Europa ante el espejo de Gaza y sus fracasos en política exterior
El supuesto poderío de la UE, a la hora de la verdad, es puro humo. No tiene capacidad de influencia, ni voz ni voto, en asuntos de máxima gravedad de su entorno. La última palabra y la primera también, la tiene y la tendrá Trump. En Gaza, en Ucrania o donde se le antoje
Europa está contenta y el mundo -en general- está contento, pero en Bruselas hay un sabor agridulce. Donald Trump ha conseguido, al menos de momento, un acuerdo de paz en Gaza y ningún país de la Unión Europea ha tenido nada que ver con ello.
Los presidentes de los 27 países miembros desfilaron en Egipto a sugerencia (deseos son órdenes) del presidente de Estados Unidos. Ninguno se atrevió a rechazar «la invitación.» Todos, hasta Pedro Sánchez, que tuvo que digerir el reproche de si estaba trabajando en el porcentaje del PIB (OTAN), salieron en la foto, pero como comparsas del verdadero director de escena.
En estos dos años de horror, Europa no ha sido capaz de tener una voz ni posición única para tratar de mediar en un conflicto sangrante que tiene más cerca que nadie y afecta directamente a sus intereses. La causa o el caso de Palestina le ha servido para entregar, desde el fatídico 7 de octubre de 2023, cerca de 1.500 millones de euros. Habría que saber quién se los quedó. ¿El Gobierno de la Franja que es Hamás o la Autoridad Palestina de Mahmud Abás (más cerca del violín que de la guitarra)?
Emmanuel Macron y Pedro Sánchez se han convertido en este tiempo en los personajes más odiosos para Israel. Jerusalén, –capital y sede del Ejecutivo– dice que han competido entre ellos para ver quién de los dos era más pro Hamás. Hay muchos reproches, pero lo cierto es que no intentaron tender una mano con voluntad de pacificar ese infierno donde el terrorismo islámico mantuvo ocultos 738 días a más de 200 rehenes. Tampoco quisieron acercarse a Netanyahu para tratar de poner un freno a sus órdenes sin límite y evitar que arrasara y convirtiera Gaza en escombros. Falta tiempo para saber de verdad cuántos han muerto en esa venganza desproporcionada de Bibi mientras los europeos se dedicaban a sacudirle en lugar de buscar puentes de entendimiento con su Gobierno.
Al final, los dos, Macron y Sánchez, con enormes problemas en casa, han salido perdiendo de esa absurda y peligrosa maniobra de usar Gaza para tapar sus vergüenzas. El francés no tiene un Gobierno autónomo y para sostenerse en el Elíseo hasta ha renunciado a su promesa estrella de ampliar la edad de jubilación a... 64 años.
Sánchez, por su parte, creyó que podría utilizar la baza palestina a su favor eternamente y tapar los casos de su mujer, su hermano, Santos Cerdán y Ábalos para siempre. Se equivocó.
El presidente del Gobierno se doblaba de risa en el Congreso, –como una versión ordinaria del Joker de Joaquín Phoenix–, en el aniversario del 7 de octubre cuando se trataba el decreto de embargo de armas a Israel que sus socios, con acierto, calificaron de «fake». Antes se divirtió dinamitando la Vuelta Ciclista a España, condicionando la participación de España en Eurovisión (¿qué hará ahora?), animando a la flotilla y enviando al Furor para serenar sus propias aguas revueltas. La frivolidad está en su ADN.
Lo que ha hecho Europa en este tiempo para la paz, –al margen de Macron y Sánchez–, en definitiva, ha sido nada. Bruselas se ha limitado a buscar un modo de castigar a Netanyahu, pero ni para eso han sido capaces de ponerse de acuerdo los socios. A lo más que han llegado ha sido a suspender parcialmente un acuerdo comercial que le va a costar 227 millones de euros.
Le guste o no a Von der Leyen y compañía (siempre hay excepciones) Israel, con todos sus defectos, encarna los valores de Occidente y la cultura judeocristiana. Israel es un muro de contención para el fundamentalismo islámico en Oriente Próximo, un escudo de defensa para el Viejo Continente difícil de igualar y en este conflicto Europa no ha pintado nada. Todo, lo ha hecho Trump con la colaboración de su secretario de Estado, Marco Rubio, su enviado especial para Oriente Próximo, Steve Witkoff y Jared Kushner, su yerno judío que conoce a Bibi desde niño y logró convertir a Ivanka.
En la Unión Europea no hay un liderazgo sólido y el bloque se parece a la Torre de Babel o a la casa de los tres cerditos. Cualquier soplo la hace tambalear. Los Veintisiete sufren una nueva frustración con Gaza y su inexistente papel en ese teatro de paz montado por Estados Unidos. El supuesto poderío de la UE a la hora de la verdad, es puro humo. No tiene capacidad de influencia, ni voz ni voto en asuntos de máxima gravedad de su entorno. La última palabra y la primera también, la tiene y la tendrá Trump. En Gaza, en Ucrania o donde se le antoje.