Fundado en 1910

La Guardia Revolucionaria Islámica: las SS de la teocracia iraní

Un elemento clave es su brazo internacional, la Fuerza Quds, especializada en operaciones en el extranjero. Esta unidad ha forjado alianzas con grupos como Hezbollah en Líbano, Hamás en Gaza, las milicias chiíes en Irak y Siria, y los rebeldes Hutíes en Yemen

Miembros de la Guardia Revolucionaria de Irán

Miembros de la Guardia Revolucionaria de IránAFP

La Guardia Revolucionaria Islámica (GR) nació durante la revolución de 1979, con la misión expresa de proteger el nuevo orden teocrático, instaurado tras la caída del sha Reza Pahlevi.

Desde su creación, el líder revolucionario Jomeiní quiso un cuerpo militar paralelo al ejército, leal únicamente a la jerarquía clerical, para prevenir un golpe de Estado como el que en 1953 derrocó al primer ministro Mosadeq, con apoyo estadounidense. Fue concebida como guardián de los «valores revolucionarios» y la «seguridad islámica», con independencia del ejército formal del país.

Su modelo fueron las SS nazis, un cuerpo fanático, altamente ideologizado y sin el menor escrúpulo para ejecutar todo tipo de misiones.

Desde sus primeros años, la GR se involucró en la guerra con Irak (1980-1988), que lo fortaleció como fuerza militar y política. Evolucionó de un grupo revolucionario a un aparato con armada, fuerza aérea y comando de misiles, separándose estructuralmente de las fuerzas armadas convencionales y respondiendo directamente al Guía –dictador– Supremo de Irán, hoy Ali Jameneí.

Su ideología es fundamentalista chií y estatista: combina la doctrina política de la República Islámica con la legitimación religiosa clerical. Promueve la exportación de la revolución chií, la defensa de regímenes afines y la oposición a Estados Unidos, Israel y Occidente. Oficialmente, el régimen presenta la guardia como defensora de la soberanía iraní y combatiente del «terrorismo». Fuentes occidentales y opositoras desmienten esta imagen y señalan que su ideología es además un mecanismo interno de control ideológico e intimidación social.

Un elemento clave es su brazo internacional, la Fuerza Quds, especializada en operaciones en el extranjero. Esta unidad ha forjado alianzas con grupos como Hezbolá en Líbano, Hamás en Gaza, las milicias chiíes en Irak y Siria, y los rebeldes Hutíes en Yemen, extendiendo la influencia de Teherán a través de entrenamiento, armas, financiamiento y comando estratégico.

Muchos analistas occidentales la describen como una red de proxys cuyo objetivo es interferir en la política regional y debilitar adversarios de Irán. Por estas actividades, el Departamento de Estado de EE.UU. definió a la GR como organización terrorista extranjera en su totalidad, en 2019 –un hecho sin precedentes contra parte formal de un Estado- y muchas naciones democráticas sancionaron tanto al cuerpo como a sus afiliados, por financiar y realizar actos terroristas y asesinatos.

Apoyo a la violencia mundial

Occidente acusó repetidamente a la GR de promover el terrorismo estatal. La Fuerza Al Quds ha sido señalada por crímenes, atentados y conspiraciones en Europa, América, África y Medio Oriente. Casos clásicos incluyeron la utilización de Hezbolá en ataques contra objetivos en Argentina (AMIA y embajada de Israel), el apoyo a la violencia contra opositores en Gaza y cooperación con grupos extremistas en Afganistán y Siria.

Opositores iraníes en Londres han documentado múltiples intentos de secuestro y asesinato de periodistas, activistas y disidentes iraníes en suelo europeo por parte de células vinculadas a la GR o a su red de inteligencia, generando exigencias para su inclusión en las listas terroristas.

En Washington, fiscales han acusado a altos oficiales de planear asesinatos de activistas iraníes residentes en EE.UU. y de conspirar para intimidar a opositores de Teherán. La propia designación estadounidense se basó en este tipo de actividades encubiertas y en la provisión continua de armas y formación a grupos hostiles a la democracia.

Israel, por su parte, ha declarado que Al Quds dirige y suministra cohetes y sistemas avanzados a Hezbolá y Hamás con el objetivo explícito de atacar territorio israelí. Como resultado, ha llevado a cabo asesinatos selectivos de comandantes del grupo, como Saed Izadi y Benham Shariyari, que estaban implicados en transferencias de armas y apoyo a las ofensivas contra Israel. Cabe señalar que ambas organizaciones han quedado descabezadas tras la guerra 2023-25, sobre la cual rige una frágil tregua.

La GR es una de las instituciones más poderosas del Estado, con enorme influencia en política y economía

Dentro de Irán, la GR es una de las instituciones más poderosas del Estado, con enorme influencia en política y economía. Muchos veteranos del cuerpo ocupan cargos gubernamentales, y dirigen sectores estratégicos de infraestructura, energía e incluso telecomunicaciones y redes comerciales ilícitas para evadir sanciones. Su brazo paramilitar, el Basij, recluta a millones de «voluntarios» y actúa como fuerza de choque para suprimir protestas.

Durante las manifestaciones masivas –como las actuales– está acusado de cientos de muertes, detenciones, torturas y violaciones. Grupos opositores lo definen como un instrumento central de represión interna, encargado de sostener al régimen –hoy tambaleante– contra movimientos democráticos y sindicatos. Estas acciones han consolidado un profundo odio de la sociedad civil iraní y opositores en la diáspora, especialmente entre exiliados en Londres, Europa y EE.UU. que han sufrido amenazas y presión directa por parte del régimen.

Si la teocracia se derrumba...

Históricamente, figuras como Qassem Soleimani, comandante del Quds hasta su muerte en un ataque estadounidense en 2020, simbolizaron el alcance estratégico de la GR fuera de Irán.

Soleimani dirigió operaciones en Irak, Siria y más allá, construyendo la reputación del cuerpo como fuerza decisiva en conflictos regionales. Hossein Salami, jefe desde 2019, fue asesinado en junio de 2025 en un ataque de Israel, que también mató a otros altos mandos y científicos vinculados al programa nuclear iraní. Tras la muerte de Salami, el liderazgo ha pasado a Ajmad Vahidi, un comandante con historial de acusaciones internacionales por atentados criminales.

Una estructura que combina poder militar, económico e ideológico, bajo la autoridad del clero chií

La Guardia Revolucionaria Islámica no es sólo un ejército dentro de Irán, sino una estructura que combina poder militar, económico e ideológico, bajo la autoridad del clero chií. Para Occidente y organizaciones opositoras, representa un actor central en la represión interna y la exportación de violencia. Los golpes contra sus líderes, las sanciones y la definición como organización terrorista reflejan el rechazo mundial a sus métodos. Su futuro dependerá de la permanencia o derrumbe de la tiranía iraní.

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