Irlanda celebra este viernes elecciones presidenciales
Irlanda celebra unas elecciones marcadas por las protestas contra la inmigración y el giro político del país
Este viernes 24 de octubre, aproximadamente 11 meses después de que los irlandeses saliesen a las calles para elegir primer ministro, las algo más de 3,6 millones de personas que forman el país vuelven a estar convocadas a las urnas. En este caso, para elegir al décimo presidente de la República, un cargo que, sobre el papel, es de carácter principalmente representativo y con poderes limitados, aunque en la práctica ha venido ocupando un papel político relevante, gracias especialmente a Michael D. Higgins, que ahora deja el puesto tras catorce años. Higgins, que siempre se pronunció tanto en asuntos nacionales –como la crisis de vivienda– y en internacionales –con las guerras en Gaza y Ucrania– elevó la presidencia hasta un escalón que está por ver si perdurará.
En estas elecciones, la pugna se concentra entre Catherine Connolly, una diputada independiente de 68 años apoyada por la izquierda y favorita en las encuestas, y Heather Humphreys, dirigente democristiana de 62 años vinculada al tradicional partido Fine Gael. Las últimas muestras de intención de voto sitúan a Connolly en torno al 44 %, frente a un 25 % de Humphreys. Por detrás Jim Gavin, la figura del fútbol gaélico cuya campaña perdió fuerza tras un escándalo financiero y que sigue presente en las papeletas pero sin apenas opciones. Un 21 % del electorado se declara indeciso, y los sondeos auguran una participación posiblemente inferior al 44 % registrado en la última convocatoria, un síntoma de apatía que podría condicionar el resultado.
Las encuestas sitúan a Catherine Connolly como próxima presidenta de Irlanda
Connolly, exalcaldesa de Galway y marcada activista por causas sociales, ha logrado movilizar a los sectores jóvenes con su campaña, aunque juegan en su contra polémicas como un viaje a Siria en 2018, comparaciones históricas discutidas –el aumento del gasto militar de Alemania con la situación del país durante el nazismo– y cercanías con eurodiputados críticos con la OTAN. De ser elegida, sería una continuación y enfatización en el giro hacia la izquierda que ya dio la política irlandesa con Higgins, dentro de un país donde ningún líder de izquierdas ha ocupado aún la jefatura del Gobierno.
Humphreys, ministra con experiencia de Gobierno y propuesta de estabilidad, representa la continuidad institucional y el centroderechismo, con un discurso que apela a lo que en Irlanda se denomina el middle ground. Es decir, asegurarse de que la presidencia no ponga en evidencia al país en foros internacionales y que actúe como factor de cohesión.
Las elecciones, a su vez, coinciden con un clima social muy tenso en el país y especialmente en su capital, Dublín, que en las últimas jornadas ha vivido protestas violentas frente a centros de acogida para solicitantes de asilo. El detonante fue la acusación contra un joven de 26 años, presuntamente solicitante de asilo, por la agresión sexual a una niña de diez años en las inmediaciones del centro. El crimen desató la indignación en redes sociales y, en cuestión de horas, la concentración frente al hotel Citywest se transformó en una turba que ha dejado enfrentamientos con la Policía, decenas de detenidos y agentes heridos.
A su vez, estos comicios también se presentan como un reto para el Ejecutivo liderado por el primer ministro Micheál Martin, al frente de una coalición de centroderecha que convive diariamente con el Sinn Féin –antiguo brazo político del ya inactivo IRA– en la oposición. Pese a que el poder se le sigue resistiendo a los liderados por Mary Lou McDonald, una victoria de Connolly, como pronostican las encuestas, sería un giro más hacia la izquierda en el país.