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Macron, Von der Leyen, Starmer y Meloni, junto a otros líderes europeos, en una visita a la Casa BlancaAFP

2025, el año que enterró a Von der Leyen, Macron y Starmer y encumbró a Meloni

Europa ha vivido un año especialmente duro, aquejada por los aranceles y la ausencia de voz en las negociaciones por la paz

Ahora que se acerca el final del año, toca recapitular y hacer balance de todo lo ocurrido en los últimos meses. En el terreno de la política internacional, ha sido un período especialmente prolífero debido al regreso de Donald Trump a la Casa Blanca y toda la tormenta posterior que se ha desatado, tanto en forma de aranceles como con guerras que se han detenido, iniciado o siguen en marcha pese a sus intentos de frenarla.

Sin embargo, alejándonos de la Casa Blanca y centrándonos en Europa, en un año particularmente duro para el Viejo Continente que ha visto cómo la Administración Trump les deja de lado en conversaciones que les afectan directamente, el balance distingue claramente entre vencedores –pocos– y vencidos.

Dos de los países más poderosos de Europa, Francia y Reino Unido, han vivido una situación que, con sus matices, ha sido similar. Sus dirigentes, Emmanuel Macron y Keir Starmer respectivamente, han intentado usar la política exterior como escudo ante una situación interna crítica, pero con poco éxito.

De hecho, ambos intentaron liderar las conversaciones europeas con Trump para que el continente no se viese castigado en la guerra arancelaria y tuviese un papel preponderante en la negociación para la paz en Ucrania, un objetivo donde han fracasado, pues Trump y el presidente ruso, Vladimir Putin, continúan llevando la voz cantante en la mesa de negociaciones. En materia arancelaria, es cierto que Starmer logró un acuerdo con Washington para reducir las tarifas, mientras que Francia, al igual que Europa, quedó sujeta al acuerdo que firmaron Ursula von der Leyen y el presidente norteamericano, que contempla un arancel general del 15 %.

En la situación interna, tanto Macron como Starmer están descendiendo de una manera alarmante en las encuestas, ambos inoperantes ante el ascenso tanto de la Agrupación Nacional de Marine Le Pen como de Reform UK de Nigel Farage. Es más llamativo lo del británico, pues tan solo el año pasado venció con mucha claridad las elecciones, aunque más grave lo del francés, que se encuentra con un país al borde del colapso económico y con un Ejecutivo que vive constantemente al borde del abismo. En el último año, han caído tres primeros ministros, pero Macron sigue sin llamar a las urnas.

Keir Starmer junto a Emmanuel MacronAFP

En este relato de vencidos también se encuentra la presidenta de la Comisión Europea, la alemana –nacida en Bruselas– Ursula von der Leyen, que, como se ha contado, ha fracaso con Trump tanto a la hora de negociar los aranceles –plegándose a la tarifa del 15 %– como a la hora de dar a Europa una voz creíble en las negociaciones para la paz tanto en Ucrania como en la franja de Gaza.

Internamente, además, Von der Leyen también ha vivido sus propios fantasmas. El pasado mes de octubre, la presidenta de la Comisión se enfrentó hasta a dos mociones de censura, presentadas tanto por Patriotas por Europa como por la Izquierda. Aunque es cierto que la mandataria superó ambas con holgura, su mera presentación ya fue una representación de la división que su mandato está provocando y el apoyo menguante que tiene.

En el otro extremo, por su parte, se encuentra la primera ministra italiana, Giorgia Meloni. Aunque es cierto que Italia, como el resto de Europa, no ha escapado del 'tarifazo' de Trump, la buena relación que mantiene con el presidente estadounidense le garantiza al país mediterráneo una voz más creíble en las negociaciones.

Además, internamente, y pese a alguna discusión en la coalición gobernante entre la propia Meloni y Matteo Salvini, líder de la Liga, la mandataria sigue recolectando apoyo y ha salido como vencedora del otoño electoral en su país, afianzándose en varias regiones claves. En una Europa que se sume en la inestabilidad, su mandato, paradójicamente en un país tan cambiante como Italia, es el que más solidez transmite.