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El frente ucraniano, estancado y difuso, ya no es una línea en un mapa

Los ucranianos intentan golpear objetivos profundos en Rusia. Han alcanzado la planta petroquímica de Sterlitamak, a más de 1.500 kilómetros de Ucrania o las lejanas refinerías de Saratov y Krasnodar. Si no puedes desatascar el frente, cámbialo de lugar

La 33ª brigada mecanizada independiente del Ejército de UcraniaAFP

Aunque la necesidad emocional de acción o resolución de un conflicto sea exigencia ineludible de la propaganda bélica, a veces, simplemente, la situación no se desatasca por mucho que se desee. Eso está ocurriendo en el frente militar de la guerra en Ucrania: agazapados en la acción defensiva los unos y resilientes en la versión ofensiva los otros. Resiliencia con pérdidas territoriales para los ucranianos, avance milimétrico con pérdidas desproporcionadas para los rusos. La lenta y costosa presión va dando frutos, pero no victorias determinantes. Ese empuje sostenido hace imposible dar la vuelta de tortilla a los ucranianos, pero tampoco les desahucia definitivamente.

El frente militar ucraniano permanece fijo, pero, no nos engañemos, la situación de la guerra no es la situación del frente tal y como lo entiende la opinión pública: una línea continua y nítida que va desde al noreste del Óblast de Donestk hasta el sur de Jersón con el río Dnipro actuando de separador natural que impide el encontronazo. El verdadero frente está hecho de focos, franjas y cotas, no de líneas. Es allí donde se concentra táctica y estratégicamente el combate.

El principal escenario de lucha este comienzo de noviembre preinvernal es la localidad de Pokrovsk en el Donbás. Antes de la guerra tenía 60.000 habitantes, ahora no debe haber más de 2.000 civiles. Las fuerzas rusas especializadas en combate urbano están penetrando cada vez más profundamente en el núcleo, según muestran las imágenes geolocalizadas de fuentes abiertas más o menos fiables. El mismísimo jefe de la Dirección Principal de Inteligencia (GRU), Kirilo Budánov, está sobre el terreno comandando la contraofensiva con helicópteros Black Hawk contra pequeños comandos de Spetsnaz, paracaidistas veteranos e infantes de marina rusos. O sea, tropas de élite, combinadas con bombas capaces de destruir edificios enteros.

Realmente hay mucho en juego. Los ucranianos por su parte intentan evitar la tenaza, pero les va a resultar muy difícil cuando la proporción de combatientes es de uno a ocho. Hasta la prensa ucraniana (Ukrainska Pravda) ha criticado la lentitud en reaccionar cuando los rusos atacaron. ¿Por qué esta desproporción y estos retrasos? Los rusos juegan a abrir brechas –como el caso en Dobropillia en agosto– para que los ucranianos muevan tropas, atacándoles finalmente en las zonas debilitadas. Es en estas tácticas en las que se enmarcan los ataques y contraataques del sur.

El objetivo es la caída de Pokrovsk, que ya se da por muy probable en noviembre

Las fichas de dominó se tambalean, como pretende todo estratega. El objetivo es la caída de Pokrovsk, que ya se da por muy probable en noviembre, y puede propiciar a su vez la conquista de la cercana Myrnohrad. Este no sería solo un logro ruso de territorio ocupado sino de control sobre carreteras importantes hacia el sur para el trasporte de material militar y evacuación de heridos. Además, significaría el control de las líneas ferroviarias hacia Kramatorsk y Sloviansk, plazas fuertes ucranianas que contienen el avance ruso.

Sobre datos concretos de bajas es mejor decir poco, porque las guerras de cifras son otra batalla, la de las fuentes, ninguna imparcial. La mayoría afirma que las pérdidas rusas son altísimas y que su modelo de reclutamiento de tropas contratadas con incentivos económicos está mutando a un reclutamiento forzoso de reservistas, que no puede menos que mermar las capacidades rusas. Mientras, en el lado ucraniano, parte de los desertores de los años pasados está reincorporándose al combate. La pregunta es si el cinturón fortificado de los ucranianos en Donetsk seguirá siento tan letal e impenetrable como lo ha sido hasta ahora.

Lo más curioso es que esta guerra de drones ha hecho que la delgada línea de los frentes de batalla nunca vuelva a ser delgada sino gruesas franjas muy peligrosas. Un frente tradicional tenía, dependiendo de las circunstancias, entre uno y tres kilómetros en que la situación era realmente para los soldados combatientes, pero ahora esa distancia se ha multiplicado dos, tres o cuatro.

Los drones FPV (First Person View) dotados de sensores buscan en manadas cuerpos que abatir. Son baratos, precisos, operables y no interceptarles. No extraña que los soldados de «primera franja» se escondan de ellos bajo lonas, sombrajos y cualquier refugio que se parezca a una trinchera horizontal. No más líneas, ya no hay nadie a salvo en 15 o 20 kilómetros para el fuego directo de las balas o de la artillería a la que guían.

Solo en los primeros días de noviembre Rusia ha lanzado misiles y oleadas de drones sobre Zaporiyia, Dnipropetrovsk, Donetsk, Kirovograd, Sumi y Odesa

La segunda batalla está a muchos kilómetros de la línea territorial de frente. Está en las instalaciones energéticas de los dos bandos. Los ataques se han intensificado en los últimos meses. Solo en los primeros días de noviembre, Rusia ha lanzado misiles y oleadas de drones sobre Zaporiyia, Dnipropetrovsk, Donetsk, Kirovograd, Sumi y Odesa.

Los cortes de electricidad tienen doble objetivo. En primer lugar, el bloqueo de la producción de armamento y la interrupción de las comunicaciones militares. En segundo lugar, minar la moral de la población civil y crear crisis humanitarias en las que el frío del invierno sea un arma omnipresente.

También en estos días los ucranianos intentan golpear objetivos profundos en Rusia. Han alcanzado la planta petroquímica de Sterlitamak, a más de 1.500 kilómetros de Ucrania o las lejanas refinerías de Saratov y Krasnodar. De ahí el sueño ucraniano de tener misiles Tomahawk con los que llegar a cualquier puente, centro de mando, petroquímica o fábrica de armamento de Rusia. Si no puedes desatascar el frente, cámbialo de lugar.