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CrónicaLuis García CasasBonn (Alemania)

Alemania defiende la Navidad un año después del zarpazo terrorista de Magdeburgo: «El terror no puede ganar»

Los mercados navideños son una de las señas de identidad del país que vio nacer la Reforma, pero en el que todavía una de cada cuatro personas es católica

Mercado navideño de Magdeburgo, tras el atropello masivo el pasado añoAFP

Los tradicionales mercadillos navideños empiezan a abrir por toda Alemania. Ya lo ha hecho el de Magdeburgo, coincidiendo con el aniversario del atentado en que un médico saudí atropelló mortalmente a seis personas e hirió a más de trescientas. Eso ha hecho que se aprueben unas medidas de seguridad más estrictas, cuyo cumplimiento había dejado en el aire hasta el último momento la apertura del mercado de Magdeburgo.

El canciller Friedrich Merz (de la CDU, la Unión Cristiano Demócrata) abogó el martes por el desarrollo de estándares a nivel municipal para facilitar y hacer más segura la organización de los mercadillos.

El mandatario dijo que «le entristecía profundamente que ni siquiera las ciudades más pequeñas puedan celebrar ya los mercadillos navideños sin amplias medidas de seguridad. Pero no hay una ola de cancelaciones.»

«El terror no puede ganar», dijo esta semana el presidente de la asociación de feriantes DSB, Albert Ritter. Su organización contabiliza 3.250 mercados navideños mayores en Alemania, con 170 millones de visitantes al año. La cifra es mucho mayor, ya que también hay pequeños mercadillos organizados por parroquias o asociaciones que apenas duran un día o dos. En la GEMA, equivalente a la SGAE en España, se registraron el año pasado, por ejemplo, más de siete mil mercadillos navideños.

Se trata de una tradición con mucha historia: el primer Mercado de San Nicolás en Múnich está documentado desde 1310, por ejemplo. Hoy en día se ha divesificado mucho e, incluso, en ciudades como Colonia o Hamburgo se pueden encontrar hasta mercadillos gay de Navidad, que tratan, no obstante, de no desvirtuar su origen religioso.

Y es que Alemania sigue siendo un país muy religioso. Según un informe publicado en febrero por la agencia federal de estadísticas Destatis, basado en los datos del último censo, correspondiente al año 2022, en Alemania una de cada cuatro personas es católica (25,1%), por encima incluso de los adscritos a la Iglesia evangélica (protestante), a la que pertenece el 23,1% de la población.

Un sur católico y un norte protestante

Estos datos esconden, sin embargo, una desigual distribución territorial: los católicos son una clara mayoría únicamente en Baviera (más del 40% del total), Baden-Württemberg y Renania-Palatinado, además de en la pequeña región del Sarre (donde son el 60% de la población). En la región más poblada del país, Renania del Norte-Wesfalia, el porcentaje de católicos y de protestantes prácticamente se iguala, con en torno a un 30% del total cada uno.

Las cifras confirman la idea tradicional de que el sur y el oeste del país son mayoritariamente católicos y el norte, protestante. En las regiones de Alemania del Este, los protestantes son mucho más numerosos también, aunque el 76,1% de la población no tiene adscripción religiosa alguna.

Un 51,8% de la población total, según el censo, no tiene adscripción religiosa o se encuadra en otras religiones. El censo no recoge desde 1987 datos de pertenencia a esas otras religiones, por lo que hay que buscar fuentes estadísticas alternativas. Según datos del Ministerio del Interior, hay en el país unos cinco millones y medio de musulmanes, lo que representa en torno al 6,5% de la población, casi la mitad de ellos de origen turco.

Sólo algunas comunidades religiosas, entre las que no se cuenta la musulmana, están reconocidas como iglesias estatales

El desinterés de las cifras oficiales por las otras religiones está motivado, por un lado, por la polémica que suponía que el Estado preguntara su filiación religiosa a una población en la que aumentaba el número de musulmanes, pero también el de judíos, que empezaban a regresar después de la persecución nazi. Y, por otro, porque sólo algunas comunidades religiosas, entre las que no se cuenta la musulmana, están reconocidas como iglesias estatales, que se financian principalmente a través de la Administración Tributaria.

Esta recauda directamente el Impuesto Eclesiástico, reteniendo directamente de las nóminas de los feligreses hasta un 8% o un 9%, dependiendo de la región (por muy poco no podemos hablar de «diezmo»). La Iglesia paga a la administración un porcentaje por la gestión del impuesto y recibe el resto para sus gastos. Esto hace que algunas de las diócesis alemanas estén entre las más ricas del mundo, como la archidiócesis de Colonia.

Más rica que El Vaticano

El Obispado de Colonia estimó en febrero de 2015 su patrimonio en 3.350 millones de euros. Era la primera vez que lo hacía y se vio que la cifra superaba a la del propio Vaticano (cuyo patrimonio fue calculado entonces, en plena revisión de sus finanzas ordenada por el Papa Francisco, en 2.640 millones de euros por el secretario de Economía de la Santa Sede). Ambas cifras han sido revisadas al alza en años posteriores. Y algunos especialistas alemanes en el tema nos confiesan que hay demarcaciones más ricas aún que Colonia, pero que no han hecho públicas sus cuentas.

Esa salud financiera permite a la Iglesia mantener una presencia y una obra social enorme, pero no ha estado exenta tampoco de polémicas. Como cuando se supo que el obispo de Limburgo había gastado más de 30 millones de euros en renovar su residencia de lujo. No había cometido ninguna irregularidad, pero el Papa terminó cesándolo. Tampoco ha escapado la Iglesia alemana de los escándalos por abusos a menores y el propio arzobispo de Colonia reconoció que había habido «errores» en la gestión de las denuncias.

Cáritas emplea en Alemania a 740.000 trabajadores (unos 300.000 en el sector sanitario, 180.000 en bienestar infantil y juvenil y 126.000 en cuidado de mayores). Y cuenta con más de 100.000 voluntarios. Su equivalente en la Iglesia evangélica, Diakonie Deutschland, tiene casi 700.000 empleados y otros tantos voluntarios. Esto da una idea de su enorme labor social.

Cuando un niño llega a la edad escolar, se le ofrecen tres de los colegios públicos más cercanos: uno católico, otro evangélico y un tercero laico.

Por ejemplo, cuando un niño llega a la edad escolar, se le ofrecen tres de los colegios públicos más cercanos: uno católico, otro evangélico y un tercero laico. Las actividades extraescolares y el servicio de comedor suelen estar a cargo de una de estas entidades, que además prestan apoyo con unas clases de Religión que, no obstante, no son obligatorias.

La presencia de la Iglesia es notable también en otros sectores. En la radio pública, por ejemplo, se alternan ambas iglesias para comentar la actualidad en una contribución diaria. Y, además, cada una de ellas cuenta con su propia agencia de noticias: la Agencia de Noticias Católica KNA (Katolische Nachrichten Agentur) y el Servicio de Prensa Evangélico epd (Evangelischer Pressedienst), que cubren ampliamente la información religiosa, pero también toda la actualidad.

El director de KNA, Bernward Loheide, defiende en una entrevista reciente el papel de esta como «servicio a la sociedad», negando ser un instrumento de relaciones públicas para la Iglesia y apostando por un periodismo «crítico, pero también constructivo». Y recuerda, además, que muchos conflictos políticos tienen una vertiente religiosa y que muchos de los problemas internos, como la inmigración y la integración, también, por lo que no está de más aportar «una perspectiva cristiana».

Los medios están en una situación parecida a la de las iglesias cristianasBernward LoheideDirector de la agencia de noticias KNA

«Los medios están en una situación parecida a la de las iglesias cristianas», dice Loheide haciendo un gráfico paralelismo. «Los tiempos en los que los feligreses o, respectivamente, los lectores suscritos permanecían fieles a lo largo de toda la vida, han pasado», escribe en el último número de la revista de la Asociación de Periodistas Alemanes.

Efectivamente, las cifras de feligreses han venido cayendo en las últimas décadas, aunque no de forma tan pronunciada como en otros países europeos. En el anterior censo, por ejemplo, el de 2011, un 30% de la población era católica y un 29,1%, protestante. Esta disminución, sin embargo, no ha dejado las iglesias vacías, que cada domingo se llenan de fieles. Y más ahora que se acerca la Navidad. Y que el mercadillo, la mayoría de las veces, pilla de paso.