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Una estatua que representa al presidente estadounidense Donald Trump y a Jeffrey Epstein

Una estatua que representa al presidente estadounidense Donald Trump y a Jeffrey EpsteinGetty Images via AFP

Todas las claves de la nueva desclasificación sobre Epstein: el «hombre invisible» y el papel de Trump

A diferencia de la primera tanda liberada el pasado viernes, en esta segunda sí aparecen numerosas referencias a Donald Trump

La nueva remesa de documentos desclasificados sobre el pederasta Jeffrey Epstein, que llegó este martes tras haberse publicado –y borrado– unas horas antes, vuelve a hacer correr ríos de tinta sobre teorías y posibles implicaciones en la red criminal del traficante sexual, aunque, como era de esperar, y a falta de estudiar en profundidad los miles y miles de documentos que han visto la luz, sigue sin ayudar a resolver, no ya el caso, sino alguna de las numerosas incógnitas que le rodean.

En los últimos días, tras vencerse el plazo que tenían para hacer públicos todos los archivos, el Departamento de Justicia de Estados Unidos ha liberado cerca de 30.000 páginas adicionales relacionadas con la investigación a Epstein. Una desclasificación cargada de confusión e interrogantes, con archivos enteros en negro, documentos que desaparecen horas después de publicarse, enlaces que no funcionan, material difundido sin contexto y advertencias oficiales posteriores sobre la presencia de afirmaciones «no verificadas» o «sensacionalistas».

Sea como fuere, y a diferencia de la primera tanda liberada el pasado viernes, en esta segunda desclasificación sí aparecen numerosas referencias al presidente de Estados Unidos, Donald Trump. La más relevante es un correo electrónico interno enviado el 7 de enero de 2020 por la fiscalía del distrito sur de Nueva York, titulado Epstein flight records –o sea, los registros de los vuelos de Epstein–. En él, un fiscal advertía de que los registros de vuelo recién recibidos mostraban que Trump había viajado en el jet privado del pederasta «muchas más veces de lo que se había informado previamente», incluso durante el periodo en el que los investigadores preveían presentar cargos contra Ghislaine Maxwell, su colaboradora más estrecha.

Según ese documento, Trump figuraba como pasajero en al menos ocho vuelos entre 1993 y 1996. En cuatro de ellos también estaba presente Maxwell y, en uno, Trump y Epstein aparecen como los únicos pasajeros. En otro, viajaban ambos junto a una mujer de 20 años cuya identidad ha sido censurada. En dos vuelos más, señala el fiscal, había mujeres que podrían haber sido «posibles testigos» en el caso contra Maxwell. No hay indicios de que ninguna de estas personas fuera víctima de delito alguno ni de que Trump incurriera en conducta criminal, algo que subrayan tanto los propios documentos como el Departamento de Justicia.

Pese a que la opinión pública sobre la desclasificación muchas veces gira hacia el mandatario del país más poderoso del mundo, son muchos los políticos, estrellas de Hollywood, músicos o celebridades que se han visto salpicados por el caso. En particular, una que llama la atención es la figura del «hombre invisible», un alias que aparece en intercambios de correos electrónicos con Ghislaine Maxwell a comienzos de los años 2000. Aunque no se le identifica explícitamente, múltiples indicios –referencias a Balmoral, a un antiguo servicio en la Marina Real británica, a un valet fallecido y a un viaje oficial a Perú– apuntan a que se trataría de Andrew Mountbatten-Windsor, hermano del rey de Inglaterra Carlos III, y entonces duque de York, aunque actualmente ha sido despojado de sus títulos reales.

Foto de archivo en la que aparece Donald Trump junto a Jeffrey Epstein

Foto de archivo en la que aparece Donald Trump junto a Jeffrey Epstein y Ghislaine MaxwellGetty Images

En esos correos, Maxwell actúa como intermediaria en la organización de viajes y encuentros sociales para su misterioso corresponsal. En uno de ellos, fechado en agosto de 2001, el «hombre invisible» escribe desde Balmoral y pregunta si Maxwell le ha encontrado «nuevos amigos inapropiados». En otro intercambio, vinculado a un viaje a Perú en 2002, se habla de two-legged sightseeing, una expresión que Maxwell traduce como mujeres «inteligentes, atractivas y discretas, de buenas familias». En esta ocasión, tampoco existe evidencia de que estos intercambios derivasen en delitos ni de que se produjeran abusos.

El lote incluye asimismo materiales desconcertantes, como una carta atribuida a Epstein y dirigida desde prisión a Larry Nassar, el exmédico del equipo olímpico estadounidense condenado por abusos sexuales. En ella también se menciona de forma burda a Donald Trump. El Departamento de Justicia, por su parte, ha advertido que algunos documentos contienen afirmaciones falsas que circularon en entornos conspirativos antes de las elecciones de 2020.

Pese a todo, si hay un denominador común en esta desclasificación –además de en las anteriores y las que vendrán– es la ausencia de contexto. Teniendo en cuenta que el propio Departamento de Justicia reconoce que no todo lo publicado es veraz o contrastado, y que la inclusión de nombres en los archivos no implica culpabilidad, todo lo sucedido en los últimos días no es sino el caldo de cultivo perfecto para que crezcan las teorías de la conspiración en una opinión pública estadounidense que sabe que la verdad sigue quedando lejos.

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