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Numerosos edificios y servicios permanecen cerrados mientras dura el bloqueo parlamentarioAFP

El cierre de Gobierno más largo en la historia de Estados Unidos: causas, claves y consecuencias

Republicanos y demócratas siguen sin ponerse de acuerdo mientras miles de personas siguen sin trabajo, sueldo o ayudas alimentarias

De récord en récord. Estados Unidos ha alcanzado este martes los 36 días de cierre parcial de su Administración federal, convirtiéndose oficialmente en el más largo de su historia moderna, por encima del registrado durante el primer mandato de Donald Trump en 2019, que se prolongó durante 35 días. Lejos de lograr un acuerdo de última hora, la Casa Blanca ha endurecido sus posiciones y amenaza incluso con dinamitar el funcionamiento tradicional del Congreso para imponer su salida al bloqueo.

El país se adentra así en un territorio desconocido, con una parálisis administrativa sin precedentes, una factura económica que se dispara y un desgaste político que promete pasar factura a quien cargue con la culpa ante la opinión pública. Como en anteriores choques presupuestarios, el origen del cierre es la falta de acuerdo sobre las prioridades de gasto. Concretamente, los demócratas reclaman mantener los subsidios sanitarios de Obamacare y frenar los recortes en Medicaid incluidos en la gran reforma fiscal impulsada por el propio Trump en verano. Los republicanos, por su parte, condicionan cualquier acuerdo a reducciones drásticas del gasto social y medidas migratorias más duras. Pese a que se han producido casi una quincena de votaciones, ninguna ha logrado los 60 votos necesarios para prosperar en el Senado –la última, en la tarde de ayer, se quedó en 54–, donde la regla del filibuster, el mecanismo que permite a una minoría bloquear decisiones relevantes, mantiene paralizada cualquier salida.

Trump, lejos de ceder terreno, ha optado por una fuga hacia delante y ha propuesto acabar temporalmente con el obstruccionismo parlamentario para reabrir el Gobierno únicamente con los 51 votos republicanos. En Truth Social, el presidente elevó esta semana el tono contra su propio partido y exigió activar lo que calificó como la «opción nuclear». Para la dirección republicana en el Senado, aceptar ese atajo sería abrir la puerta a que un futuro Gobierno demócrata gobernase sin freno. «No vamos a dinamitar una herramienta que podríamos necesitar dentro de un año», reconoció un senador conservador a la CNN.

Mientras tanto, los efectos se acumulan en la vida diaria del país y también fuera de sus fronteras. Más de 750.000 funcionarios federales siguen suspendidos de empleo y sueldo, y cerca de medio millón de trabajadores esenciales continúan acudiendo a sus puestos sin cobrar. El espacio aéreo del país podría cerrarse «en ciertas zonas», tal como reconoció el secretario de Transporte, Sean Duffy, por la falta de personal –ya estos últimos días se han registrado más de un centenar de incidencias a lo largo y ancho del país–, museos y parques nacionales han bajado la persiana, las ayudas sociales se encuentran en pausa, y agencias sanitarias clave operan en mínimos en plena alerta por el repunte del sarampión. El bloqueo amenaza también al Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP), la principal ayuda alimentaria en Estados Unidos, del que dependen más de 40 millones de personas semanalmente. Trump ha advertido en Truth Social que los beneficios «solo se concederán cuando los demócratas abran el Gobierno», acusándolos de haber disparado el gasto bajo el mandato de Joe Biden.

Incluso en España también se ha sentido el impacto. Los más de 1.000 empleados civiles de las bases de Rota y Morón sufrieron retrasos en sus nóminas debido al bloqueo presupuestario estadounidense. La incertidumbre, reconocen los sindicatos, podría repetirse mientras el cierre se prolongue.

El coordinador de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, Tom Emmer, el líder de la mayoría republicana en la Cámara, Steve Scalise y el presidente de la Cámara de Representantes, Mike JohnsonAFP

Por si fuera poco, el récord ha llegado en una fecha simbólica, coincidiendo con el primer aniversario de la victoria de Trump frente a Kamala Harris. Paradójicamente, el presidente vuelve a entrar en los libros de historia el mismo día, pero por la parálisis más prolongada vivida en Washington. Trump ya suma cuatro cierres de Gobierno bajo su presidencia, tres de ellos durante su primer mandato, aunque dos de ellos no duraron ni dos días.

Mientras tanto, la gran pregunta es quién pagará el precio político del cierre. Según una encuesta del Washington Post, un 45 % de los estadounidenses culpa a Trump y a los republicanos del cierre, frente a un 33 % que responsabiliza a los demócratas. Aunque todavía queda un año, la clase política sabe que cada argumento cuenta de cara a las elecciones legislativas del próximo año. «Es mucho más probable que los demócratas ganen las elecciones de mitad de mandato y las próximas elecciones presidenciales si no eliminamos la obstrucción parlamentaria (¡La opción nuclear!), porque será imposible para los republicanos implementar políticas de sentido común con estos demócratas lunáticos pudiendo bloquearlo todo al retener sus votos», alertó Trump en su red social, Truth.

Llegados a este punto, el desenlace podría llegar de tres formas: un acuerdo temporal que reabra el Gobierno sin resolver el fondo del conflicto, un pacto integral de financiación con concesiones mutuas, o la ruptura de las reglas del Senado para aprobar la reapertura por mayoría simple, un escenario tan explosivo como incierto. Por ahora, ninguna de estas soluciones parece inminente. Mientras tanto, el país sigue sufriendo las consecuencias.