Rehén israelí liberado Alon Ohel
Torturas, cadenas y aislamiento: los supervivientes de Hamás cuentan sus dos años de cautiverio
Alon Ohel estuvo encadenado en el mismo túnel durante prácticamente los dos años que duró su cautiverio e incluso fue usado como escudo humano por Hamás
Israel respira aliviado, al menos a medias, tras la vuelta de los últimos 20 rehenes con vida que aún mantenía cautivos Hamás desde hacía más de dos años, concretamente 738 días. Este lunes, en la rebautizada Plaza de los Rehenes y Desaparecidos de Tel Aviv, las lágrimas por fin eran de alegría al ver en una pantalla gigante las imágenes de cómo los cautivos eran entregados a la Cruz Roja y al Ejército israelí, encargado de llevarlos de vuelta a su país, a su casa, junto a sus seres queridos. Los primeros reencuentros con sus familiares se dieron en un punto sin determinar en Reim, en la frontera con la franja de Gaza.
De ahí, los rehenes fueron trasladados a centros médicos, donde se han tenido que someter a todo tipo de exámenes, reconocimientos y pruebas. Una vez pasada la euforia inicial, a estos 20 israelíes les queda por delante un duro y largo camino. Poco a poco, los supervivientes van revelando cómo fue su cautiverio durante estos dos años.
Nada más recuperar a su hijo, Alon Ohel, Idit compartió una fotografía sonriente a su lado, en la cama del hospital, acompañada de un emotivo mensaje: «¿Por dónde empezamos? Quizás por el final, por lo más importante: ¡Alon está en casa!», escribió. Así, esta madre confesó que «se ha cerrado un capítulo y se ha abierto otro nuevo, complejo, pero esperanzador. Es un capítulo de reconstrucción».
Avi Ohana, el padre de Yosef-Haim Ohana –secuestrado por Hamás en el festival Nova–, contó al medio hebreoYnetnews que su hijo, poco a poco, ha ido revelando cómo fue su cautiverio, sobre todo los últimos días antes de ser liberado. «Desde que se firmó el acuerdo, me pusieron con otros seis hombres, nos bajaron por las escaleras, íbamos bajando, bajando, bajando, pensando que llegaríamos a otro túnel», relató Yosef-Haim Ohana. El joven asegura que pasó sus últimos momentos en un pozo, junto a otros siete hombres, donde la falta de espacio hacía que costara incluso respirar.
«Un día, Hamás les dio una radio diminuta para que pudieran oír a su muecín; no para que escucharan una emisora, sino al muecín. Pero vieron cables eléctricos en los túneles que llegaban hasta arriba, los conectaron a la radio e intentaron todo tipo de cosas. Me dijo: «Papá, no te lo puedes creer. Elkana Buhbut [otro rehén israelí] y yo captamos la radio de las FDI y oímos que te entrevistaban allí. Eso me dio fuerzas»», relató Avi Ohana en declaraciones a medios israelíes.
Los familiares del resto de supervivientes comparten las mismas historias sobrecogedoras, de condiciones horribles y de cómo ahora se enfrentan a una compleja rehabilitación. «Ha pasado dos años de oscuridad y no sabía nada. No tenía ninguna conexión con el mundo y tiene que llenar muchos vacíos: desde el mundo, la política, la guerra con Irán, el Líbano, lo que les pasó a sus amigos, la familia, quién se casó, quién dio a luz, qué amigo cambió de trabajo, quién voló a dónde. Tiene muchas cosas que quiere llenar», contó Moshe Or, hermano de Avinatan Or, que estuvo cautivo en Ciudad de Gaza.
Otros, como Evyatar David o Alon Ohel, han reconocido que estuvieron sometidos a torturas tanto físicas como psicológicas. De hecho, Alon Ohel estuvo encadenado en el mismo túnel durante prácticamente los dos años que duró su cautiverio e incluso fue usado como escudo humano por Hamás.
Ahora todos, los 22 que han logrado volver con vida, deben hacer frente a enormes secuelas tanto emocionales como físicas. «Por fin podemos empezar a sanar juntos. La recuperación será larga; aún no hemos asimilado del todo lo que ha sucedido aquí en estos últimos dos años. Pero ganamos», escribió Noa Argamani —quien también fue secuestrada por Hamás y liberada gracias a una operación del Ejército israelí en Gaza—, pareja de Avinatan Or.
Otros aún no logran verbalizar todo lo que han sufrido durante esos 738 días. Es el caso de Maxim Herkin: su madre afirmó al Canal 12 que su hijo se encuentra aún muy débil y «no habla de lo que pasó en esos dos años».