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El presidente bielorruso, Alexander Lukashenko, junto al enviado especial de Estados Unidos, John P. Coale, en MinskAFP

Medicamentos para adelgazar y piezas de Boeing: la extraña negociación de Trump con Lukashenko

Desde que el republicano volviera a ocupar la Casa Blanca, el pasado mes de enero, Bielorrusia ha liberado a más de 250 presos de más de diez países, cinco de ellos con ciudadanía estadounidense

El pasado 13 de diciembre, Bielorrusia, considerada como la última dictadura de Europa, liberó a 123 prisioneros políticos, entre los que se incluían tres destacados líderes de la oposición, como la activista María Kolesnikova, el premio Nobel de la Paz Ales Bialiatski o el excandidato presidencial Viktor Babariko. Este acto de buena fe del autócrata Aleksandr Lukashenko, negociado con Estados Unidos, no fue gratuito ni fortuito.

A cambio de la excarcelación, Lukashenko se garantizaba el levantamiento de las sanciones a la potasa bielorrusa, un componente clave de los fertilizantes, pero, de paso, también se llevaba el compromiso de Washington de suministrarle componentes Boeing para arreglar su ajado avión presidencial y un cargamento de medicamentos para bajar de peso, según ha publicado esta semana The Wall Street Journal (WSJ).

Se trata de una de las negociaciones más extrañas que la Administración Trump ha protagonizado hasta día de hoy. El encargado de representar a Washington en las conversaciones en Minsk fue el abogado John P. Coale, quien lleva meses forjando una estrecha relación con Lukashenko. Coale, quien en su momento representó al presidente estadounidense Donald Trump en sus litigios contra Meta y otras plataformas de redes sociales tras haber sido vetado de estas, no sabía siquiera ubicar Bielorrusia en un mapa. «Lo primero que pensé fue: ¿dónde demonios están esos?», se preguntó Coale la primera vez que le propusieron la misión de viajar hasta Minsk para mediar en un intercambio de prisioneros, como publica WSJ.

Desde su primera visita a Bielorrusia, la relación entre el abogado de Trump y Lukashenko se ha ido fortaleciendo tanto que, durante su último encuentro, la cena que compartieron estuvo regada por el vodka. Así, en un ambiente totalmente distendido y en una conversación de lo más común, surgió la propuesta de suministrar al dictador bielorruso, de 71 años y 1,82 metros de altura, medicamentos para bajar unos kilos. «¿Ha perdido peso?», le interpeló Lukashenko al abogado. «Sí», respondió Coale, que pasó a explicarse que su secreto era que se inyectaba Zepbound, un fármaco recetado para tratar la obesidad en personas adultas. Entonces, el abogado sacó un folleto del fabricante estadounidense del medicamento, Eli Lilly, y se comprometió a facilitárselo.

No era la primera vez que el autócrata, y mayor aliado del ruso Vladimir Putin, había mostrado su interés por este tema. En otra visita de Coale, el pasado mes de abril, ambos habrían hablado sobre estos fármacos que ayudan a perder peso. Otro asunto que quería dejar zanjado Lukashenko era la reparación de su avión presidencial y que se levantaran las sanciones que aún pesan sobre la aerolínea estatal, Belavia. Desde que Trump volviera a ocupar la Casa Blanca, el pasado mes de enero, Bielorrusia ha liberado a más de 250 presos de más de diez países, cinco de ellos con ciudadanía estadounidense. Por su parte, Lukashenko ha logrado que Washington levante o relaje ciertas restricciones comerciales.

El dictador bielorruso, y en paralelo a las negociaciones de Estados Unidos con Rusia para poner fin a la invasión de Ucrania, se ha ido acercando a Washington. Opositores aseguran que estos movimientos de Lukashenko responden a una mera estrategia de supervivencia. El exdiputado polaco Robert Tyszkiewicz explicaba a principios de este mes de diciembre, en conversación con El Debate, que Lukashenko «tiene mucho miedo a lo que pueda pasar una vez termine la guerra de Ucrania y teme que Putin no le siga necesitando». Por ello, el último dictador de Europa quiere estar a buenas con Washington y se ha vendido como mediador para poner fin al conflicto en el Viejo Continente e, incluso, ha ofrecido su país para acoger a otro dictador, el venezolano Nicolás Maduro, en plena escalada bélica entre Estados Unidos y Venezuela.