «varias narcolanchas» en el Caribe y prometiendo ampliar la vigilancia sobre las rutas terrestres de los cárteles. «Veremos qué pasa con Venezuela. Ahora vamos a mirar muy seriamente a los cárteles que vienen por tierra», advirtió.
En clave doméstica, definió el despliegue de la Guardia Nacional en varias ciudades como parte de una «guerra desde el interior», que atribuyó al crimen y a la inmigración ilegal. «Es también una guerra: una guerra desde dentro», enfatizó. Y lanzó un aviso a sus propios comandantes: «Si no son verdaderos guerreros, los despediré».
Trump, durante su discurso en Quantico
Antes de Trump, el secretario Hegseth había defendido su proyecto de «resucitar el espíritu guerrero» en las Fuerzas Armadas. Bajo el lema «el fin de la guerra contra los guerreros», anunció que los estándares físicos de todo el personal volverán al «nivel masculino más alto», eliminando las diferencias por género. «El entrenamiento básico debe ser duro, disciplinado y hasta aterrador», sostuvo, adelantando que los instructores recuperarán la autoridad para imponer contacto físico en los campamentos.
Hegseth, expresentador televisivo y feroz crítico de la agenda de diversidad en el Ejército, subrayó además que las promociones serán estrictamente meritocráticas y que «la letalidad» será el criterio central en cualquier decisión. Prometió también reformar los canales de denuncia interna –incluyendo la oficina del inspector general– para limitar el acceso a quejas anónimas sobre racismo, acoso o desigualdad. En su intervención inicial, Hegseth dejó claro que el giro estratégico va más allá de matices semánticos: «Bienvenidos al Departamento de Guerra, porque la era del Departamento de Defensa se ha terminado».
El discurso, celebrado apenas horas antes del más que posible cierre de Gobierno, quiso dar una imagen de fuerza en este momento delicado.«Vamos a luchar, luchar y luchar y ganar, ganar y ganar», finalizó su discurso Trump. Veremos qué pasa esta noche con su Administración.