El 20 de enero, Donald Trump, que había vencido las elecciones hace más de dos meses, fue investido, de nuevo, como presidente de Estados Unidos. En su discurso, el republicano prometió el discurso de una «era dorada para América». «Desde este día nuestro país florecerá y volverá a ser respetado, seremos la envidia de todos. Nuestra soberanía y seguridad serán restauradas, nuestra prioridad principal será construir una nación próspera, orgullosa y libre. Debemos ser honestos con los retos que enfrentamos. Tenemos un Gobierno que se ha negado a proteger las fronteras americanas o más importante, la propia vida de sus ciudadanos. Tenemos un sistema educativo que odia a nuestro país y enseña a los alumnos a avergonzarse de ellos mismos. Mi reelección es la reacción a las traiciones que han ocurrido, para dar a la gente su fe y libertad de vuelta. Desde este momento, el hundimiento de América se acabó. El camino no ha sido fácil, incluso intentaron acabar con mi vida, pero Dios me salvó para hacer a América grande de nuevo», prometió.